«Aquellos o aquellas que creen que la política se desarrolla través del espectáculo o del escándalo o que la ven como una empresa familiar hereditaria, están traicionando a la ciudadanía que espera de sus líderes capacidad y generosidad para dar solución efectiva sus problemas.»

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Editorial. ¿Hacia dónde vas, Chile?

Equipo laventanaciudadana.cl

Periodismo ciudadano.

Sería de una ingenuidad mayúscula, no percibir el hecho evidente de que nuestro país está pasando por una encrucijada bastante aguda y que tiende a extenderse en el tiempo generando desasosiego, inquietud, incertidumbre. El razonamiento simplón tiende a culpar como responsable al gobierno de turno a la vez que los partidarios de quienes en un momento equis ejercen el poder apuntan sus dardos hacia sus antecesores que no fueron capaces de percibir la crisis que se estaba incubando y de adoptar oportunamente las medidas indispensables para enfrentarla.

La verdad está lejos de ambos puntos de vista ya que si no se entiende que estamos viviendo en sociedades tremendamente complejas, sujetas a demandas y a cambios que van surgiendo a diario, es muy difícil un abordaje racional y razonable de los problemas.

Desde hace varias décadas, se ha criticado con fuerza el llamado ”modelo neoliberal” instaurado en Chile a sangre y fuego bajo la dictadura militar y cuya característica central ha sido la erradicación del Estado como gerente del bien común y la provisión de los derechos personales y sociales conforme a las leyes del mercado, de tal forma que bienes fundamentales tales como la salud, la educación, la seguridad social, la vivienda, pasaron a ser accesibles solo para quienes podían pagarlos a la vez que se transformaban en oportunidades de negocio para grupos privilegiados.

Lo que las elites políticas no entendieron era que el país estaba viviendo instalado sobre una verdadera bomba de tiempo social, cuya presión se agudizaba y amenazaba con estallar en cualquier momento. Y así ocurrió.

Sin embargo, pretender que en estos últimos tres años hemos progresado como sociedad, es totalmente ilusorio. Los problemas anteriores al 18 de octubre de 2019 han aflorado con mayor fuerza y ahora los tenemos con una evidencia indesmentible. La única novedad de la situación actual radica en la convicción generalizada de que los desafíos son enormes y variados y que los recursos para salir adelante son limitados y además requieren tiempos no menores.

Los chilenos, aunque no sea grato afirmarlo, deberán revestirse de paciencia y también deberán entender que es indispensable restablecer un mínimo de normalidad democrática que permita concretar los planes y programas ofrecidos al país.

Aun cuando hay sectores de los partidos tradicionales de derecha que han mostrado incipiente disposición a allanarse a acuerdos constitucionales y programáticos básicos, es notorio que agrupaciones extremistas del sector, más los grandes poderes económicos e importantes medios de comunicación social están jugando desde ya todas sus cartas al fracaso del gobierno de Boric, lo que hacen mediante la permanente agudización de los conflictos. Por su lado, en el seno del oficialismo se han consolidado caudillajes populistas individuales que, siendo permanentemente destacados por la prensa defensora del statu quo, buscan poner piedras en el camino.

El problema nacional de hoy no es simplemente cómo lograr una más equitativa distribución de la riqueza sino, y ello nos parece clave, avanzar en la construcción de una cultura de solidaridad que parta por el reconocimiento de que los problemas de los demás caen también bajo nuestra propia responsabilidad.

Si no somos capaces de asumir lo que podríamos llamar “el deber colectivo” y permanecemos inertes frente a la violencia, el abuso, el egoísmo, aceptándolos como forma normal de vida, estaremos destruyendo toda esperanza de vida comunitaria lo que nos llevará a nuestra demolición como sociedad.

Resulta inaceptable guardar silencio frente a modos de vivir y actuar configurados por actitudes pasivas de sumisión frente a quienes han optado por caminos que son nocivos para la vida civilizada en sociedad y que no son capaces de ver que sus comportamientos no conducen a ninguna parte salvo al esparcimiento de daño y odiosidad.  

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1 Comentario en Editorial. ¿Hacia dónde vas, Chile?

  1. Nos encontramos con un editorial que entrega una instantánea certera de la realidad socio-política en que estamos. Seguir pretendiendo que se continúe con el modelo neoliberal agotador, ya agotado, los unos, y seguir operando sobre las bases de sus postulados, los otros, los gobernantes, no resolverá los graves problemas que están llevando al país hacia el acantilado. Se requiere valentía y mano firme para los cambios que Chile necesita. No podremos lograrlo si se sigue haciendo lo mismo de siempre.

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