
Constitución, constituyentes y constitucionalistas.
A mi entender esta pequeña disertación tiene unos cuantos meses de retraso, pero no puedo dejar de hacerlo.
En 1846, el presidente de Venezuela general José Tadeo Monagas, quiso perpetuarse en el poder mediante una modificación de la carta magna “La constitución es un librito que sirve para todo” fue la frase que usó en ese momento. Después se repitió muchas veces en nuestro país y ocurrió en otras partes de Latinoamérica, donde cada nuevo caudillo quería “su propia constitución”, el último en hacerlo fue Hugo Chávez.
Los venezolanos residentes en Chile, cuando oyeron la palabra constituyente, sintieron cierto escalofrío por lo ocurrido en Venezuela que obligó a exiliarse a más de 7 millones de compatriotas algo que no ha parado hasta hoy.
¿Son similares ambos procesos?, opino tajantemente que no. Cuando en 1958 cae la dictadura del General Marcos Pérez Jiménez, el congreso que fue elegido asumió el carácter de constituyente, y es así como redactaron una nueva carta magna que dejaba atrás la que se había diseñado la dictadura recién sustituida, es decir que cuando Hugo Chávez promovió una constituyente, no era para resolver el rezago de una dictadura, la intención era otra pero eso es un tema diferente.
Ese proceso no ocurrió en Chile, la salida de Pinochet del poder no significó su salida del escenario político, y por eso “su constitución” siguió vigente, con las modificaciones que se hayan podido hacer en el transcurso de las últimas décadas, que por lo visto no satisfacen la necesidad de cambio que requiere el país.
Lo que hicimos los venezolanos de inmediato, los chilenos lo están haciendo mucho después.
Esta semana, Chile amanece con un organismo que se encargará de hacer una nueva propuesta de constitución, visto el resultado de la constituyente y el posterior “no apruebo”; para un observador lejano como yo, le sorprende ver unas condiciones sui generis en este cuerpo de consejeros; el poder terminó prácticamente en manos de un solo partido, que no solamente obtiene una mayoría, sino que la puede ampliar aliándose con sus coincidentes ideológicos; además a esto se suma que es la única fuerza con poder de veto, es decir que las otras fuerzas están a merced de su decisión. En la tradición parlamentaria venezolana, la figura de la mayoría calificada (2/3 de los votos) era un seguro para que obligatoriamente algunas decisiones importantes como la elección de algunos funcionarios de alto rango, contralor, magistrados del tribunal supremo, fiscal general y leyes muy importantes requerían la negociación y el consenso para conseguir los votos, porque nadie obtenía mayorías aplastantes como para imponer criterios unilaterales.
¿Hay razones para el optimismo? La asamblea constituyente no pudo conseguir el objetivo, uno espera que esta nueva mayoría tenga la madurez y claridad de propósito para no repetir errores, solo el tiempo dirá si por fin se cierra la página de una historia que comenzó con el ataque al palacio de la moneda en 1973, los chilenos se lo merecen y nuestros compatriotas de bien que han decidido apostar por ese país también.







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