«La ciudadanía tiene el deber y el derecho de cuidar la democracia, salir al paso de cualquier posibilidad de extremos que pongan en peligro las libertades públicas. Digamos nó a la amenaza de fascismo en Chile , votar y votar bien, es nuestra responsabilidad.«

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Editorial: El Imperio de la Razón

Equipo laventanaciudadana.cl

Periodismo ciudadano.

Está fuera de toda discusión el hecho de que nuestro país vive una severa crisis política que compromete la esencia de nuestra institucionalidad. Los constructores del orden constitucional nacido en 1980, cometieron un error de proporciones insospechadas al creer que a partir del autoritarismo era posible instaurar un régimen de minorías excluyentes que a partir del libertinaje económico protegiera sus privilegios.

La ruta imaginada no era más que una pobre copia del franquismo español que, después de décadas de dictadura, proclamaba con soberbia que todo había quedado “atado, y bien atado”, casi para siempre. Así, también lo soñaba su ideólogo Jaime Guzmán.

Lo concreto es que las sociedades tienden a ser organismos vivos que si bien tienen una determinada estructura, esta va evolucionando permanentemente. Los grupos humanos más racionales y prácticos van ajustando su forma de vivir según se sientan desafiados por las demandas, desafíos y requerimientos que planteen sus integrantes, atendiendo, por supuesto a los recursos disponibles. Los grupos humanos más cegados por el ideologismo, tienden a diseñar un determinado modelo, en la creencia pueril de que es posible imponer una “camisa de fuerza” que modele las conductas y actitudes de las personas.

El ideologismo ciego conduce inexorablemente a las dictaduras. Cuando en la cabeza del fanático no tiene cabida la posibilidad de que alguien legítimamente pueda pensar distinto, la senda totalitaria queda ya diseñada. Cuando las agresiones verbales o físicas, las funas, sustituyen a la racionalidad, claramente estamos en problemas. Y en graves problemas. Una anécdota universitaria sirve para ejemplificar lo que estamos expresando: Un grupo de alumnos ocupa una Escuela, después de sesenta días se convoca a una asamblea que, por amplia mayoría, decide abandonar la toma y retornar a clases; la minoría persiste en la ocupación con acciones de fuerza y amenazas; un vocero explica: “lo que pasa es que esa mayoría no entiende el problema”. Tal ambiente excluye, por supuesto, toda probabilidad de razonamiento y de diálogo.

Dentro de un plazo relativamente breve, la ciudadanía tendrá la oportunidad de elegir a los convencionales constituyentes. Los nombres y las listas aparecen por doquier. En menos de una semana estarán inscritos los postulantes. Sin embargo, la ciudadanía que tendrá la opción de marcar su preferencia hasta ahora desconoce los puntos de vista de los candidatos incluso en materias clave, salvo en lo que significa planteamientos muy de carácter genérico.

Es muy probable que una vez registradas las candidaturas, la confrontación de posiciones contradictorias se radicalice. En ese clima, de acusaciones y contraacusaciones, será difícil discutir en forma racional.

Los expertos han logrado determinar que existen a lo menos tres docenas de nudos que la Convención tendrá que desatar. Frente a cada uno de ellos, habrá posiciones discrepantes en diversos niveles que van desde contradicciones de fondo, esenciales, hasta diferencias de secundaria importancia. Si entre los partícipes no se presenta una disposición de ánimo indispensable para encontrar puntos de vista comunes, se corre el riego de llegar a un punto muerto generando una profunda decepción en las esperanzas ciudadanas.

Precisamente por eso se hace indispensable orientar un debate maduro que se sustente en una permanente voluntad de acoger una efectiva participación ciudadana, impidiendo que la Convención Constitucional sea vista como un encuentro de iluminados que no responda a lo que la gente efectivamente quiere.

Seguiremos insistiendo en la necesidad imperiosa de detectar cuáles son las disposiciones vigentes que obstaculizan la implementación de una sociedad plenamente democrática, que proscriba los privilegios y que abra las puertas a un Estado Social de Derechos.

Aunque a muchos les cueste aceptarlo, en estas jornadas decisivas debe primar la razón.

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1 Comentario en Editorial: El Imperio de la Razón

  1. Una muy buena editorial.
    Me parece una pieza de ensayo, para entender el panorama político.
    Gracias.

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