La opinión pública tiene el deber y el derecho a oponerse a la impunidad, debe movilizarse y denunciarla !!!
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Los vientos cambian.

En este mismo medio, publicamos hace un par de meses, un comentario relativo a la promesa de campaña de Donald J. Trump en orden a rebajar  la carga tributaria a los multimillonarios y a las grandes corporaciones estadounidenses. Pues bien, el folklórico presidente cumplió su palabra. Lo curioso de esta situación radicaba en el hecho de que varias docenas de millonarios de ese país hicieron público un documento (por supuesto, ocultado por El Mercurio y la prensa seria de Chile) manifestando su oposición a la iniciativa ya que ello implicaría rebajar una serie de beneficios a los sectores medios y vulnerables, lo que sólo serviría para acrecentar las desigualdades y aumentar las tensiones sociales. ¿Y,  cómo estamos en Chile al respecto?

El nuevo Gobierno que asumió el 11 de marzo, destacó en su programa una medida clara: implementar una rebaja tributaria a las grandes empresas para   fomentar  crecimiento con la consiguiente generación de “buenos” empleos. Interrogados sus personeros acerca de cómo se financiaría  la “caja fiscal” en tal caso, ya que la sola  reforma educacional implicaba  altos gastos comprometidos por ley,  sus respuestas fueron categóricas: uno, eliminando la “grasa” del Estado, es decir despidiendo al alto número de operadores políticos que habrían sido contratados bajo el mandato de la Nueva Mayoría; dos, con la mayor recaudación que generaría el crecimiento económico. Los medios de comunicación tradicionales y los numerosos expertos siempre disponibles para aplaudir sin cuestionar, aceptaron sin mayor problema esta tesis.

Pues bien, la campaña ya terminó y ha llegado el momento en que pesan las palabras. Como dice el refrán, “somos dueños de nuestros silencios y esclavos de nuestras palabras”.

El suplemento de “Economía y Negocios” de “El Mercurio” (domingo 11 de marzo de 2018, pág. B 11),  llamó la atención de   los sectores empresariales adherentes al nuevo gobierno con algunas informaciones sorprendentes.

En entrevista destacada al director de Soberanos de  “Fitch Ratings”,  Todd Martínez, el ejecutivo afirma textualmente:

“Somos escépticos sobre planes fiscales que ‘se pagan por sí mismos’ impulsados por el crecimiento”.

“Si bien las cifras de crecimiento y las cuentas públicas se deterioraron durante el gobierno de Bachelet, por lo cual rebajamos la clasificación, pensamos que tuvo más que ver con el contexto externo adverso que  con su gestión”.

“Es difícil decir si esto fue ‘un costo de transición’ inevitable antes de la aparición de los eventuales beneficios, o un mal diseño y/o comunicación como alegan algunos analistas”.

“Las cifras muestran claramente que la causa principal (del deterioro fiscal) fue la fuerte caída en el precio del cobre ya que la reforma tributaria financió los aumentos en el gasto social”.

“Un mayor ajuste fiscal habría conllevado consecuencias macroeconómicas y políticas no deseables”.

“La meta (de Piñera” de alcanzar el balance estructural  no ha sido acompañada por propuestas fiscales concretas y claras hasta ahora ….De hecho, ha habido más detalles sobre medidas que aumentarían el déficit”-

Para que lo transcrito no aparezca como divagaciones personales, paralelamente el decano de la prensa nacional publica la opinión de Joydeep Mukherji, director analístico para América Latina de S&P Global Ratings, agencia de clasificación  de riesgo que rebajó la nota  del país”. Dice el ejecutivo:

“Cumplir los objetivos de gasto (del nuevo Gobierno) depende de la disposición de los chilenos a pagar más impuestos o permitir que el Gobierno incurra en mayores déficits fiscales. Es una elección política”.

Para cerrar el día, se entrevista a Claudio Muñoz, Presidente de ICARE, preguntándole: “¿Es partidario de bajar la tasa impositiva o solo hay que simplificarla?, a lo que Muñoz responde:

“Hoy día tenemos una situación tributaria compleja y eso no es bueno. Y hay que llevar a simplificar las estructuras tributarias, hago énfasis en simplificar más que en reducir. Evidentemente que los gobiernos necesitan de los impuestos que pagamos los privados, eso es evidente, y probablemente cuando hay demandas sociales importantes, reducir los impuestos es un problema. Pero no es un problema simplificarlo”.

Es decir, ahora se hace indispensable dejar de lado la demagogia de la campaña (que es más peligrosa cuando proviene de sectores que tradicionalmente se han autodefinidos como serios y expertos) para enfrentar la realidad con el rigor y la seriedad que las circunstancias demandan.

Para ingresar al área chica, pensamos que deben tenerse presente algunas afirmaciones básicas:

1.- La economía chilena es una economía pequeña, abierta y, por tanto, muy sujeta a ser afectada por riesgos externos;

2.- La situación fiscal es estrecha y el acrecentamiento del gasto público requiere financiamiento estructural y no eventual;

3.- La sociedad chilena es una sociedad inequitativa en la que, precisamente, los niveles de desarrollo alcanzados abren las puertas a nuevas e impostergables demandas sociales que deberán ser encauzadas y atendidas;

4.- Las grandes fortunas, concentradas en doce familias y dos centenas de individuos, se han construido en gran medida con el “aporte país” (bonificaciones, subsidios, colusiones, evasión y elusión tributarias, especulación financiera, etc.).

¿No habrá llegado la hora de discutir seriamente la posibilidad de un impuesto al patrimonio?

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1 Comentario en Los vientos cambian.

  1. Buena idea la del impuesto al patrimonio (sobre todo cuando los patrimonios son mal habidos).

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