
EDITORIAL. Los tiempos que vienen.
Las votaciones primarias del oficialismo realizadas este domingo 29 de junio eran útiles, sin duda, para avanzar en la clarificación del panorama con miras a las elecciones presidenciales del próximo mes de noviembre.
Cuatro nombres postularon para encabezar la coalición oficialista, teniendo presente en todo caso que las probabilidades de éxito futuro para quien resultara ganador eran más bien escasas, salvo que en torno a ese nombre consolidara el apoyo del 30 o 35 por ciento que permanentemente registraba el Gobierno en las encuestas y que las fuerzas de la derecha opositora llegaran al día “D” con tres candidatos. Por el contrario, el eventual retiro del ultraderechista Johannes Kayser hacía probable que finalmente fuesen dos postulantes del sector los que lograsen llegar a la segunda vuelta.
Los autodenominados sectores progresistas tienen por delante una tarea enorme, ya que deberán lograr el apoyo consistente y activo de todos, sin descuelgues significativos y simultáneamente lograr un crecimiento hacia el centro, es decir hacia el electorado más moderado renuente a optar por opciones más radicalizadas.
En el ámbito de la derecha, el paisaje no es tampoco claro. El liderazgo de Evelyn Matheei se ha ido diluyendo con el paso del tiempo y la que hace algunos meses se veía por todos como la futura Presidenta de Chie, hoy se debate en la incertidumbre como consecuencia de un cúmulo de errores no forzados de ella que, sin razón alguna, se ha involucrado sin éxito en una serie de problemas coyunturales, debatiéndose entre la necesidad de recibir el apoyo de grupos más ultras (lo que está destinado al fracaso) y el también necesario crecimiento asimismo hacia el centro.
Sin embargo, las reglas del juego hacen hoy posible el surgimiento de nuevas alternativas ya sea por la vía de nominación de otros partidos políticos o por la increíblemente baja recolección de treinta mil firmas. Una opción centrista, moderada, tecnócrata, menos conflictiva y con imagen de mayor eficiencia puede presentarse ante la ciudadanía como un camino razonable, en medio de un ambiente en que se respira un hastío hacia los políticos tradicionales y un rechazo generalizado a todos los caminos que muestren signos de radicalización y violencia.
La actual situación del país muestra síntomas preocupantes. Junto con develarse los altos niveles de corrupción que están corroyendo el aparato burocrático del Estado, los abusos funcionarios en diversas áreas, el mal uso de los recursos fiscales, etcétera, el país, la ciudadanía toda, tiene la sensación de que los problemas fundamentales persisten indefinidamente mientras la “clase política” vive enfrascada en reyertas y peleas de baja estofa sin lograr alcanzar niveles mínimos de acuerdos.
Este es el momento de trabajar por la construcción de una sociedad que se comprometa a fondo con su destino y que convoque a todos a un esfuerzo mancomunado. La persistencia de los problemas, la incapacidad de respuestas adecuadas y oportunas, debilitan el régimen democrático conduciendo a destinos inaceptables.

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