«La ciudadanía tiene el deber y el derecho de cuidar la democracia, salir al paso de cualquier posibilidad de extremos que pongan en peligro las libertades públicas. Digamos nó a la amenaza de fascismo en Chile , votar y votar bien, es nuestra responsabilidad.«

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Editorial. Las cosas no son simples.

Equipo laventanaciudadana.cl

Periodismo ciudadano.

Recordar que vivimos en una sociedad compleja resulta ser prácticamente un pleonasmo. Si a tal calificativo se le suma la afirmación tan evidente de que vivimos en una sociedad tremendamente fracturada, el problema-país se transforma en algo profundamente preocupante.

Chile transita hoy por dos vías paralelas que en gran medida se superponen: La agotada institucionalidad vigente que, para usar una expresión común, no termina de morir, y la eventualidad de una nueva institucionalidad que, como se está viendo, no termina de nacer. Un diagnóstico muy ajustado a la percepción ciudadana, permite vaticinar que la agonía y fallecimiento de lo que existe no será fácil en modo alguno como tampoco, por supuesto, lo será el parto que pueda dar origen a una nueva vida.

Si se quiere hacer un análisis básico de nuestra realidad social, indispensable para trabajar en la definición de políticas públicas, se puede partir por la simple constatación de ciertos ejes clave cada uno de los cuales puede ser enriquecido con datos importantes que debieran tenerse siempre presentes. Así tenemos, de partida, a nivel de género, las cifras mujer / hombre (51% – 49%), para proseguir con una separación a nivel etario entre niños, jóvenes, adultos y adultos mayores; entre población urbana y rural; continuando con la clasificación de trabajadores entre formales e informales, para seguir con una inmensa lista que puede hacer referencia a los rangos de ingreso de las personas, a su relación con el sistema educacional, a su pertenencia o no pertenencia a etnias originarias, y un largo e indefinido etcétera.

En la realidad concreta, estas categorizaciones son siempre dinámicas ya que las situaciones individuales y familiares van cambiando permanentemente en razón de diversos factores, lo que hace muy difícil la aplicación de medidas concebidas con visiones sectoriales en un escritorio por burócratas metropolitanos. Un ejemplo claro es el de la “clase media”, calificada como tal en función del nivel de ingresos, que evolucionó desde un modesto estatus permanente a una posición sustentada por su capacidad de consumo y endeudamiento que la mantiene en una inquietante fragilidad.

Al fijar la atención en el funcionamiento de las dos vías paralelas referidas anteriormente, es posible constatar la extrema coincidencia existente entre ellas en cuanto a su abusiva tendencia a la simplificación de los problemas que nos presenta la coyuntura. Una parte importante de los convencionales constituyentes al igual que varios de los postulantes a la Presidencia de la República han entrado en un fangoso terreno que terminará afectando al propio sistema democrático al llevar a una desazón mayúscula de la ciudadanía tan pronto como ésta perciba la ligereza o la inviabilidad de las propuestas que hoy se formulan.

Muchos de los constituyentes – más de los que la ciudadanía responsable se pudiera imaginar – han promovido hasta ahora acciones de política contingente que exceden su mandato atribuyéndose una soberanía sin límites. Más aún: al poco tiempo, en recatado silencio, se han comido su amenaza como cuando anunciaron que no darían comienzo a su trabajo mientras no fueron liberados “los presos de la revuelta”. Su demagógico discurso, buscando que la gente crea que basta con consagrar derechos en algún texto legal para que estos sean exigibles al Estado, además de constituir un fraude ciudadano es obviamente funcional a las posiciones de extrema derecha tal como lo son la violencia y los atentados terroristas.

Por su lado, gran parte de las propuestas presidenciales exhibidas constituyen verdaderas “listas de supermercado” mediante las cuales se pretende satisfacer el mayor número de aspiraciones y demandas grupales pero que globalmente constituyen un puzle sin solución en el que no cuadran ni los tiempos ni las gigantescas cifras financieras que determinan sus costos.

En el tan corto plazo que se tiene por delante, es casi imposible contribuir a cambiar el rumbo de las cosas. La percepción que flota en el ambiente es que una gran mayoría del país tiene temor, anhela un básico funcionamiento ordenado de la sociedad, desea erradicar de sus vidas la incertidumbre sobre lo que va a suceder mañana con su familia y con su persona.

La candidata o candidato que desee recibir la adhesión ciudadana, debe ser clara o claro en cuanto a asumir esa realidad. A partir del cumplimiento de esa condición, será posible trabajar en construir una vida en común que excluya los privilegios y abusos y que haga revivir principios morales y culturales esenciales como la justicia y la solidaridad.

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