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Esperanzar por la palabra: A propósito del libro “Confinitud. Por mi derecho a hablar.”

Tulio Mendoza Belio

Premio Municipal de Arte de la Ciudad de Concepción (2009).

Acaba de aparecer el libro “Confinitud. Por mi derecho a hablar” (Ediciones Etcétera, 148 páginas), de la escritora Verónica Sandoval Zenteno (gestora y compiladora), un proyecto que contó con el patrocinio del Ministerio de las Culturas, las Artes y el Patrimonio de nuestra región, en el marco del Plan Nacional de la Lectura, “Aquí se lee”, cuyo encargado regional es Marcelo Sánchez Rojel. Respondiendo a una invitación abierta, participaron un total de 42 escritores mayores de 60 años, 26 mujeres y 16 hombres, residentes en las comunas de Los Álamos, Nacimiento, Lota, Coronel, San Pedro de la Paz, Concepción, Chiguayante, Penco, Hualpén, Talcahuano y Tomé (Coliumo).

Los “42 artistas que escriben este libro, nos permitió constatar que es necesario y urgente construir una sociedad libre de estereotipos negativos asociados a la vejez, puesto que a través de las creaciones literarias nos dan cuenta de su determinación, fuerza, resiliencia y experiencias de vida”, como bien señala Verónica Sandoval en la presentación de esta obra. El libro lleva un prólogo a cuatro manos escrito por Claudia Vaca, Eliah Germany, Patricio Schwaner y Tulio Mendoza Belio.

La poeta y filóloga Claudia Vaca señala: “En estos días de confinamiento, la escritura expresa la voz y el latido de quienes han sobrevivido a varias batallas, a varias crisis económicas y políticas, a varias pandemias, enfermedades y desamores. Son estos autores la muestra viva de la fuerza primigenia con la cual somos concebidos, gestados desde la su sangre y el latido, cuando se desorbitan los ojos para dar lugar al primer grito de nacimiento, dejar que salten las lágrimas, las palabras.”  

El escritor Eliah Germany nos dice que “Esta antología nos habla de la tiranía de una amenaza inverosímil”, “de un exilio impensado”, que “Cuando la pandemia se convirtió en nuestro único asunto, los adultos mayores fueron considerados la población más vulnerable y su confinamiento a puertas cerradas resultó ser la prescripción más conveniente para protegerlos. Pero “esta separación brutal, sin límites, sin futuro previsible”, en el decir de Camus, se tornó a lo largo de los días y semanas en la cruel noche de los viejos, en el mal sueño que testimonian estos relatos y poemas.”

Y el profesor de filosofía y académico, Patricio Schwaner, escribe en el prólogo: “Asumir el confinamiento es un desafío para todos quienes queremos seguir viviendo, y es que vivir siempre se ha identificado con hacer, con crear, con movernos, con cantar, con escribir y con salir de nosotros mismos. Por esto valoro profundamente el esfuerzo de todos quienes a través de la escritura han plasmado emociones y sentimientos a lo largo de este texto, hoy más que nunca la noble labor del escritor cobra un sentido inefable. Los relatos presentes en este hermoso libro reflejan el testimonio de una reflexión auténticamente humana, y se expresan con la grandeza de las manos que se dejan llevar, para creer y crear un nuevo modelo de sociedad.”

Si hay algo que nos distingue y señala como seres insertos en la naturaleza y en la sociedad, es nuestra capacidad de lengua. Sabemos que escribir es algo que se hace en soledad, aunque uno nunca está solo, siempre inventa a otro para la conversación que es “vivir, habitar en compañía de otros”. Ese otro, esos otros que inventa necesariamente el monólogo, nos brindan un espacio de creación que es plural y colectivo. Todo esto nos permite anular la distancia social: este necesario aislamiento que nos salva, nos da a su vez la oportunidad de hacer valer con más potencia nuestro derecho a hablar para que lo narrado sea un acto de amor y de entrega, experiencia hecha carne-palabra, porque es algo humano.  Octavio Paz nos dice que su amor por la palabra “comenzó cuando oí hablar a mi abuelo y cantar a mi madre, pero también cuando los oí callar y quise descifrar o, más exactamente, deletrear su silencio.” Palabra y silencio: la lengua materna. Deletrear el silencio: otra maravilla.

En estos sentidos, el libro “Confinitud. Por mi derecho a hablar”, se nos muestra como un cuerpo colectivo en tiempos de pandemia: registra, recopila y quiere difundir un diálogo frente al espejo de nuestra propia grandeza y de nuestra miseria, de nuestros miedos e incertidumbres, pero sobre todo de nuestra esperanza, ese “estado de ánimo que surge cuando se presenta como alcanzable lo que se desea”, según señala el Diccionario de la Lengua Española (DLE). Y también nos proporciona un verbo interesante: “esperanzar”, que es “dar, provocar esperanza.” Esperancemos, entonces.

Verónica Sandoval Zenteno
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