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NI UN “PUTO PESO” PARA LAS AFP

Rafael Luis Gumucio Rivas

Profesor de Historia. Ex director Instituto de historia Universidad Católica de Valparaíso.

Para que el sistema económico prevaleciera se hacía necesario convencer a los consumidores de que Sebastián Piñera, “el genio de las finanzas”, haría crecer al país y, además, como efecto del chorreo, algo nos tocaría.

Cuando todo sale mal y las expectativas se ven frustradas, hay que culpar del fracaso a los clientes que votaron. Si vamos más allá, a la baja en la economía mundial y al gobierno anterior.

En el caso de las pensiones ocurre algo similar. El hecho de que cada día haya más viejos y menos jóvenes que puedan sostener el sistema solidario, no es culpa de los gobernantes de turno, si no de los mismos ancianos. ¿Cómo se les ocurre prolongar su vida más allá del promedio, sobre todo si es pobre, solo, enfermo, que carece de dinero para costear sus cuidados?

Está claro que insistir en vivir más de los 80 años, hoy por hoy, es prueba de muy mal criterio, y más si se tiene que sacrificar a una hija que deberá cuidarlo en sus últimos días. En el caso de verse obligado a acudir a un hospital tendrá que pasar los días con sus noches, en un corredor, en espera de una cama, y más encima, gritoneado por el estresado personal de salud. Ser viejo es sinónimo de estar solo, poco a poco se van muriendo los parientes y amigos, y quedan los nietos que ni siquiera lo conocen.

Epicuro tenía un pensamiento muy correcto -a mí entender- sobre la muerte. Desde el atomismo (Demócrito), sostenía que la muerte era el fin de todos los sentidos, mientras estás vivo, no estás muerto, pero cuando estás muerto, ya no estás tú. Para Albert Camus la vida es absurda, pero hay que superar con dignidad este trance hacia la muerte.

En Chile, se trata como una piltrafa a los viejos, lo que corresponde a una sociedad que no sólo mató a Dios, sino también al hombre (Foucault). Una persona que no es productiva, donde sólo trabajan sus células envejecidas, su vida carece de sentido en una sociedad en que lo único que vale es el éxito, el dinero y el poder para robar a destajo.

El Presidente Sebastián Piñera hace lo imposible para hacer caer a ciudadanos que lo consideran un “metepatas”, y para más remate, un mentiroso, pues en vez de procurar “tiempos mejores”, los dio peores.

Piñera quiere presentarse como un buen abuelito, muy preocupado por el mal vivir de los que él llama “adultos mejores” (¡qué siútico!). Emprendió un proyecto sobre la reforma de las pensiones, lleno de caza bobos, promete a quienes cuentan con pensiones solidarias de $100.000, incrementarla en $40.000, pero la trampa está en que con esta cifra llegaremos en ocho o diez años más, es decir, cuando ya durmamos el sueño de los justos o nos encuentren con demencia senil.

El Presidente acaba de descubrir que las mujeres están para la patada y el combo respecto a sus pensiones y, para mejorar esta política, les promete una serie de subvenciones muy acotadas, por ejemplo, deben haber cotizado 16 años continuos, cuando en la realidad, la mayoría cuenta con diez años de cotizaciones.

La reforma a las pensiones está inspirada en el viejo individualismo, es decir, la propiedad de los ahorros sólo pertenecen al ahorrante, con la salvedad de que al final no son suyos, pues sólo puede utilizarlos en un seguro con renta vitalicia, al cumplir la edad de jubilar. Si el cotizante, por ejemplo, tiene cáncer terminal, podría morir antes de haber podido disponer de esos ahorros para salvar su vida, (al menos en Perú, un porcentaje de los ahorros puede ser utilizado, incluso, por el ex Presidente Toledo, para escapar con 40 mil dólares en billetes).

El actual debate parlamentario, se ha centrado en el famoso 4% de aumento en la cotización, a cargo de los empleadores. El Presidente Piñera quería que este fondo (nada menos que el 40%), fuera administrado por las AFP. Para darle competencia introduciría al mercado a la Banca, a las Compañías de Seguros y a las Cajas de Compensación, pero Piñera no cae aún en cuenta que no es mayoritario en ninguna de las dos Cámaras; de repente despertó de su sueño de narcisista y, en un sólo día, las Comisiones de Educación y de Trabajo le rechazaron sus dos proyectos emblemáticos: el de Admisión Justa y el de Pensiones.

Ante esta derrota, tuvo que recurrir a los demócratas cristianos y a los radicales. Dos partidos escobas, que tienen muchos militantes hambrientos de pega que deben satisfacer sus necesidades alimenticias.

Según el Presidente de la Democracia Cristiana, este partido logró un gran triunfo al pactar con Piñera, pues le negaron a las AFP la administración del 4,2%, que aún no logran entender que la filosofía del proyecto de reforma sigue el modelo neoliberal, impuesto por José Piñera, hermano del Presidente.

El modelo de las AFP es muy bueno para los ciudadanos que pueden ahorrar millones de pesos mensuales, pero el ex ministro de Economía, José Ramón Valente, dijo, muy sabiamente, que no pertenecía a las AFP, y que prefería el ahorro libre y no forzoso.

Es cierto que los primeros años de implementación del sistema de las AFP coincidieron con alta rentabilidad, tanto en las Bolsas como en el mercado de Bonos, pero hoy la situación es muy distinta, pues si llega al 3% en los tramos más riesgosos sería una hazaña. Las AFP nunca pierden, haya o no crisis, son como Pepito Paga doble, tal como ellas lo achacan al futuro ente estatal, que aún no sabemos cómo funcionará.

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