«La paz es hija de la convivencia, de la educación, del diálogo. El respeto a las culturas milenarias es hacer nacer la paz en el presente». Rigoberta Menchú, activista por los derechos indígenas.

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¿Cuándo perdimos la razón?


Mañana lunes 21 de junio, será feriado. Las dos cámaras del Congreso Nacional aprobaron un proyecto de ley en tal sentido y el Presidente de la República, patológicamente preocupado de las encuestas, no ha tenido ni siquiera el coraje de retrasar su promulgación.

Nadie, con un mínimo de apertura mental, puede desconocer la importancia de dignificar a los primeros pueblos de este territorio a través de la consagración de un Día de los Pueblos Originarios.

Sin embargo, el problema radica en que una parte importante de los parlamentarios que tan graciosamente concurrieron con sus votos favorables a la iniciativa, no estarán disponibles, por sí o por sus adláteres, para la resolución constitucional del tema de fondo como lo ha demostrado hasta la saciedad el actual gobierno.

Más allá de temas relativamente puntuales como el de las fechas (21 de junio, 24 de junio, 12 de octubre, solsticio de invierno) o la eventual supresión de feriados (28 de junio, 12 de octubre) no deja de llamar la atención la absoluta desconexión existente entre quienes tienen el carácter de representantes ciudadanos (senadores, diputados, Poder Ejecutivo) con el Chile real, el país de las personas concretas.

Cabe preguntarse: Entre los casi doscientos mandatarios del pueblo (congresales, presidente, ministros, subsecretarios, pléyade de asesores), ¿no hubo ni siquiera UN CEREBRO capaz de expresar su preocupación en relación con la incidencia que tiene en la vida de la gente la dictación de una ley que establece un feriado para 48 horas más, norma legislativa precipitada e irresponsable? ¿Se han preguntado cuántas consultas médicas, cuántas intervenciones quirúrgicas serán postergadas para mucho tiempo más en perjuicio, por supuesto, de la gente más vulnerable? ¿Cuántas audiencias y gestiones judiciales en causas de menores, de familia, o en procesos penales, se verán retrasadas en un sistema también colapsado por la alta demanda y las dificultades que genera la pandemia? ¿Será posible cuantificar cuántos miles suman las víctimas de este juego? Podríamos ampliar este comentario a diversos otros aspectos de las vidas personales, familiares y sociales, pero es innecesario. La clase política simplemente no está dispuesta ni a escuchar ni a ver. Sus integrantes simplemente habitan en otro mundo.

El próximo domingo 18 de julio se realizarán dos elecciones primarias legales con miras a la presidencial de noviembre próximo. En una, la de la derecha gobernante, competirán los ya conocidos Joaquín Lavín, Ignacio Briones, Mario Desbordes y Sebastián Sichel, ninguno de los cuales se proclama como heredero del legado de Sebastián Piñera. En el otro rincón, se enfrentarán Daniel Jadue, del Partido Comunista, y Gabriel Boric, del Frente Amplio.

El miércoles 16, el alcalde Jadue hizo pública su propuesta programática entregando un documento de 210 páginas. Al día siguiente, el edil de Las Condes hizo lo propio.

Aunque ambas propuestas merecen un estudio profundo y acabado, a primera vista surgen algunos comentarios básicos. La primera gran coincidencia entre ambos aspirantes a ser candidatos está en su promesa de establecer una Pensión Básica Universal. La otra gran coincidencia, que llama particularmente la atención más aún tras lo vivido por el país en los últimos dos años, es la nula participación de la sociedad en su elaboración. El candidato republicano José Antonio Kast ha dicho “lamentablemente hemos conocido parte del programa de Joaquín Lavín, que más bien parece un power point, con eslóganes comunes antiguos, pero nada serio”. Por su lado, el propio Jadue ha visto obligado a reconocer que su propuesta definitiva no está finalizada y anunció que próximamente iniciará “un proceso de conversación territorial” para nutrir su propuesta, ya que incluso sus  propios partidarios han hecho presente las flaquezas del documento en temas tan gruesos como medio ambiente (preocupación muy fuerte entre las nuevas generaciones) y política internacional (asunto que evidentemente lo complica dado su incondicional defensa de ciertas dictaduras).  Como se ve, ni uno ni otro ha convocado a una deliberación ciudadana orgánica sobre sus contenidos programáticos.

En una primera mirada, carente de un análisis de fondo, llama la atención la innumerable cantidad de propuestas que se plantean y la evidente debilidad del estudio de sus costos reales, proyectados en una visión de largo plazo y la liviandad con que se pretende sustentar su financiamiento.

Lo positivo de ese momento, es que al día 19 cuatro presidenciables quedarán en el camino. Según los analistas, es difícil que gran parte del electorado de centro – derecha que en las primarias se expresará en favor de Sichel, Briones o Desbordes, se vuelque plenamente hacia Lavín a quien, pese a sus reiterados cambios de rumbo, siguen viendo como un actor esencialmente conservador en todo sentido. Por otra parte, el electorado joven cercano al Frente Amplio probablemente no encontrará incentivos suficientes para adherir a Jadue a quien consideran como un alcalde cosista muy apegado al rígido, y no libertario, tradicionalismo ideológico que siempre ha caracterizado al PC. Lo claro es que tras las últimas elecciones, los partidos tradicionales de centro – izquierda no han dicho la última palabra.

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