«La tiranía totalitaria no se edifica sobre las virtudes de los totalitarios sino sobre la cobardía de los demócratas».

Albert Camus

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El mago Harbalay y el mago Aclara

Carlos Bonifetti Dietert

Ingeniero C. Mecánico UdeC. Ambientalista.

Hablemos de magia y de magos

Recuerdo a un mago que conocí en Punta Arenas, en mis años de niñez, allá por los años ’50, cuando apareció por allá e hizo alguna presentaciones de sus habilidades de ilusionismo y magia en el Teatro Municipal. Era, además, vendedor viajero y se llamaba José Alberto Scaff Saba, sobresaliente ilusionista que encantaba a medio mundo en sus giras por los teatros y escenarios de América. Su nombre artístico de mago era Harbalay.

Hurgando en la ‘Web’ en búsqueda de información sobre Harbalay encuentro una crónica de Osvaldo Soto del Diario Regional de Aysén del 23 de julio de 2023: Tercera crónica de la serie «Aysén, la última esquina», narraciones del escritor Óscar Aleuy Rojas.

En ella se relatan interesantes recuerdos del escritor con varias entretenidas anéctodas sobre Harbalay, en Coyhaique y Puerto Aysén, las que leo con fruición retrotrayendo de mis recuerdo algo que me haya llamado más la atención guardado en mi memoria de modo indeleble, que relataré más adelante.

Acá van algunas, entresacadas de la crónica. [1]:

“En 1959, mientras estuve con Harbalay un par de horas y luego de conocer su maleta negra, sus ojos llenos de interrogaciones y su voz energética de gigoló dulcificado, no me pareció que aquella tarde tuviera nada de particular”.[…] “Ester me ha mostrado una imagen de él que me pegó una brutal cachetada. Se me apareció notoriamente maquillado y con un porte de galanura y glamour que ni te lo cuento. Ahí, con una foto en sepia brincando entre las sombras, puedo regresar a conocer su historia y ver a Renata, su reciente hija. Algunos folletos de promociones de la época que aparecen en el baúl pueden confirmar sus actuaciones a tablero vuelto en grandes teatros y escenarios de América. La memoria es algo extrañamente fascinante”.

[…]

“Pensaba en él, en la gran ocasión que me brindó el destino de estar en el mesón del local justo a la hora en que hacía su entrada, siempre sonriendo y edulcorado. No, no estaba dispuesto a admirar el paisaje que me rodeaba. Sin embargo, la primera imagen que se perfila en mi memoria es la de aquel tipo, el silencio de la calle, los olores de un perfume recóndito y furtivo, el papel de envolver de color verde desleído en el marco de fierro de un mesón de comercio. Es lo primero que recuerdo. Con tanta nitidez, que tengo la impresión de que, si alargara la mano, podría coger cada uno de esos detalles con la punta del dedo”.

[…] “Al sobreponer estas imágenes, el rostro del ilusionista mira a mis queridos padres y les sonríe. Eso se esfuma, pero vuelve a aparecer”.

“Después se dirige hacia mí, y también me sonríe y pide un papel, el mismo pliego de color verde enrollado en una esquina del mesón en unos soportes de fierro y que es donde se empaquetan las compras de los clientes. Ladea la cabeza, me habla, me mira fijamente a los ojos. Y entonces me exige que ponga atención, que me va a preguntar algo. Tal vez espero ver en ese gesto y su palabra el rastro de un acto mágico antes que la magia misma. Sus dedos y manos son veloces como una centella, el fondo de un número de ilusionismo pensado para cualquier mortal. Hoy me lleva tiempo evocar su rostro. Y conforme vayan pasando los años, más tiempo me llevará. Es triste, pero cierto. Al principio, yo era capaz de recordarlo en cinco segundos, luego éstos se convierten en diez, en treinta y finalmente en un largo minuto. El lapso va alargándose paulatinamente, igual que las sombras en el crepúsculo. Puede que de pronto su rostro desaparezca absorbido por las tinieblas. Y es porque mi memoria se está distanciando del lugar donde está vestido de corbata. La tarde parece encogerse. Creo que va a llover otra vez.”

[…]

“Mis viejos eran amables conmigo. Harbalay, el mago, acudía año a año a estar entre nosotros y aprovechó su prestancia de vendedor viajero, amén de sus acumuladas amistades, para provocarnos conmociones. Era muy donoso él. Bien vestido, fragante, alguien que no dudaba en dejarse caer los veranos con el pretexto de atender clientela, cuando en realidad lo hacía movido por su oficio de ilusionista, algo que traía bajo la piel desde los escenarios de la capital”.

[..:]

“Su primera presentación ocurrió un mes después, cuando aún no regresaba a Santiago y ya se había hecho conocido como vendedor, desplegando maletines con catálogos y muestrarios sobre los mesones barnizados de los boliches de la calle Chile-Argentina. Conversó con varios intelectuales del Liceo de Puerto Aysén y con Eusebio Ibar, el director. Entonces, como por arte de magia quedó amarrada la presentación para el jueves 23 de octubre de 1952.”

“Esta única actuación en el puerto marcaría un inolvidable precedente. Parecía imposible que Harbalay no cayera bien adonde fuera, provocando una admiración que restañaba un mundo insólito entre el ir y el venir. Era un ser vertiginoso frente al vacío de a la plaza, que sostenía una maleta enorme y pesada, alguien extraño que invadió la casona natal para saludar a sus paisanos coyhaiquinos. Esa tarde especial, la del envoltorio verde desleído, la de la hoja verduzca del porte de un cuaderno que comenzó a doblar hasta donde alcanzara, me regaló el dichoso encuentro con un billete verde de cincuenta pesos, salido de la nada.”

[…]

“En verdad era un gran espectáculo encontrarse con Elías Scaff, Harbalay, descendiente de libaneses, un señor del sombrero de copa, su chapa de empalagoso gigoló, que ató la conmoción en todos los escenarios donde estuvo, su perpetua sonrisa y su afable prestidigitación.”

Luego de estos trozos de la crónica -la que pueden leer completa en la referencia- saco de la chistera mi recuerdo. Harbalay en cada una de sus funciones enseñaba un truco y explicaba cual era la triquiñuela para ilusionar al público. Relataba: “Para que el público no se dé cuenta de los trucos, la mano que los ejecuta no debe ser vista y para que el truco pase desapercibido, la otra mano y el brazo deben moverse con agilidad y frenesí para atraer la vista y la atención hacia ellos’.

Lo otro notable que recuerdo es como terminaba cada una de sus artes de magia; lo hacía con una estruendosa exclamación,… ¡¡HARBALAY!!, que retumba en toda la sala, seguida de los aplausos.

La magia de la minería inocua

Así como los magos e ilusionistas nos engañan con buena voluntad y simpatía, otros magos (más bien aprendices de brujo), con malas voluntades y nula simpatía, nos venden ilusiones de bienestar para todos los ciudadanos haciendo uso de trucos burdos y baratos. Tal es el caso del “mago Aclara”, que se asomó por Penco, ilusionista -especialista, dice él- en explotar unos minerales llamados “óxidos lantánidos” o “tierras raras” [2] sin hacer daño alguno, quien, para  perfeccionar sus técnicas ilusionistas partió haciendo un cambio de nombre descartando el original “BioLantánidos”, que tenía mucho de ‘lantánidos’ y muy poco o nada de ‘bio’.

¿Cuál es la mano del mago Aclara que hace el truco y que quiere que no veamos accionar, ocultándola de nuestra vista y de nuestros pensamientos?

Pues nada menos que la que lo oculta todo, las palas mecánicas y retroexcavadoras que se utilizarían en las enormes excavaciones en los cerros de la cordillera de la Costa, los destrozos en la flora nativa entreverada con los eucaliptus de los extramuros de la histórica ciuadad de Penco, el trajín de máquinas y camiones para mover y retirar toneladas y más toneladas de arcillas con bajísimas concentraciones de esos minerales.

Dichas excavaciones, de acuerdo al agresivo proyecto presentado al Sistema de Evaluación Ambiental (SEA), generaría enormes socavones del orden 400 m a 500 m de longitud, 250 m a 350 m de ancho, muy aproximadamente, y 30 m a 40 m de profundidad, todo ello destruyendo arroyos, vertientes y escurrimientos y napas subterráneas. [3]

Nos aplican también más malabarismos distractores como que reforestarían el sector intervenido con las especies de árboles nativos, queules entre ellos, que inevitablemente se perderían, dejando todo impecablemente restaurado de tal modo que se pueda decir y mostrar que “aquí no ha pasado nada”, o que todo se haría con inocuos y modernos procesos mineralúrgicos patentados cuyos detalles no se pueden dar a conocer porque son secretos.

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N. del E.:

A solicitud el autor rectificamos el nombre del Mago Harbalay; el verdadero es el corregido que se lee en el artículo; también eliminamos la foto del mago por no corresponder a don José Alberto, el personaje. Los errores fueron advertidos a LVC en comentario de don Patricio Scaff V.

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CBD

17/05/2023

FUENTE DE FIGURAS

Cabecera: Referencia [2]

Pie: Referencia [1]

REFERENCIAS:

[1] https://www.diarioregionalaysen.cl/noticia/la-ultima-esquina/2023/07/el-ultimo-truco-del-mago-que-deslumbro-a-coyhaique

[2]https://laventanaciudadana.cl/mineria-en-penco-y-vocacion-turistica-disruptiva-explosiva/

[3]https://laventanaciudadana.cl/la-mineria-de-tierras-raras-en-penco-y-en-la-metropoli-raro/

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2 Comentarios en El mago Harbalay y el mago Aclara

  1. Con respecto al mago Harba- Lay su verdadero nombre era José Alberto SCAFf Saba . Nunca fue Elías y Tampoco la Foto que sale al Final es Del Mago Harba–Lsy seamos cuidadosos en dar una información.

    • Señor
      Patricio Scaff V.

      De mi consideración:

      Discúlpeme el involuntario error, motivado por la nota que usé como referencia.
      Modificaré el artículo de inmediato y lo enviaré con una nota al editor de LVC.
      Le solicita me pueda enviar una foto de don José Alberto Scaff Saba para ponerla en el lugar de la publicada que eliminaré. Mi correo es cbonifetti@gmail.com.

      Atte,,
      Carlos E. Bonifetti Dietert

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