Sólo la ciudadanía y sus representantes sociales asegurará una carta magna digna y genuinamente democrática!!!
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De constitución y proyecto social

Andrés Cruz Carrasco

Abogado Doctor en Derecho (Universidad de Salamanca) Magister en Filosofía moral Magister en Ciencias Políticas, Seguridad y defensa

Las Constituciones militantes ponen en riesgo la política representativa, ya que ésta se hace de la contingencia. Un constitucionalista como Jaime Bassa sostiene: “El principal desafío de la democracia constitucional, entonces, es garantizar el equilibrio entre el texto constitucional y la soberanía popular, de modo tal que aquel recoja los elementos que garanticen una vida democrática en común, pero sin imponer un proyecto de sociedad en particular”. Es muy diferente formar parte de una convención constitucional que de un parlamento. El compromiso constitucional, honesto y transparente, debe forjarse más allá de las legítimas demandas de nichos específicos. Confundir esto puede ser peligroso. La convención constitucional no puede ni debe suplantar la función que le corresponderá cumplir al congreso, que deberá hacerse cargo de generar las leyes necesarias para enfrentar la contingencia, ni la del órgano ejecutivo que deberá velar por implementar las políticas públicas indispensables para enfrentar las necesidades de los miembros de la sociedad. Todos estos órganos estarán funcionando simultáneamente.

Cuando se habla de promover en la constitución “un” proyecto de sociedad hay que estar alertas. La nueva constitución no podrá remediar por si sola toda una problemática que requiere también de una transformación cultural. Pero si puede contribuir a solucionarlas por la vía de generar los espacios y mecanismos para gestionar la diversidad social y no imponer una de ellas como la única posible. Lo contrario sería dejar amarrada a la ciudadanía a un único proyecto social, restándole todo sentido a la idea de participación y gobierno democráticos, indispensables para que con los insumos de la realidad contingente se vaya construyendo un futuro. Las mayorías de hoy pueden ser muy distintas de las de mañana, así como el contexto puede ser diferente y una constitución debe adaptarse para poder soportar el transcurso del tiempo, entregando a la democracia, cuyo desenvolvimiento asegura, que determine el curso a seguir en el día a día, alejándose de todo mesianismo dogmático e intolerante.

Los procesos democráticos, que deben considerar como base a las comunas, provincias y regiones, no se agotan con la redacción de una nueva constitución. Los cimientos para una sociedad inclusiva y respetuoso de todos, deben surgir de estos procesos. Nadie, por muchas jinetas académicas que tenga o por decirse la voz de uno u otro grupo, por muy atractivo que pueda parecer un discurso simple, pero ingenuo o poco honesto, puede decir que una carta fundamental puede hacerse cargo de todos los problemas particulares de la sociedad. Esto es generar expectativas desmedidas y falsas. Dante lo dice mejor: “el camino hacia infierno está empedrado de buenas intenciones”.

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