«Cuántos te han robado la vida sin que tú te percataras de lo que perdías, cuánto se han llevado el dolor inútil, la alegría necia, la codicia ansiosa, la conversación huera, que poco te han dejado de lo tuyo: comprenderás que mueres prematuramente»

Séneca

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CONSTRUYENDO ENEMIGOS

La historia parece más menos repetida: la construcción de un otro como peligro o enemigo social, político y cultural. Así es, ese ha sido el discurso que desde hace décadas enarbola un determinado sector de la sociedad para catalogar o representar a quien es visto como un eventual o potencial enemigo de un determinado orden social. Pero no es sólo un sector de la sociedad, también es un sector político que por diversas razones o motivos busca construir un enemigo que al fin de cuentas termine legitimando alguna medida, ya sea punitivas, restrictivas, coercitivas o simplemente de exterminio o desaparición.

¿Qué hay  detrás de ese histórico discurso de la presencia o construcción de un enemigo o peligro que altera o atenta contra determinados cánones culturales o bien contra los “intereses” del país? Racismo, clasismo, xenofobia o simple oportunismo con tal de ganar adhesión y unos cuantos votos. Parece ser que fuera esto último; sin embargo, el discurso de la derecha y de los sectores más conservadores durante gran parte del siglo XX y XXI ha sido el mismo. Aquel que en determinados momentos vio al otro como un eventual enemigo o peligro para la sociedad, ese que altera el orden establecido, aquel que transgrede las normas de convivencia, ese que atenta contra la unidad nacional y los valores más sagrados de la patria. Lo cierto es que siempre se debe construir o buscar un enemigo que termine legitimando alguna medida o propuesta con tal de canalizar votos, apoyos o bien defendiendo un orden social.

En su momento fueron los pobres del XIX que con su forma de vida horrorizaban a la elite; luego los obreros y sindicatos que transgredían el orden oligárquico, posteriormente los pobladores y su irrupción/alteración del espacio urbano; por supuesto los marxistas que atentaron contra la patria. A eso se suman los homosexuales que con su “anormalidad” son un mal ejemplo para la sociedad, y que decir de los delincuentes, obviamente no los de “cuello y corbata”.

Hoy son los inmigrantes, pero no todos. Por esa complejidad que parece tenemos, valoramos y hasta celebramos la llegada de europeos, pero respingamos la nariz si es un peruano, boliviano, haitiano, centroamericano o africano. Estos son los nuevos peligros y enemigos, aquellos que con una superficialidad se les tacha de delincuentes o que vienen a quitar el trabajo a los compatriotas.

Ahí tienen a la derecha y su ex presidente, encabezando un discurso oportunista, demagógico y carente de todo fundamento. Esa derecha que tanto busca presentarse como moderna, pluralista, tolerante e inclusiva, demuestra una vez más que sigue siendo culturalmente la misma derecha con rasgos autoritarios, excluyentes y que naturaliza lo social.

 

Danny Gonzalo Monsálvez Araneda. Doctor en historia.