La Solidaridad no es "flor de un día", tampoco un "remedio" de pandemia... La SOLIDARIDAD verdadera nace de lo más profundo de la inteligencia y bondad humana y, es una conducta permanente.
Actualmente nos leen en: Francia, Italia, España, Canadá, E.E.U.U., Argentina, Brasil, Colombia, Perú, México, Ecuador, Uruguay, Bolivia y Chile.

Editorial: Hágase la luz

Equipo laventanaciudadana.cl

Periodismo ciudadano.

Es de necios, sin duda, no tener conciencia de la gravedad de la situación por la que atraviesa el país.

No se trata solo de la pandemia y sus secuelas – fenómeno sanitario fácilmente homologable en sus consecuencias a una bomba de racimo – sino de entender que los momentos por los cuales pasan millones de familias chilenas están causando un daño gigantesco a las estructuras sociales del país con una proyección a futuro que se vaticina que puede prolongarse por muchos años.

El enclaustramiento prolongado de las personas en su vivienda, genera un clima de angustia que complica la convivencia interpersonal y que degenera en reacciones de violencia que pueden llegar a ser incontrolables. En el Chile de los “dos mundos”, la realidad de la casta de los privilegios (que puede recrearse en la extensión de sus arbolados patios, que puede tomar su helicóptero para escaparse subrepticiamente hacia su segunda o tercera casa, que puede salir a comprar vinos finos u otras exquisiteces, que tiene al alcance de la mano las mejores clínicas privadas) es diametralmente opuesta a la otra realidad en la que tratan de subsistir los pobres y una vasta clase media que hoy se ve empobrecida y ahogada por las deudas luego que de forma brusca se diluyera su leve veranito de consumo.

Las cifras son indesmentibles. En la cantidad de infectados por millón de habitantes, nuestro país ocupa el quinto lugar del mundo y en la tasa de mortalidad, también por millón de habitantes, es el decimotercer país del mundo y el primero de Sudamérica. Cuando hace poco más de un mes éramos invitados por nuestros gobernantes a vivir “una nueva normalidad” o a prepararnos para “un retorno seguro”, es innegable que se nos estaba disfrazando la verdad en forma consciente y deliberada. Cuando el nuevo ministro de Salud se permite hablar de “una leve mejoría” extrapolando datos que pueden ser solo puntuales, no cabe duda que está siendo presionado políticamente. Cuando la encuestadora Cadem (claramente ligada al oficialismo) anuncia, en contraposición con otras empresas, un alza significativa en la aprobación del Presidente sin que haya ni un solo hecho político o económico que explique ese aumento, estamos ante un orquestado operativo comunicacional.

Un panorama dramático en lo sanitario ya que se prevé un peack para dos semanas más; inquietante en lo económico con un derrumbe de 15,3% en el Índice Mensual de Actividad Económica (IMACEC) de mayo y que se augura igual o peor para junio; pavoroso en lo social con cifras de desocupación de dos dígitos; errático en lo político; es muy poco lo que se puede lograr si no existe la voluntad y el coraje para dar un golpe de timón y cambiar el rumbo.

La conducción política en tiempos de crisis, exige restablecer las confianzas.

Winston Churchill, en plena guerra mundial, con un Londres devastado por los bombardeos enemigos, no buscó suavizar la verdad a sus conciudadanos sino que les hizo presente que el futuro que se avecinaba era de “sangre, sudor y lágrimas”. Conquistar la adhesión y la voluntad ciudadana no se puede lograr con discursos y fatigantes cadenas televisivas sino demostrando en los hechos que se está dispuesto a tocar y a herir privilegios en pro de la construcción de una sociedad más justa y más solidaria. Pésimo ejemplo da el gobierno al oponerse tajantemente al proyecto de ley que regula la cobranza de servicios básicos e impide por un tiempo el corte de los suministros, optando por embarcarse en la defensa de los intereses de las empresas de estos rubros. Inaceptable resulta también la utilización abusiva por parte del Ejecutivo de las facultades que le otorga el estado de excepción constitucional de catástrofe, para proceder a una abierta militarización de un territorio en conflicto sin que en más de dos años se haya hecho nada para avanzar en una solución político-social del problema.

En anteriores comentarios editoriales, hemos insistido en afirmar que el estallido del 18 de octubre tuvo causas muy profundas que se reflejan en el cúmulo de inequidades que configuran una sociedad profundamente fracturada. Es de ilusos soñar con que tras la crisis de la pandemia retornaremos como país a un clima de tranquilidad y paz social. Si no se demuestra que existe efectiva y sincera decisión de superar las razones estructurales en que se sostiene el andamiaje actual y se persiste en el dogmático ideologismo neoliberal, las consecuencias pueden ser enormes.

Los hechos hablan por sí solos. Lo único que falta es que las elites políticas abran los ojos y vean la luz.

Recuerda que puedes seguirnos en facebook:

Déjanos tu comentario:

Su dirección de correo electrónico no será publicado.

*

Sé el primero en comentar

sertikex-servicios-informáticos www.serviciosinformaticos.cl