Existir es fácil, vivir un tanto más complejo. ...Pero vivir comprometido con un cambio de las injusticias sociales, humanas, económicas y medioambientales, eso sí es difícil, pero realmente valioso, eso es vivir de verdad!!!
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Editorial: ¿Qué futuro nos espera?

Equipo laventanaciudadana.cl

Periodismo ciudadano.

Por supuesto que están equivocados quiénes tienden a creer que la pandemia es el único y gran problema que enfrenta la humanidad.

La grave infección que se ha ido expandiendo sin cesar por las diversas naciones del planeta se ha apoderado en forma creciente no solo de los medios de comunicación y de las redes sociales sino que se ha transformado en la principal preocupación de los gobiernos. La actitud de la población refleja un clima de incertidumbre, de desconcierto y, aunque no se reconozca explícitamente de temor y de miedo.

Cada día, todos nos interrogamos acerca de cuándo se superará esta realidad que, además de configurar un gravísimo problema sanitario, está afectando nuestras vidas personales, familiares, laborales y sociales en general. Poco a poco se ha ido instalando la convicción colectiva de que todos somos vulnerables y por eso nos asombra mirar a los jóvenes que se creen inmunes, a los adultos que persistentemente se niegan a respetar las normas mínimas de disciplina social, a los mayores que se ven obligados a romper su enclaustramiento para ir a proveerse de los alimentos imprescindibles.

Por ahora, simplemente no se vislumbra una fecha de término. Abrigamos la esperanza de que dentro de poco tiempo se descubra una vacuna que nos proteja del contagio pero nos negamos a ver que ese poco tiempo puede ser de muchos meses, quizás de años, y que es posible que el acceso físico (y financiero) a la nueva droga diste mucho de ser inmediato.

Es ilógico pretender culpar al neoliberalismo de la pandemia pero es absurdo negar su responsabilidad directa en el tipo de sociedad que hemos estado construyendo y que, en buenas cuentas, es lo que determina nuestra capacidad de respuesta.

El individualismo como filosofía de vida, el patológico afán de lucro como motivación de nuestra existencia, el consumismo incesante como motor de la economía, el egoísmo como actitud frente a los demás, son elementaos que están claramente condicionando nuestras respuesta frente a la amenaza.

Durante décadas, el ideologismo fanático ha menospreciado la función del Estado en la vida de las sociedades y nos ha forzado a creer que el mercado irrestricto constituye la solución de todos los problemas.

La crisis sanitaria ha relevado el rol primario y fundamental de la función pública haciéndonos ver que el inescrutable futuro que viene para el día después necesariamente requiere una conducción que aúne los derechos y la indispensable atención de las necesidades de las personas bajo la conducción de un Estado que sea efectivamente impulsor del bien común.

La crisis ha dejado al descubierto temas ante los cuales cerramos los ojos o que son deliberadamente ocultados y silenciados por los controladores de los medios de comunicación social.

Uno de ellos es el agua. ¿Podemos permitirnos como nación el lujo exquisito de mantener este recurso como un bien privado cuando los hechos nos demuestran que este elemento es clave para la preservación de la salud y la vida de las personas?

Además: ¿Podemos seguir indiferentes frente a la precariedad de la vivienda de millones de personas condenadas por el mercado a la marginación, al hacinamiento, a la pobreza sin horizonte ni fecha alguna de término? ¿Podemos seguir tolerando que en una sociedad que se dice democrática sigamos teniendo una salud para ricos y una salud para pobres, una educación para ricos y una educación para pobres?

Por desgracia, lamentablemente, nuestro sistema político nos ha ido llevando ciegamente hacia la consolidación de una democracia de papel en la cual no tiene cabida la discusión acerca del tipo de sociedad a la cual debemos aspirar pero sí hay espacio de sobra para temas de farándula, de escándalos o de delincuencia.

La explosión social de octubre, la tragedia sanitaria de la pandemia que se arrastrará por mucho tiempo más, nos debieran llevar a abrir los ojos y a entender que el verdadero drama de nuestro Chile es de carácter estructural y que, por lo tanto, si no somos capaces de torcer el rumbo y de definir un sentido racional y sensato a nuestro desarrollo, los días oscuros no serán algo transitorio sino una constante.

 Hemos afirmado hasta el cansancio que la sociedad chilena es una sociedad fragmentada en la cual los diversos sectores se hallan separados no por una grieta sino por un abismo cuya profundidad se ahonda cada día más. Si no tenemos la capacidad de comprender que la pobreza, los abusos, la desigualdad, están llegando a límites insoportables, todo lo que podamos construir en adelante no será más que una fachada de utilería que solo sirve para esconder un mundo deshumanizado. 

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1 Comentario en Editorial: ¿Qué futuro nos espera?

  1. El peor de los futuros con este gobierno, esta pandemia y con lo imbéciles de los que siguen trasgrediendo las normas.

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