«La soberanía popular no se debe transar… Nos llaman a validar la carta hecha por los «poderosos de turno». Ni los partidos ni los parlamentarios con sus expertos y adláteres del sistema Neoliberal, podrán imponernos, una vez más,  una constitución antidemocrática. Digamos NO.»

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El Espejo Trizado: Territorio, ciudades y la gente de la región del Biobío (Parte I de III)

J. Antonio Zelada Espinosa

Arquitecto Premio Regional de Arquitectura y Diseño Consejo de la Cultura y las Artes 2012
NOTA DE LOS EDITORES

Este artículo de nuestro colaborador-columnista Antonio Zelada ya había sido publicado en este semanario el 19.06.2017. Sin embargo, conversando con Antonio estuvimos de acuerdo con él y su idea. En las circunstancias en que estamos en la región del Biobío, en el país y en todo el mundo, en cuanto a la cosa política, social y ambiental, es recomendable republicarlo, por cuanto es posible que contribuya, en alguna medida, a reflexionar sobre cómo podríamos zafar del estado de marasmo en que nos encontramos como región, país y humanidad.
El siguiente texto reconfigurado en 2017, fue una síntesis de análisis anteriores que se escribieron hace ya 13 años a 2017 (nota actual a 2023: desde 2004, año que se publicó originalmente, ahora, en 2023 han transcurridos 23 años desde la publicación inicial); el sentido de publicarlo ahora sin cambios es para constatar que lo que pensábamos hace ya tanto tiempo permanece casi invariable, con muy escasos o pocos cambios notorios. Eso significa que, a ese ritmo, gente como yo no alcanzará a disfrutar de un verdadero desarrollo en el país y en las regiones, y que nuestra trayectoria vital profesional en la periferia santiaguina puede parecernos, si no infructuosa, casi una desilusión. 

Cuando recién egresados de la Universidad de Chile nos anclamos en la provincia, entonces tan prometedora (1964), el mundo, el país, y la región nos eran anchos y prometedores, y en ese contexto desarrollamos nuestra vida profesional, siempre con la gran ilusión de un desarrollo integral.  Y si en verdad ha habido cambios, queríamos mayor celeridad. No ha sido fácil, no ha sido rápido; aún nos queda ilusión.

Para eso, esta es una suerte de ‘crónicas de la contingencia’ a los ojos de un arquitecto con ya muchos años de “navegación” territorial y urbana, en el sur de Chile, al sur del mundo.  Nuestra idea es que después de republicado este “espejo”, redactemos en contrapunto para aproximarnos a la actualidad.

I. LA IMAGEN REGIONAL

Si alguien, tal vez positivamente prejuiciado, indaga en ésta nuestra región del Biobío y observa analíticamente lo que sucede en su territorio y en las ciudades que concentran la población deberá, de un modo u otro, sorprenderse.  Pues esta región tiene la imagen “virtual” de ser un territorio económicamente productivo, dinámico y en crecimiento; y está también la imagen abstracta de una comunidad pionera en muchas cosas y, también, la de ser gente rebelde e «intelectual». Pero al contrastar esas ideas con la cruda realidad social y física observada, esas imágenes no tienen el reflejo correspondiente. Peor aún, sorprendentemente en los últimos años esta región ha resultado estar entre las que más pobreza en su gente contiene.

Es, en verdad, una región que, con su territorio geográfico extenso y variado, con sus cualidades productivas y con una población urbana y rural suficiente, con su gente estudiosa y preparada, parece tan equilibrada como para ser un pequeño país auto sustentable. Sin embargo, se ve que no es capaz de generar una actividad económica que de verdad distribuya sus beneficios, que se traduzca en desarrollo social, y que genere calidad en las ciudades y en el territorio.

Porque en verdad el territorio, su habilitación, las ciudades y la población están lejos de mostrar calidad suficiente, es decir cualidades que al referirlas a otras regiones o a otras ciudades del país, resulten bien evaluadas, mejor que los referentes.

Calidad es el conjunto de propiedades inherentes a una cosa que permiten apreciarla como igual, mejor o peor que las restantes de su especie. Y en este juego, cualquier observador no especialmente calificado puede ver que nuestros territorios regionales, o nuestras ciudades, o nuestro litoral, tienen claramente menor calidad que otros «de la misma especie».

Es en las ciudades donde esta diferencia es más claramente notable. Sin compararlas con la metrópoli santiaguina (que para nuestro nivel resulta una megalópolis) y sólo comparándola con las ciudades regionales del Aconcagua (la Región V), del Valle Central (la Región Vl) o del sur lacustre (la Región X), las ciudades de la región del Biobío (o Región VIII) salen mal paradas.  Valdivia, Osorno, Puerto Montt son ciudades más atractivas, más hermosas y más armónicas que Concepción-Talcahuano y sus satélites, el corazón urbano de nuestro territorio regional.  En el ámbito rural, el soporte territorial de Osorno o el de Puerto Montt resulta parecer un parque interminable, con infinitas praderas, variados cultivos, bosques nativos, casas dignas, hermosos ríos.  Aconcagua es una enorme huerta agrícola-frutícola-vitivinícola, con ciudades y pueblos notables.  En la línea del borde-mar hay más hermosura, cuidado y desarrollo en la V región y en la X que en la VIII nuestra, donde la faja costera concentra ciudades de bajo desarrollo, afluentes domésticos e industriales y un paisaje transformado por el hombre en términos casi absolutos, con una naturaleza que fue.

¿Por qué esta región, con el aparente gran potencial terrestre, marino y humano que la compone no ha sido capaz de generar desarrollo, es decir un real progreso, un crecimiento económico, social y cultural, con real calidad o un desarrollo político verdadero? En síntesis, ¿por qué no está aquí hoy la calidad real que esperaríamos tener?

Pienso que explicaciones hay, y muy variadas. Entre las más básicas está que la especialización forestal o la intensiva pesquería industrial extractiva son actividades con dueños extra regionales que aquí cultivan y cosechan, pero no derraman sus beneficios en la región, y quizás si ni en el país en algunos casos; cosa muy distinta en el caso de los cultivadores agrícolas de las regiones de Aconcagua, del Valle Central o del sur terrestre y marítimo.

Pero lo que no tiene mucha explicación es, que, si esta región tiene capital humano reconocido, gente preparada en una proporción mayor que otras regiones, ¿por qué no ha sido capaz esta gente de movilizar dinámicamente y mejor a éste, su territorio, tras metas de desarrollo efectivo?

Desde nuestros claustros universitarios –que es solo un arcaico modo de decir, pues no estamos enclaustrados, y el decir sólo implica que estamos al margen del quehacer político– nos parece que los modos de manejar, de administrar o de gobernar esta región están caducos o han sido francamente inoperantes. O quizás ni siquiera existen aún.  Porque aquí en Chile, en verdad, nunca nadie ha gobernado una región: apenas se ha administrado lo regional.  Y en lo general, sólo la cosa menor, nunca la mayor.

En las ciudades, y hablemos sólo de las más grandes (y por lo tanto las más problemáticas), el sistema municipal está sobrepasado.  Los municipios no son capaces de llevar adelante en forma adecuada, menos aun de manera autónoma, el mero crecimiento físico, y qué decir nada entonces del utópico desarrollo urbano, con todo lo que el concepto implica. Y menos aún en las áreas intercomunales o conurbaciones metropolitanas como la que aquí se extiende por la faja costera que va de Tomé a Lota, en una extensión de 75 kilómetros.  El sistema municipal actual no sirve para manejar las ciudades y sus inherentes problemas; menos sirve para dar un marco adecuado de vida a las poblaciones aquí concentradas, con todo lo que –otra vez– el concepto implica.

Lo lamentable es que, por un lado, lo que uno puede apreciar del desarrollo político-institucional del país, y por el otro lado, respecto a las sensibilidades de la clase política, no hay para cuando cambiar las cosas.

Mirando el ámbito local, el Gobierno Regional, bastante incipiente y casi un proyecto “en borrador”, representa al sistema de administración nacional regionalizado antes que un gobierno estatal regional, si bien tiene herramientas y modos de gestión que no ha puesto del todo en marcha.  Pero no tiene lo básico: la autoridad política real y los recursos económicos propios y suficientes para cambiar las cosas y desarrollar el mini país que es esta región.

En cuanto al sistema municipal, tiene opciones legales para reenfocar su accionar, opciones que ningún municipio ha siquiera bosquejado en el ámbito urbano, como la de asociarse entre administraciones comunales, o la creación de empresas mixtas municipales-públicas o municipales-privadas.  Pero tampoco ese sistema tiene los recursos administrativos y económicos para hacer estas cosas u otras con la verdadera fuerza y potencia que debiera tener tal sistema.

También se ve que la dirigencia política que se mueve en los distintos niveles, el nacional, el regional y el comunal, pareciera no tener clara esta incongruencia entre calidad real y las aspiraciones humanas en los territorios concretos.  Al ritmo de sus pensamientos o ideas, o de sus proyectos de leyes, o de sus acciones, nuestras regiones, nuestras ciudades y nosotros, los habitantes de la periferia santiaguina, tenemos para rato.  Si el desarrollo real llega, no será tan luego, menos en esta región del Biobío, la de la imagen cambiada, donde, como en un pesado y no bien reconocido sueño, nos estamos mirando, en pleno siglo XXI, en un espejo trizado que nos devuelve una imagen incongruente con la imagen mental que, de nosotros, de nuestro territorio regional y de nuestras ciudades, hemos querido siempre tener.

Referencia:

EL ESPEJO TRIZADO: TERRITORIO, CIUDADES Y LA GENTE DE LA REGION DEL BIOBIO

PARTE I DE III, 19.06.2017

https://laventanaciudadana.cl/el-espejo-trizado-territorio-ciudades-y-la-gente-de-la-region-del-bio-bio-parte-i-de-iii/#.YeT7aQblBy0.gmail

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