
Editorial. Las piedras en el camino.
Sin lugar a dudas, aunque decirlo de por sí constituye una reiteración casi innecesaria, nuestro país vive una situación particularmente compleja e inexplicable en alguna medida.
Hay datos que nos proporciona la realidad que no pueden ser soslayados y que se necesita tener siempre en cuenta.
El primero de ellos, sin duda, es dejar debida constancia de que el actual gobierno, es un gobierno de minoría, política, social y parlamentaria. Negarse a ver este hecho, implica tapar la luz del sol con la mano De lo dicho, se deduce que le resulta indispensable alcanzar acuerdos que hagan viables las propuestas programáticas renunciando a discursos fundamentalistas y construyendo paulatinamente consensos que interpreten y resuelvan las demandas prioritarias de la ciudadanía. A este respecto, lo más preocupante viene a ser lo que se denomina “el enemigo interno”, configurado por liderazgos fracasados, posiciones populistas extremistas y el eventual desbande de las fuerzas propias que se muestran a reacias asumir los costos propios del hecho de ser gobierno. Sectores del Partido Comunista y de grupos personalistas como el del alcalde Sharp en Valparaíso, terminan convertidos en francotiradores en beneficio de quienes rehúsan comprometerse con reformas indispensables.
Por su parte, el comportamiento de la oposición de derecha no deja de sorprender y desconcertar. Si bien su conducta era naturalmente previsible, es sorprendente como sus tres colectividades (dos de ellas de larga y arraigada tradición) han ido cediendo posiciones y dejándose manipular por los sectores más duros e intransigentes empecinados en reivindicar los principios del pinochetismo y volcados a la tarea de procurar el fracaso del Gobierno a toda costa. El camino de los “republicanos” notoriamente va por la polarización del país, esperanzados en que, ya sea que los problemas actuales de orden público o una segunda vuelta les permitan acceder al gobierno en 2024. Si la derecha tradicional prosigue sometiéndose a este sector, terminará comprometiendo sus credenciales democráticas que tanto le ha costado demostrar en las últimas tres décadas.
Este juego, de lado y lado, terminará comprometiendo el desarrollo del país y limitando la capacidad de avanzar en el abordaje de los principales desafíos. No se necesita mucha astucia para comprender que, además, los grandes poderes fácticos, gremios poderosos como el de los camioneros, medios de comunicación claramente ligados a grupos de interés, trabajan sistemáticamente por la demolición de las políticas gubernativas. Irresponsable resulta, por ejemplo, que un vespertino ligado a la empresa “El Mercurio” haya iniciado ostensiblemente la campaña presidencial en los momentos en que el actual mandato aún no alcanza a tener un año en funciones. La intencionalidad es clara.
Quienes hoy por hoy aparecen como actores del actual cuadro político, se rehúsan a comprender que todo lo que ahora hagan implicará consecuencias irreversibles para la comunidad nacional ya que ahondará aún más la grave fractura social que se ha ido produciendo en la convivencia nacional.
Vivimos una época problemática y ello nos obliga a trabajar incansablemente por la restauración de la convivencia ciudadana, tarea que recae sobre los hombros de cada persona y de cada grupo social.







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