“Tienen la fuerza, podrán avasallarnos, pero no se detienen los procesos sociales ni con el crimen ni con la fuerza. La historia es nuestra y la hacen los pueblos.” Salvador Allende, 11 de septiembre de 1973.

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HACIA EL FIN DE LA PANDEMIA

Miguel Ángel San Martín

Periodista. Especial para La Ventana Ciudadana, desde Madrid, España.


Lo que ha ocurrido en el fútbol me mueve a reflexionar sobre un hecho que me parece muy delicado. Se trata de los contagios entre los jugadores. La Selección Chilena no cuenta con uno de sus baluartes, la de Argentina, con tres.  Y eso que se trata de gente que es controlada cada día, que tienen una gran responsabilidad no sólo deportiva, sino también social.

¿Cómo se contagian?… pues, como todo el mundo que no tiene mayor conciencia de la peligrosidad del virus que afecta a la Humanidad, ni valora su propia imagen como influencia social.  Se reúnen con amigos, juegan a las escondidas con ellos para no ser “pillados” por los dirigentes, no toman las medidas de precaución necesarias.

En todo el mundo se recalca lo mismo: si queremos controlar la pandemia, debemos ser rigurosos con las recomendaciones de los expertos. No basta con las vacunas. Debemos ser responsables sociales y muy solidarios. Porque es de solidaridad no contagiarnos, para no contagiar a nuestros familiares, a nuestros vecinos, a la gente que nos rodea.

El proceso mundial de vacunación sigue su curso con diferentes velocidades. Y ya lo hemos dicho con anterioridad: los chilenos tenemos cultura de vacunación masiva, experiencia de un sistema ya aplicado muchas veces y cuya efectividad es incuestionable. Además, nuestras autoridades han conseguido las vacunas suficientes como para avanzar en el proceso. Pero, repetimos, no basta con eso.

Las vacunas nos protegen de la enfermedad, pero no impiden que podamos transportar en virus y contagiar a otros. A pesar de estar vacunados,  muchos se han contagiado. Y aunque la enfermedad les afecte con menor intensidad, se siguen llenando los hospitales. Incluso, la ocupación de camas UCI ha llegado a un extremo inédito en nuestra historia.

 No exagero. Debemos cuidarnos individualmente, para no afectar al colectivo. En nuestras propias manos está el controlar la pandemia.  Si estamos aburridos de permanecer en casa, de llevar la mascarilla, de lavarnos las manos constantemente y de usar el alcohol gel, debemos seguir haciendo todo lo posible para evitar el contagio. Y, además, es fundamental vacunarnos.

Las cifras que provienen de todas partes del mundo, nos indican que en aquellos lugares donde la vacunación ha sido mayoritaria, el control de la pandemia es notable. Y hay países que ya están pensando en autorizar el no uso de la mascarilla en los espacios abiertos, como parques, playas  y plazas. Israel es uno de ellos. España también se apunta a lo mismo.

Con el autocuidado y la vacunación, podremos ir recuperando una normalidad tan anhelada. Entonces depende de nosotros mismos, de nuestra propia responsabilidad social, el conseguirlo.  No sólo estaremos desarrollando un acto de solidaridad con nosotros mismos, sino también con nuestros seres queridos y con la sociedad que nos cobija.

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