El Neoliberalismo, ante tragedias medio ambientales, prefiere cerrar colegios y no las empresas que contaminan, en definitiva, el Neoliberalismo valora más al empresariado que los niños, los colegios y la ciudadanía… Y, nosotros qué hacemos?
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INVITACIÓN AL DIÁLOGO

Maroto

Desde Canadá.

El gobierno ha intentado recuperar el control de la agenda política, invitando a algunos partidos y movimientos de oposición al diálogo. Lamentablemente, esta invitación,  que a simple vista parece una iniciativa sensata y necesaria, nace con pocas posibilidades de sobrevivencia.

En un país con una democracia estable e instituciones políticas que, sin ser perfectas, funcionan, como es el caso de Chile, el diálogo político debiera darse en el Parlamento; es esta la instancia que la ciudadanía se ha dado para que sus representantes democráticamente elegidos se encuentren, expongan sus proyectos, debatan ideas, y decidan acerca del porvenir de cada uno de ellos. Si bien los diálogos parlamentarios no agotan necesariamente la discusión, sí constituyen el mecanismo apropiado para el debate político, al establecer un formato de discusión comúnmente acordado, transparente, que garantiza que sus contenidos sean públicos y sus decisiones vinculantes.

El llamado por parte del gobierno a un diálogo extra-parlamentario genera una condición innecesaria de estrés, que sin comprometer del todo la validez de la iniciativa, la tensiona, complicando sus posibilidades de viabilidad y cubriéndola de un manto de duda acerca de la franqueza detrás de la invitación y la verdadera intencionalidad perseguida.

Todo esfuerzo de diálogo requiere de un ambiente de buena voluntad, cordialidad y apertura; y la responsabilidad de generar este ambiente recae principalmente en quien invita al diálogo. Difícil resulta pretender que quien es invitado a dialogar participe con confianza, cuando quien extiende la invitación, está al mismo tiempo embarcado en una campaña de permanente descalificación y atribución de culpabilidades. Un llamado al diálogo debiera partir por un acto de nobleza, humildad y generosidad política que, reconociendo las legítimas diferencias, valore los logros y aportes de todos quienes han sido invitados a participar en él.

Las iniciativas de diálogo político demandan, además, que las partes involucradas tengan un genuino interés por emprender un proceso de discusión y negociación a través del cual se persigue avanzar efectivamente en los niveles de bienestar del país, y la voluntad de negociar en un contexto de respeto e integridad política. Si quienes participan en este intercambio sólo buscan un efecto comunicacional que influya en los resultados de las encuestas o intentan bloquear o dilatar cualquier posibilidad de entendimiento, estaremos entonces frente a un esfuerzo estéril.

La negociación política, es un instrumento esencial de la democracia. Es por esta vía que se pretende lograr decisiones consensuadas respecto de temas políticos específicos; este consenso requerirá de un esfuerzo consciente por enfocar las discusiones en el problema objeto del debate y no en la persona de los actores que discuten y de concesiones por parte de quienes negocian. Las partes deben entender que ciertas concesiones en un proceso de negociación no son sinónimo de debilidad, sino que, por el contrario, de sabiduría y coraje político. Si bien no es razonable esperar que estas concesiones comprometan valores o principios esenciales para quienes dialogan, es necesario, para que una negociación sea efectiva y eficaz, que las partes en cuestión y quienes constituyen sus círculos de apoyo, estén dispuestas a ceder en temas que, no siendo principales, sí son importantes; de manera que todos los actores involucrados logren alcanzar al menos parte de sus aspiraciones. Sin esta voluntad, el diálogo será sólo una infructuosa pérdida de tiempo.

Es en este escenario que las responsabilidades de un gobierno que hace un llamado serio al diálogo no son menores y dicen relación con la creación de una atmósfera de confianza y apertura; con una intencionalidad clara; un mensaje verosímil y creíble para todas las partes y una agenda definida con anticipación; un marco de negociación pre establecido, con límites y tiempos precisos; y garantías de publicidad neutral en cuanto a los contenidos discutidos y los acuerdos alcanzados. Improvisados llamados a reuniones o cafés de último minuto, ciertamente no califican como esfuerzos dialogantes serios.

Y frente a un llamado al diálogo, las responsabilidades de la oposición son también relevantes. Es un deber de quienes participan en una iniciativa de negociación, acudir a esta con claridad meridiana respecto de lo que se pretende discutir, lo que se está dispuesto a negociar y lo que se espera obtener; expresando un compromiso que reconozca el valor vinculante de lo acordado; y un grado de coherencia política importante, sustentada en el reconocimiento de aquellos aspectos asociados a la identidad esencial de quienes negocian y el reconocimiento del peso que las cambiantes realidades internas y externas pueden tener en ella.

Claramente, las condiciones en que se ha efectuado el llamado al diálogo planteado por el presidente Piñera, lo hacen parecer más un esfuerzo de última hora por atender la baja en la encuesta CADEM, que un intento responsable por enfocarse en los problemas de fondo del país. Lamentablemente, lo anterior se ve complicado aún más, por una oposición cuya respuesta denota improvisación y desconcierto.

Si lo que el gobierno busca es realmente avanzar en la construcción de acuerdos, deberá entonces abandonar su estrategia adversarial, remplazándola por un genuino esfuerzo de diálogo y negociación, basado en la humildad, honestidad y sinceridad política; y si la oposición tiene un  franco interés por ser parte de este esfuerzo, deberá recuperar sus capacidad propositiva, lo que no ocurrirá sin antes haber resuelto mancomunadamente las interrogantes acerca de su identidad política.

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2 Comentarios en INVITACIÓN AL DIÁLOGO

  1. Los únicos objetivos de este dialogo, tienen que ver, en primer lugar, como lo dice muy bien la editorial y la frase de la semana de laventanaciudadana.
    Se usa este «artilugio», para manipular la agenda y distraer la atención, no tiene ni un «viso» de realidad, al gobierno no le interesa la opinión de la» ingenua oposición».
    La idea es además distraer a la oposición, dispersarla, para finalmente imponer las ideas del gobierno , lo que es igual a las ideas de Piñera.
    Gobierno fuerte y «dialogan-te».

  2. Los únicos objetivos de este dialogo, tienen que ver, en primer lugar, como lo dice muy bien la editorial y la frase de la semana de laventanaciudadana.
    Se usa este «artilugio», para manipular la agenda y distraer la atención, no tiene ni un «viso» de realidad, al gobierno no le interesa la opinión de la» ingenua oposición».
    La idea es además distraer a la oposición, dispersarla, para finalmente imponer las ideas del gobierno , lo que es igual a las ideas de Piñera.
    Gobierno fuerte y «dialogan-te».

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