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Editorial: No querer ver la realidad

Equipo La Ventana ciudadana

Periodismo ciudadano.

“El Presidente Piñera salió elegido por la clase media de Chile que ha crecido tremendamente y lo que interesa es seguir mejorando su condición de vida y ya lo han logrado. Ese beneficio que hoy tienen….  la posibilidad de viaja, de tener un segundo auto, la posibilidad de tener una casa en la playa. Nadie puede decir que este país no ha progresado, hay que ser muy ignorante….”

La frase transcrita corresponde al empresario Andrónico Luksic, propietario de una de las más grandes fortunas del país y está en plena concordancia con los expresado en agosto de 2018 por el actual Ministro de Vivienda y Urbanismo, el RN Cristián Monckeberg: “La casita, dos departamentos, ahí radica el patrimonio de los chilenos, un país donde la gran mayoría de los chilenos son o somos propietarios… No sé los porcentajes pero un porcentaje altísimo del patrimonio es la propiedad, asociada a una casa, a un departamento, una casa en la playa, un terreno…”

Ante la avalancha de críticas,  a las pocas horas, Luksic, via twitter, lamentó haberse expresado “tan mal” y reconoció que había usado  “un muy mal ejemplo”.

Lo anteriormente señalado sirve para dejar al descubierto una deliberada política de los sectores dominantes tendiente a convencernos de que la sociedad chilena en un “porcentaje altísimo” es una “sociedad de clase media”.

Las estadísticas    (que según se ha dicho reiteradamente es la más engañosa de las ciencias) parecieran darles la razón. En el país, al año 2018, el ingreso por persona, ajustado por paridad de compra, es cercano a los 25.000 dólares americanos anuales, lo que en moneda nacional y en cifras redondas, se traduce en 16 millones de pesos y en 64 millones para un grupo familiar de cuatro personas. Esto se traduce en más de 5 millones mensuales por hogar.

Pero, la verdad es absolutamente distinta si se tiene presente la absoluta inequidad que existe en cuanto a la distribución de los ingresos, realidad que muchos expertos justifican o explican pero que nadie, a esta altura de los tiempos, se niega a desconocer.

El concepto de “clase media” es complejo y ambiguo. En el ámbito académico nacional no existe  un consenso al respecto y la terminología en boga, que clasifica a la población  en sectores que van desde el  ABC 1 hasta el E, no hace otra cosa que ordenar grupos sociales según estimados niveles de consumo.

Además, como ha clarificado la profesora del Departamento de Sociología de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de Chile Emmanuelle Barozet, la gente tiende a declararse de clase media porque es complejo autodefinirse como pobre o como rico. Hay gente que salió de la pobreza, accedió a ciertos bienes de equipamiento del hogar, pero no ha logrado un mínimo de estabilidad de tal manera que si se ve afectada por la pérdida de un puesto de trabajo o por una enfermedad catastrófica, vuelve a la pobreza y no tendrá jamás las opciones a que se refiere Luksic. Por otro lado, se encuentra un sector,   aledaño a los grupos de más altos ingresos, que oculta su realidad. La académica recuerda que en la campaña presidencial del 2009, el actual Presidente de la República públicamente se definió como hombre de clase media, lo que no se condice en absoluto con la realidad.

En el intrincado universo de la “clase media”, los ingresos periódicos pueden ser un factor a considerar. La tenencia de ciertos bienes, también. Pero, sería absurdo no considerar la estabilidad y la situación más o menos consolidada social y económicamente de las personas o sus niveles de endeudamiento que con frecuencia superan todo lo razonable en el marco de una economía hogareña relativamente sana.

En el sector social que comentamos hay segmentos, como los de jóvenes profesionales y técnicos,  que objetivamente tienen una perspectiva de consolidarse en el mediano o largo plazo. Otro segmento lo conforman los grupos que podrían definirse como “los viudos del Estado mesocrático” que, en un tiempo, se consolidaron en el marco de las burocracias públicas o privadas pero que, arrasados por la avalancha neoliberal, a duras penas perviven hoy gracias a pensiones de pobreza o subsidios ocasionales. Finalmente, se encuentra un mundo conformado por el autoempleo, el pequeño o mínimo comercio ambulante o informalmente establecido, los jóvenes carentes de formación que ejercen oficios ocasionales y que de hecho carecen de toda protección social.

Algunas de las grandes fortunas del país efectúan de vez en cuando  donaciones solidarias a deportistas, a  instituciones de beneficencia y a planteles de educación superior que están sin duda  orientados a sustentar y consolidar el modelo vigente. Son libres de hacerlo. Pero, si las doce familias de Chile no son capaces de entender ahora que la persistencia de las graves inequidades que hoy constatamos  constituye una bomba de tiempo que en algún momento va a explotar, nuestro porvenir como comunidad nacional resultará irreparablemente dañado. Y eso será para siempre.

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1 Comentario en Editorial: No querer ver la realidad

  1. Fe de erratas:
    Donde dice:
    «dolares americanos»
    Debe decir:
    «dolares estadounidenses»

    Esta demás aclarar el porque.

    Por otro lado, vivimos rodeados de parámetros y más parámetros, de definiciones y más definiciones estadísticas y sociales, cuando lo único que resta es rehacernos del poder soberano que hemos delegado en forma irresponsable en nuestros representantes , y por consiguiente, en los antisociales poderes económicos que usufructan aprovechandose de nuestra inmovilidad como sociedad.

    Lo primero a lo que debemos aspirar es a la riqueza espiritual, no hablo de esa religiosa, hablo de áquella que nos permitira sacudirnos las cadenas de la injusticia, sacudirnos del atontamiento en que nos sumergen con tanta propaganda y manoseo mediático, sacudirnos del miedo a enfrentarnos al cambio…ya va siendo hora de hacer de tripas corazón.

    https://youtu.be/q_ijfw5PcM4

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