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FEMINISMO SILENCIOSO

Belén Pulgar Neira

Periodismo U. de Concepción.

Jamás he podido definirme como persona, sea sobre mis intereses, sobre mis creencias, sobre mis principios. No puedo explicar en lo que creo, pero sí en por qué no creo. Asimismo,  no puedo decir si  soy feminista o no. Porque pasa a ser casi comparable a una religión cuando no conozco lo suficiente, ni he leído lo necesario, ni he vivido lo que cuenta, como para encasillarme como tal. Aunque a veces, es una cosa de sentimiento y confianza en lo desconocido, cosa que tampoco creo tener, ni creo merecer.

Ahora bien, cuando llegué a la universidad no solo lo hice para encontrarme con las personas más extrañas y diversas. Me encontré también, con cosas que me gustaban, cosas que no, con seres peculiares y clichés con piernas. Vi la hermosura y bohemia del joven universitario que a pesar de su rebeldía sigue dependiendo al alero de esos infravalorados padres. Descubrí además, a ese grupo de gente que según sus creencias lucha por el asesinato del patriarcado.

“Feminismo” no solía ser una palabra común en mi mundo antes de la universidad, y a pesar de lo maravillosamente utópico que pudo sonar en un comienzo, hay quienes son capaces de generar un rechazo -y un cansancio que a veces hace que el invento del insulto “feminazi” se entienda- al mero concepto de “feminismo”. Mas ruego no se malinterprete, pues estoy a favor de la equidad de derechos e igualdad salarial por un mismo trabajo -y más-, a la vez que entiendo las diferencias que compartimos todos los géneros.

Tanto ha cambiado el feminismo, tanto se ha fragmentado desde sus inicios -y sin autoridad alguna me refiero al tema-, que cuando me preguntan “qué soy” y en qué creo sólo puedo decir que soy una feminista silenciosa. Pues eso, con el tiempo,  me ha parecido que tranquiliza un poco las aguas, ya que si digo la verdad aparece ese extraño argumento que me enerva de pies a cabeza y de vuelta.

Ese argumento de “eres mujer, qué pena”. Es ahí cuando me pregunto si las mujeres somos todas iguales, si todos los hombres son iguales, si debo odiarlos por el daño que algunos me han hecho tanto directa como indirectamente, si debo buscar una manera de vengarme, de jugar a Dios, de devolverles con la misma moneda, de convertirme en una feminista radical, en feminista extremista, en lesbo feminista, en algo que no sea yo.

Porque pareciera ser que mis principios no son suficientes. Porque aparentemente no compartir cosas en Facebook, ni sacarme fotos con pelos en el cuerpo -que los tengo-, ni aparecer en marchas, significa que no estoy en pro del cambio.

He sentido impresión al conocer hombres heterosexuales feministas -cosa que ya no debería suceder-. He sufrido de la manipulación de aquellas mentes machistas que abusan de poder. He tenido que ocultar la pena y moretones por parte de ex parejas, de hombres. He sido perseguida por la calle por un hombre, por un grupo, por una camioneta. He corrido. He marchado. He gritado. He vivido esto a flor de piel y lo que no,  lo he vivido a mi alrededor en familia, amigas, conocidas, en profesoras.

Sin embargo, no odio al hombre, no permito que quepa espacio para un sentimiento tan devoto como el amor en mi cuerpo. No siento resentimiento frente a quienes me dañaron, simplemente les deseo lo mejor y ojalá nunca más lo hagan. No utilizo el lenguaje inclusivo -por mi respeto a la gramática y a lo genérico de ella- a través de las redes sociales a no ser que sea estrictamente necesario. Y cuando conozco a alguien le pregunto directamente -o a sus amigos- cómo desea que me refiera a él, a ella o elle.

Y a pesar de aquello, aún seguimos viendo cómo para el Día de San Valentín -fecha extrañamente importante- cómo muchas mujeres esperan su regalo, sus chocolates, sus flores, sus declaraciones de amor por las redes sociales. Así como pareciera ser que sus parejas sólo las aman un día del año. Y es que esas cosas, ¿no reflejan machismo? Quizás simplemente no sabemos amar sin esperar algo de vuelta, porque claro, siempre es lindo recibir el detalle siendo éste algo material o un día diferente en alguna parte del mundo.

Debido a todo esto y más,  siempre llego a lo mismo, y es que ¿será tan malo ser una feminista silenciosa si respeto al resto y comparto y divulgo los principios feministas de manera distinta al resto? ¿Será tan malo no querer escuchar todo el día sobre enfoques de género? ¿Será tan malo todo esto?

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2 Comentarios en FEMINISMO SILENCIOSO

  1. Notable artículo,serio, profundo y de un nivel de sinceridad y autenticidad destaca-ble!!!
    Muy bien Belén.

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