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Envejecer.

Yerko Strika, psicólogo.

¿Cuándo se empieza a envejecer? Según la psicofisiología, el deterioro psico-orgánico comienza alrededor  de los 25 años, es decir, las facultades cognitivas y físicas empiezan un lento e imperceptible declinar antes de la tercera década de vida. Por su puesto, que a esa edad, nadie pensaría que va camino a convertirse en un anciano ni que su juventud empieza a despedirse.

Hoy en día, existe una incipiente ocupación del envejecimiento de la población como concepto biopsicosocial, que abarca aspectos de salud física, salud psíquica y contexto de redes familiares y sociales, orientadas hacia una buena calidad de vida o condiciones de vida, referidas principalmente a ser autovalente a nivel de funcionamiento físico y mental , tener un nivel de ingresos suficientes y buenas condiciones de salud.

Desde el punto de vista del individuo, su vejez deviene como resultado de lo que se ha ido construyendo a lo largo de la vida. Envejecer no es sinónimo de enfermedad o aislamiento. Sin embargo, como sociedad nos hemos encargado de construir un concepto del viejo, como marginal y limitado, necesitado de mucho apoyo farmacológico y como sujetos que sólo “esperan la carroza”, con poco que aportar al mundo. No obstante, esa mirada ha ido cambiando poco a poco, en la medida que las expectativas de vida aumentan y los ancianos mismos han ido significando de manera distinta lo que es ir volviéndose viejo.

Decía que la vejez es el resultado de los hábitos construidos a lo largo de la existencia del individuo. De este modo, si encontramos ancianos solos y asilados, probablemente fueron personas que no cultivaron redes sociales – familiares. Si se llega a viejo con resentimientos y enojado con la vida, es factible que no se haya dedicado tiempo a solucionar conflictos con personas significativas o modificar aspectos negativos de la personalidad. Si el adulto mayor está lleno de “achaques”, es factible que no hubo tiempo dedicado al ejercicio y alimentación saludable. Tal como se asocia la adolescencia con un período terrible, esta es solo el reflejo de la crianza previa y puede cursar en armonía con la globalidad del desarrollo humano, como una etapa más con características propias, pero no necesariamente desfavorables.

Algo innegable de la vejez, es la perspectiva de los años y la experiencia acumulada, lo que ayuda a equilibrar lo urgente v/s lo importante. No obstante, es aconsejable no dormirse en los laureles y seguir reflexionado acerca de quiénes somos y ante todo, seguir vigentes en cuanto a la búsqueda de información, lo que permite derribar ideas erradas respecto a los ancianos, retroalimentando de manera positiva y fomentando constante actualización de las capacidades humanas.

A continuación, revisaremos sucintamente algunos factores asociados al bienestar del adulto mayor (*)

  • La educación: La educación influye en el acceso a los conocimientos, hábitos de vida y mejores oportunidades de ingresos. La adquisición de un alto nivel de educación ofrece una ventaja acumulativa que se incrementa con el paso del tiempo (se refiere no solo a educación formal, sino al acceso organizado de conocimiento, lo que puede ser autogestionado).
  • Calidad de las relaciones familiares: Existencia de relaciones afectuosas, aco­gedoras y con la confianza que lo apoya­rán en caso de necesidad. Lo que más incide en el otorgamien­to de apoyo a los padres envejecidos es la existencia de un intercambio recípro­co y una buena calidad de las relaciones existentes, donde es importante que las relaciones sean afectuosas y que no exis­tan relaciones disturbadoras, es decir de abuso, intromisión y conflicto. Las relaciones sociales conflictivas pueden tener un impacto mayor en el bienestar psicosocial que el de las relaciones posi­tivas de apoyo.
  • Autoeficacia: Es la evaluación de la propia capacidad para ejecutar efectivamente las conduc­tas necesarias para ma­nejar la situación. Es sentirse capaz y autónomo y confiar en que se pueden seguir haciendo ciertas cosas, atento a las condiciones de contexto y las propias habilidades y competencias. Varios estudios han demostrado que percibirse capaz de enfrentar cualquier situación, contribuye en forma muy im­portante al bienestar.
  • Apoyo social: Un recurso, en el sentido que apoyar a otro es preocuparse porque no falle, es darle valor y confianza, es asistirlo para que enfrente mejor su situación. Ade­más, es un recurso que fortalece la capa­cidad del adulto mayor de hacer frente en forma más afectiva a las demandas de la vida diaria, al darle la seguridad que pueden contar con otros en caso de necesidad; y poder sobrellevar las difi­cultades, el dolor y las pérdidas al otor­garle la oportunidad de expresar sus emociones y recibir consuelo y aliento.

Sin perjuicio de que los factores anteriores, están estudiados en el adulto mayor, son igualmente aplicables a la vida adulta y si se ejercitan a lo largo de nuestra existencia, se irá envejeciendo de mejor forma, con mayor consciencia de las propias capacidades en un ejercicio reflexivo permanente y manteniendo una vinculación  positiva con el ambiente.

 

 

(*) Fuente: Psicología y aspectos Psicosociales del envejecimiento. Carmen Barros Lezaeta. Socióloga PUC

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