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CON LA FUERZA DE LA RAZÓN

Por Fernando Arriagada Cortés
Investigador y escritor.

Nuestro escudo nacional es un importante símbolo que identifica a Chile, junto al himno patrio, la bandera y la cueca, pero es su lema, motivo de este comentario en donde cabe hacer algunas sugerencias para mejorar más lo hecho y cambiarlo, ahora que nuestro país camina rumbo a una integración plena de contexto mundial y en donde la razón debe imponerse a la violencia de la fuerza.

Históricamente, en Chile ha habido tres escudos nacionales. El primero de ellos, fue creado en el gobierno del general Carrera, en los albores de la independencia con una clara alusión a nuestros ancestros mapuches. Tenía dos sugestivos lema en latín que señalaba el paso de las tinieblas a la luz, pero este histórico escudo fue eliminado por los vencedores de Rancagua en 1814. El segundo escudo es obra del gobierno del libertador O’Higgins, quien encomendó un nuevo escudo al autor Ignacio Andía, el cual tenía como lema la palabra libertad, en un cielo azul con tres estrellas.

Con el paso del tiempo y durante el gobierno del presidente Prieto, se pensó en hacer un nuevo escudo, el cual fue confiado al pintor inglés Carlos Wood Taylor, famoso por sus notables marinas. El pintor sajón dedicó lo mejor de sí a la obra solicitada. Producto de este esfuerzo es el bello y simbólico escudo que logró crear, presentado oficialmente el 26 de junio de 1834 y aprobado su diseño en 1920, en las postrimerías del gobierno de Sanfuentes.

El lema que le fue puesto, correspondió a situaciones históricas y sociales muy distintas de las actuales. Chile vivía una época de organización política y necesitaba estructurar una personalidad propia de nación independiente y soberana. Recordemos que Roma y España no reconocían nuestra independencia. Era un tiempo en que las guerras se imponían casi como única  solución, como lo demuestra el estudio de nuestra historia en el siglo XIX en donde se debieron afrontar cuatro graves conflictos armados internacionales y muchas revoluciones internas, como la sangrienta guerra civil de 1891, problemas de límites, etc. por lo que argumentar la razón o la fuerza, era una dolorosa realidad.

Plantear la idea actual es una falacia de la fuerza, de justificar la violencia por sobre la razón, de señalar eso de “a la buena o a la mala”, lo que me parece agresivo y por supuesto, lejos de la razón y el entendimiento, bases de la convivencia humana. Por lo anterior, me parece inadecuado continuar con este lema y planteo la idea de cambiarlo por el título de esta columna, que no es otra idea que la de invertir el actual, pero que altera radicalmente el sentido e intencionalidad de la frase.

En nuestros tiempos de tercer milenio, la sociedad tiende cada día más a la integración, la inclusión y nuestro país a superar odios y violencias propias de la fuerza. Estimo que una manera de enviar a todos una señal potente de entendimiento y racionalidad, lo que sería muy saludable para todos. Compete a las autoridades nacionales, recoger esta idea compartida por muchos, para hacerla una feliz y razonable realidad.

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1 Comentario en CON LA FUERZA DE LA RAZÓN

  1. Felicitaciones por tan importante propuesta y qué bien documentada, con una claridad extraordinaria.

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