¿El mundo que estamos construyendo, el mundo que estamos destruyendo o el mundo que debemos construir?
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¿Época de la información o época de la sabiduría?

Patricio Schwaner Saldías

Profesor de filosofía

Recuerdo haber leído hace algún tiempo que hoy nos encontramos en la época de la información, más no en la de la sabiduría. Esta afirmación en apariencia inofensiva constituye la gran tragedia de nuestro tiempo, hoy estamos superados por los medios tecnológicos que día a día parecen imponerse con mas fuerza.

Como experiencia real, un colega una vez me contó que un estudiante lo desafió frente a todo el curso aludiendo a que estaba equivocado en un dato estadístico, esta cuestión no le resultó compleja en si misma, pues desde su perspectiva existe la posibilidad de construir el conocimiento, sin embargo, la fuente utilizada por el estudiante era Rincón del vago, página que todos sabemos que no contiene elementos fidedignos en su totalidad.

Marc Augéprofesor de antropología y etnología de l’École des Hautes Études en Sciences Sociales de París señala que: “La dimensión tecnológica está condicionada por la eficacia de los medios de comunicación, que representan un logro enorme, pero colocan al hombre en la ubicuidad y la instantaneidad. Esto significa que, si estoy viendo la televisión, tengo la impresión de conocer a mi actor favorito y más aún de considerarlo un conocido mío. En otro nivel, es un poco más peligroso porque esas imágenes nos pueden llevar a un confort ilusorio”. Esta reflexión es la más clara muestra de los hábitos del hombre, que ha puesto más fe en la información que en su propio criterio personal.

Resulta interesante como se ha ido desarrollando esta idea de “Progreso” que, si bien parece favorable para el hombre, no lo es en su completitud. Quizá este fenómeno sociológico responda a la forma de vida que hoy estamos teniendo, a saber, mucha rapidez e instantaneidad y poca conexión con el presente. Incluso la idea de morir resulta provocadora, si no me cree vea como han proliferado los servicios funerarios Low cost. “Muérase hoy y pague hasta en diez cuotas”, podría rezar algún lema al más puro estilo de Cien años de soledad. Sin embargo, la cuestión resulta nefasta, el diálogo intersubjetivo no hace mas que apagarse, y con esto las ultimas esperanzas de una sociedad centrada en la reflexión.

Estamos en una era profundamente tecnologizada donde los valores espirituales han ido decayendo, incluso en la cuestión educativa uno descubre una cierta “Ilusión del conocimiento”, particularmente al enfrentarse a la tarea de enseñar y lograr que se sienten las bases del “Aprender a aprender”. Hay que señalar que todo esto supone además ciertos alcances Gnoseológicos, quizá la relación forjada entre el sujeto (quien conoce) y el objeto (lo conocido) no parezcan del todo pertinentes, sin embargo, el foco de la labor educativa hace tiempo que ha perdido su lugar. La labor fundante que defendían los centros educacionales no hace mas que dar pasos en falso, en una época donde todo resulta relativo y poco creíble, en donde el pensar paso a ser menos valioso y el hacer adquirió excesivo valor productivo.

Finalmente, Augéseñala que: “Aquel que no tiene el mínimo conocimiento no lo puede buscar y no le sirve de nada tener toda la Biblioteca del Congreso en su ordenador. Así que existe una ilusión de conocimiento que es aún peor que el hecho de no saber”. Por esto la invitación a reflexionar sobre estas situaciones supone un esfuerzo necesario, para intentar descifrar en parte, el curso de nuestra sociedad moderna.

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