La humanidad continúa, lamentablemente, ligada a los antivalores humanos y apartada de los valores, ética, normas y procedimientos que engrandezcan la bondad, solidaridad y la búsqueda real de una nueva vida.

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Incertidumbres Sobre el Futuro

El elenco dirigente de la centro-izquierda y de la izquierda no puede eludir sus responsabilidades en el magro resultado logrado en los recientes procesos eleccionarios. Si bien la historia no se puede volver atrás, ni para bien ni para mal, el examen del pasado permite, a veces, hacer luces sobre la actualidad.

Así, no es aventurado especular que con las actuales proyecciones, conductas y visiones de futuro que hoy se esbozan (porque no es claro que haya diseños estratégicos inequívocos), podríamos haber perdido el plebiscito del 5 de octubre de 1988 o, al menos, haber enfrentado serias dificultades para  derrotar la continuidad de la dictadura.

En aquella ocasión, se trataba de desplegar un amplio frente político y una vasta movilización de masas que se expresara en la inscripción electoral, en los apoderados de mesa, en la más masiva concurrencia a sufragar. Tan es así que los expertos electorales de la época evidenciaban que un padrón electoral reducido podría eventualmente permitir el triunfo del dictador en el plebiscito.

Al mismo tiempo, los “políticos” democráticos tenían la plena conciencia que sin movilización de masas y sin estructuras partidarias, ya fueran independientes o militantes, era difícil, al menos, controlar la limpieza de la elección y disponer de resultados mesa a mesa, oportunos y diligentes. En esa época no existían celulares ni otro instrumental de comunicaciones que no fueran los mensajeros voluntarios.

Como esas eran las condicionantes, era inevitablemente necesario un amplio acuerdo político, que hoy se pretende reducir como si los adversarios ya estuvieran derrotados de antemano. En aquellas circunstancias, el centro y parte de la izquierda levantaron la consigna de elecciones libres cuanto antes, constituyendo el Comité por Elecciones Libres (CEL) y el Comité de Izquierda por Elecciones Libres (CIEL) con el objetivo de estimular el despliegue político e ideológico de chilenas y chilenos a fin de que la movilización reivindicativa de la época se desplegara con vista al plebiscito que, hay que hacerlo presente, no tenía aún ni fecha y ni formas definidas. Cabe señalar que ambos comités se disolverían fluidamente, sin ninguna clase de vetos, para dar paso al “Comando por el NO”.

Ahora, tan evidente eran las condicionantes que enfrentaban las fuerzas democráticas en ese plebiscito que algunos sostenían que “hablar de elecciones libres bajo una dictadura es sólo engañifa, a menos que, como sería indispensable en el presente, se haga previamente a un lado Pinochet, se ponga término a la tiranía…”. (Luis Corvalán, Principios # 47, segundo semestre-1986, pag.13).

Por su parte, Juan Pablo Cárdenas afirmaba : “No entendemos por qué hay quienes abrigan ilusiones en cuanto a que pueda realizarse un plebiscito libre y limpio…A esta altura queda en evidencia que el Plebiscito no se realizará bajo condiciones o garantías apropiadas”. (Revista Análisis, Editorial, 20-26 junio-1988).

A este respecto señalábamos: ”El gobierno de Pinochet no va a dar garantías de juego limpio…De la oposición, de las fuerzas que acumulemos, dependen las garantías; estas tenemos que conquistarlas, el gobierno no las va a dar “por puro gusto”. Sólo la mayoría del país, movilizada y organizada, es garantía para elecciones no fraudulentas”. (Desde el Interior, pags. 152-153).

Todavía más, el PC explicitaba su política: “La caída de la dictadura es lo principal. El Pleno de enero señaló que el camino más corto para conseguirlo es y sigue siendo la rebelión popular de masas que desemboque en una u otra forma de sublevación nacional, esto es, el camino del enfrentamiento y no el de la conciliación”. (Principios # 47, segundo semestre-1986, pág.8).

Ya se sabe cuál fue el resultado de una y otra estrategia y cuál suscribió la mayoría. Bien se puede decir que no existen sociedades que se encaminen conscientemente al suicidio. Lo que sí ocurre –ha ocurrido y seguirá ocurriendo- es que los desaciertos y errores de los grupos dirigentes, en todos los ámbitos y a todos los niveles, pueden conducir a sus sociedades al despeñadero.

Entonces, se podrá influir más y mejor en y sobre las tendencias objetivas del desarrollo de una sociedad, ya sea en el plano político, económico, ideológico o social, mientras mayor conciencia exista en sus cuerpos dirigentes acerca de ese rumbo objetivo.

Esta es, precisamente, la gran duda que los círculos dirigentes de las actuales coaliciones de centro y de izquierda, están sembrando hacia el futuro.

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