Las personas y la ciudadanía deben estar conscientes de los pasos que se dan, para orientar el desarrollo o para estancarse y retroceder... El próximo plebiscito, es una oportunidad de desarrollo para la ciudadanía y para dignificar al ser humano y transformarlo en soberano.
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DE OBSCENIDAD Y PODER

Andrés Cruz Carrasco

Abogado Doctor en Derecho (Universidad de Salamanca) Magister en Filosofía moral Magister en Ciencias Políticas, Seguridad y defensa

En el “Obsceno pájaro de la noche”, de José Donoso, don Clemente, un veterano sacerdote de la rancia oligarquía criolla, le reprocha a su sobrino, el joven Jerónimo, por su desinterés en la política, señalándole: “No te permito que digas que no te interesa la política de tu país. Es una blasfemia. Significa que gente advenediza y ambiciosa, toda clase de radicales descreídos, podrán trastornar las bases de la sociedad tal como Dios la creó al conferirnos autoridad. Él repartió las fortunas según Él creyó justo, y dio a los pobres sus placeres sencillos y a nosotros nos cargó con las obligaciones que nos hacen Sus representantes sobre la tierra.

Sus mandamientos prohíben atentar contra Su orden divino y eso justamente es lo que está haciendo esa gentuza que nadie conoce.”. El joven oligarca se ve compelido por su tío cura, no sólo por ego, ese que le confiere al privilegiado el dinero y la despreocupación de sentirse en una posición en la que todo está permitido, sino que también por el sabroso sabor del poder, aquel que le permite a quien tiene su futuro desde la cuna asegurado, conferirle algo de adrenalina a su vida protegida por un apellido y por el roce que le confiere su alcurnia. Su perenne concierto con los que siempre han decidido que significa aquel “orden” que nace de la divinidad y excluye a la chusma, responsable de andar contagiándose de cualquier cosa, porque en su simpleza no entienden nada. Peor si son provincianos.

Aunque habrá que hacerles creer que algún peso tienen, para combatir ese afán  por andar pidiendo cosas y no conformarse de estar al amparo de los que siempre han mandado, porque Dios así lo quiso.

El narcisismo del oligarca lo hará rodearse de una pléyade de subalternos que siempre lo adularán y se inmolarán de ser necesario para servirle de escudo al patrón. Total, después la casta igual lo celebrará y le perdonará todos sus errores. Que importan los gritos de la gentuza y de los advenedizos, si pese al ruido que meten son incapaces de organizarse para levantar cualquier alternativa seria. ¡A reprimirlos a todos!, ¡con fuerza y aplaudiendo cada delito creado para aplastarlos con la violencia del Estado que siempre ha servido para mantener ese orden divino! Aunque sea puro inútil simbolismo, no importa, si total la turbamulta se cree todo lo que le dicen en los matinales.

Que se han creído, este populacho culpable de su condición. Que sólo reclaman cuando tienen que trabajar, cuando deberían estar agradecidos de tener pega todavía, que sino fuese por el esfuerzo, y por la herencia por supuesto, de estos oligarcas, ellos serían por siempre unos “patipelados” muertos de hambre.       

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