«Las democracias modernas mueren principalmente a causa de lideres electos que erosionan las normas democráticas desde adentro, no por golpes de Estado. La polarización extrema, el rechazo a las reglas del juego y la deslegitimación del adversario político, son alertas claves de una tendencia autoritaria».

Steven Lepitskig

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La máquina triste: en lo que nos estamos convirtiendo [*]

Ugo Bardi

Desde Florencia, Italia
Giorgio Agamben analiza cómo estamos siendo destruidos por una ola interminable de leyes, decretos y reglamentos que invaden nuestro espacio vital, y nos imponen otra ola interminable de propaganda. La lúgubre máquina en la que vivimos eventualmente se destruirá a sí misma, pero llevará tiempo. Arriba, un clip de Seven7Lives que parece apropiado como comentario: https://youtu.be/kfFuckTgnc4   .  

Lo lícito, lo obligatorio y lo prohibido


por Giorgio Agamben

Según los juristas árabes, las acciones humanas se clasifican en cinco categorías, que enumeran de esta manera: obligatorias, loables, lícitas, reprobables y prohibidas. A lo obligatorio se opone lo prohibido, lo que merece alabanza, lo que ha de ser reprobado. Pero la categoría más importante es la que se encuentra en el medio y constituye, por así decirlo, el eje de la balanza que pesa las acciones humanas y mide su responsabilidad (en la jerga jurídica árabe se dice que la responsabilidad significa «peso»). Si loable es aquello cuya ejecución es recompensada y cuya omisión no está prohibida, y reprobable es aquello cuya omisión es recompensada y cuya ejecución no está prohibida, lícito es aquello sobre lo cual la ley sólo puede guardar silencio y por lo tanto no es obligatorio ni prohibido, ni loable ni reprochable. Corresponde al estado celestial, en el que las acciones humanas no producen responsabilidad, no son de ninguna manera «pesadas» por la ley. Pero -y este es el punto decisivo- según los juristas árabes, es bueno que esa zona que la ley no puede de ningún modo tratar sea lo más amplia posible, porque la justicia de una ciudad se mide precisamente por el espacio que deja libre de normas y sanciones, premios y censuras.

En la sociedad en la que vivimos ocurre exactamente lo contrario. La zona de lo lícito se achica cada día, y una hipertrofia normativa sin precedentes tiende a no dejar ninguna esfera de la vida humana fuera de la obligación y la prohibición. Gestos y hábitos que siempre se habían considerado indiferentes a la ley, ahora son minuciosamente regulados y puntualmente sancionados, hasta el punto de que ya casi no hay esfera del comportamiento humano que pueda considerarse simplemente lícita. Primero, razones de seguridad no identificadas y luego, cada vez más, razones de salud han obligado a tener un permiso para realizar los actos más habituales e inocentes, como caminar por la calle, entrar en un lugar público o ir al lugar de trabajo.

Una sociedad que restringe tanto el ámbito paradisíaco del comportamiento no ponderado por la ley no sólo es, como creían los juristas árabes, una sociedad injusta, sino que es propiamente una sociedad invivible, en la que toda acción debe ser autorizada burocráticamente y legalmente sancionada, y la facilidad y la libertad de las costumbres, la dulzura de las relaciones y las formas de vida se reducen hasta la desaparición. Además, la cantidad de leyes, decretos y reglamentos es tal, que no sólo se hace necesario recurrir a expertos para saber si una determinada acción es permisible o prohibida, sino que incluso los funcionarios encargados de hacer cumplir las normas se vuelven confusos y contradictorios. .

En tal sociedad, el arte de la vida sólo puede consistir en minimizar la parte de lo obligatorio y de lo prohibido y, a la inversa, ampliar al máximo la zona de lo lícito, la única en la que si no la felicidad, al menos la alegría se hace posible. Pero esto es precisamente lo que los desgraciados que nos gobiernan se esfuerzan por impedir y dificultar multiplicando las normas, los controles y los frenos. Hasta que la aburrida máquina que han construido se arruine sobre sí misma, atascada por las mismas reglas y dispositivos que se suponía que le permitirían funcionar.

Fuente: [*] 02.12.2022, desde el blog de Ugo Bardi «The Seneca Effect” (“El Efecto Séneca”),autorizado por el autor.

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2 Comentarios en La máquina triste: en lo que nos estamos convirtiendo [*]

  1. Alto Nivel, gran artículo y una inmensa verdad en sus razonamientos Profesor Ugo Bardi.

    • Coincido con Juan Luis Castillo. Excelente el artículo de Giorgio Agamben compartido por el profesor Bardi. Recomendable lectura para políticos y legisladores.

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