“Tienen la fuerza, podrán avasallarnos, pero no se detienen los procesos sociales ni con el crimen ni con la fuerza. La historia es nuestra y la hacen los pueblos.” Salvador Allende, 11 de septiembre de 1973.

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¿La hora de rendir cuentas?

Con las primarias “no legales” del sábado 21 de agosto se debiera dar un paso importante para el cierre de la cédula presidencial con los candidatos más fuertes que competirán el domingo 21 de noviembre. Los tres tercios que han marcado la historia política del país en las últimas décadas, reaparecen en el tinglado electoral y lo hacen finalmente no como consecuencia de una decisión madura, racional y razonable de sus dirigentes, sino a pesar de su inepcia evidente.

Las “primarias legales” de julio determinaron las candidaturas de la derecha, con Sebastián Sichel, quien sorpresivamente barrió con Joaquín Lavín, UDI, el favorito de las encuestas, y de la izquierda, (FA / PC), flanco en que se impuso el diputado Gabriel Boric que sigue teniendo crecientes desencuentros con su rival el comunista Daniel Jadue. Con la nominación de la candidata o el candidato de la “centro izquierda”, más José A. Kast por la extrema derecha y el sindicalista Cristián Cuevas por la “izquierda populista” quedaría dibujado el panorama en su línea gruesa.

Por ahora, nadie apuesta a ganar en la primera vuelta. Aunque la postulación de centro-izquierda va bastante retrasada con respecto a sus principales adversarios, la inquietud ha comenzado a correr por las venas de la coalición oficialista. Analizando la situación, la senadora Van Rysselberghe lo ha dejado claro: “Lo peor que ahora nos podría pasar (a ChileVamos) es que ni siquiera pasemos a la segunda vuelta”.

Aunque por ahora nada es predecible, lo más probable es que los dos candidatos que pasen al balotaje de diciembre surjan de la derecha o de la centro izquierda o de la alianza de izquierda.

Los medios de comunicación más tradicionales (prensa papel y canales de televisión) procurarán que esta determinación final se dé entre las opciones más polarizadas pues tienen conciencia de que, pese a la muy mala calificación del gobierno actual de ChileVamos, consideran esperable que la ciudadanía prefiera a un diablo viejo conocido que a una aventura de cuestionable capacidad de gobierno.

Por el contrario, si la ronda final se diera entre “la izquierda de Boric” y la “centro izquierda”, o la “derecha de Sichel” y la “centro izquierda”, se ve más posible el triunfo de la “centro izquierda” porque se percibe una clara voluntad de cambios pero sin conflictos y dentro del orden institucional.

Boric se verá afectado por la candidatura de la izquierda populista de Cristián Cuevas y Sichel, por la postulación de extrema derecha de Kast, pero ello no garantiza el éxito temporal de la centro izquierda. Esta alianza de última hora tiene en su favor un pasado común que pese a las críticas marcó un largo período de progreso y de paz social pero que ahora estaría llamada a recuperar las confianzas indispensables y a mostrar su voluntad y capacidad de avanzar hacia una sociedad más humana y solidaria. Sin embargo, esa utopía como ideal no basta. Una sociedad fragmentada que tiene demandas urgentes que atender lo más pronto posible, no puede satisfacerse hoy con la inercia adormilada del pasado. Necesita más. Mucho más. 

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