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En El Territorio De La Libre Expresión

Guilmo Barrio Salazar

Desde Georgia, E.U.A.

La Primera Enmienda realizada en la Constitución de los Estados Unidos de Norteamérica, señala claramente lo siguiente: “El Congreso no hará leyes con respecto al establecimiento de una religión, o la prohibición de su libre ejercicio;  tampoco podrá limitar la libertad de expresión ni de la prensa;  o el derecho de la ciudadanía de reunirse pacíficamente, y solicitarle al gobierno la reparación de los agravios cometidos”.

Floyd Abrams ha sido el defensor más prominente de la Primera Enmienda en los EE.UU., tanto en las cortes de justicia, como en sus numerosos libros y a través de artículos, especialmente desde que él representó al periódico The New York Times, en el caso de los medios escritos del Pentágono en el año 1971.  De eso ha pasado mucho tiempo.  Abrams todavía lo demuestra en su nuevo libro titulado “El Alma de la Primera Enmienda”, el cual es un esfuerzo, en un momento que, según su apreciación,  la Primera Enmienda está siendo atacada desde varios ángulos. Para precisar  los argumentos que ha tenido durante su carrera, y cubrir las tensiones entre la libertad de expresión y los intentos por  reglamentar e incluir el dinero en la política, Floyd Abrams representó al entonces líder de las Minorías en el Senado, Mitch McConnell, en el caso de los Ciudadanos Unidos, que presentó la inundación de un dinero muy obscuro invertido en las elecciones, además de los discursos de odio, y la protección de la privacidad y la seguridad nacional.

Cada uno de estos debates es importante, y los capítulos de Abrams relacionados con ellos, si se juntan, forman parte de un argumento mucho más grande sobre la libertad de expresión;  que es una clase del fundamentalismo de la Primera Enmienda, la que solamente en forma superficial reconoce la preocupación contrarrestada, en una época de daños reales, de una intimidación racial o de ataques digitales sobre la privacidad y la reputación, lo que se encuentra bajo tensión, causada por activístas progresistas espantados por la defensa de la organización conocida como la Unión de Libertades Civiles de América, (ACLU, siglas en Inglés), contra los neo-nazis que tuvieron una marcha en la ciudad de Charlottesville del estado de Carolina del Norte, causando daños increíbles a muchas personas que protestaban contra los neo-nazis.  Pero la forma de Abrams de  envolverse, le deja a uno los sentimientos de que en realidad la Primera Enmienda sólo forma parte del pasado, porque en su libro “El Alma de la Primera Enmienda” nos muestra cómo se está abusando políticamente, racialmente, y los grupos religiosos minoritarios maltratados por los burócratas y los que representan la ley.  Además nos revela una deficiencia considerable en cómo se ve hoy día la libertad de expresión ciudadana.

Abrams es una persona que cree mucho en los derechos de la libertad de expresión en los EE.UU., además él ve amenazas contra estos derechos en formas excepcionales.  Tal vez por esta razón, al ver lo que está ocurriendo durante la administración de Donald J. Trump, es que piensa que hay otras dos posibilidades que suceda lo mismo en Europa, y para los gobernantes de una política de izquierda.  Esto lo ha llevado a escribir su nuevo libro.  Su hijo joven, algunos años atrás, fue rechazado en un crucero Británico, debido a las profanaciones que él realizó en la película “Los Hombres del Presidente” (All The President’s Men); tanto Bélgica como Inglaterra penalizaron folletos y carteles anti-islámicos;  y en Finlandia y en Alemania se tomaron acciones legales por los políticos y la realeza, para proteger la privacidad de sus relaciones y sus familias.  Dándole crédito a Abrams, él ha dicho que “uno no podría discutir que Canadá, cuya legalización sobre la libertad de expresión en muchas formas, es similar a la Europa democrática, que ha sufrido el yugo de la represión como resultado”,   razón suficiente para  enfocarse en lo que él ve como una protección insuficiente para la libertad de expresión en otras democracias occidentales.  Francia y Noruega son las  más malhumoradas y domesticadas, como indica Abrams, porque de alguna manera están más encadenadas que los EE.UU.

Los Estados Unidos de Norteamérica con su amplia apertura hacia los discursos de odio, tiene un flujo constante de racismo y de una violencia homofóbica, sin mencionar el asalto sexual en una sociedad donde las formas más virulentas de carácter misógino pornográfico están sólo a un click en el internet.  Otros piensan que dándole una curva a las formas virulentas de expresarse fomenta una tolerancia y una comunidad, pero algunas comunidades islámicas en Europa, donde uno puede ser penalizado por denigrar una raza o una religión. Sin embargo,  muchas veces se agita con resentimientos de maneras raramente vistas en los EE.UU., aunque Trump está haciendo todo lo que puede para llegar a ese mismo nivel, por lo que se hace difícil conectar la idea de prevalecer los discursos de odio y violencia,  si la sociedad le coloca restricciones o lo tolera.  Una encuesta reciente conducida por el Centro de Investigaciones Pew ha registrado una aprobación de un 40% de la población encuestada, proponiendo que “el gobierno debería estar capacitado para prevenirle a la gente” de no hacer declaraciones ofensivas sobre los grupos minoritarios.

En este espíritu sin necesidad de pedir disculpas por la defensa de la Primera Enmienda, entrelazado con los movimientos por la igualdad y la justicia social, que en la actualidad está fallando, especialmente entre muchos que abogan por la libertad de expresión.  Sin ello, no podría haber movimientos por la vida de los Afro-Americanos, no tendríamos a los Soñadores (Dreamers), no habría una lucha por la obtención de un sueldo mínimo de $15.00 dólares por hora de trabajo, no habría una pelea por ocupar Wall Street, tampoco habría un movimiento de resistencia contra la Derecha que se ha tomado el gobierno federal, y más de 30 Estados en esta nación que han luchado para reestablecer “un gobierno con clase”, y los lectores no sabrían lo que realmente está ocurriendo, si no se escribe todo esto en los medios de comunicación.

Tal como lo ha dicho el editor Norman Cousins del periódico “La Revisión del Sábado” (Saturday Review) : “La palabra más expresiva en una democracia es NO”, y el libro de Abrams es un buen ejemplo de esta persistencia.  Mientras él reconoce que “no hay dudas de que hay un precio que se debe pagar, y algunas veces es un precio bastante serio”,  por sumarse a la Primera Enmienda. ¿Cuál es el precio? ¿Quién lo está pagando?  Esto no aparece en las páginas de su libro.  Si usted es una mujer o una persona de un grupo minoritario que se siente intimidado por un clima en el cual un discurso racista y con términos sexualistas se ha presentado por el presidente de la nación, desgranando con perversas e intimidantes palabras al resto de la sociedad, algo muy negativo va a suceder muy cerca suyo, así que hay que enfrentarlo con valentía, y agradeciendo a los fundadores del país por establecer la libertad de expresión.

Cito al senador del Estado de Vermont, Bernie Sanders, quien ha dicho que el dinero es de mucha importancia en las campañas políticas, y la enorme diferencia de ingresos en la nación inevitablemente favorece a los ricos, señalando: “El Congreso y los legisladores estatales deben enfrentar la realidad de la desigualdad de ingresos, y los ricos deben pagar altos impuestos, y aumentar los sueldos para la comunidad menos próspera.  El problema de las bajas votaciones electorales debe tratarse con medidas legislativas que le hagan más fácil salir a votar a los ciudadanos”.

Eso suena muy bien, pero se ignora el hecho de  que el dinero no solo se lanza durante las elecciones, sino que también se usa en el cabildeo.  De acuerdo con la firma Stein y Wong, desde el año 2005, más del 75% de todo el dinero utilizado en el cabildeo federal, ha sido invertido a favor de causas conservadoras.  Hay una razón por qué la derecha gasta tanto dinero en las elecciones estatales y en el cabildeo. Su prioridad es preservar su ventaja tergiversada mediante leyes de dominio oculto contra los votantes minoritarios.  Cuando los gobiernos locales municipales se atreven a pasar leyes relacionadas con el sueldo mínimo, el pago de los impuestos, o con el medio ambiente, los legisladores estatales se mueven a menudo para contra-atacarlas.

Justificando campa؜ñas no reglamentadas y los gastos del cabildeo, como parte de una libre expresión, socava la capacidad de la mayoría de la gente para poder controlar su propio gobierno, y ha contribuido fuertemente con el cambio con un sistema especulativo, lo que Donald J. Trump ha sido capaz de explotar durante su campaña, y en la actualidad como presidente de esta nación.  Abrams ha hecho muy buen trabajo al canalizar el cerebro con la Primera Enmienda.  Pero su alma, el apasionado y desordenado negocio de utilizar sus garantías para fraguar un mundo más justo, es lo que está ausente en las páginas de su libro.  Depende de los que vengan en la próxima generación para respirar una nueva vida dentro de este soñado mundo en que vivimos, porque de acuerdo con la organización llamada Amnistía Internacional, aún existen en la actualidad 113 países que le están reprimiendo a sus ciudadanos el derecho de la libertad de expresión alrededor del mundo, lo que es una devastadora realidad.

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