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LA MUDANZA

Gladys Semillán Villanueva

Embajadora por la Paz de las Naciones Unidas por la Letras UNILETRAS. Ave viajera de Semillas para la Juventud

Desde Castelar, Argentina

Mes de junio, hace frío pero casi no lo siento, es tanto lo que tengo que hacer.
Doy vueltas por la casa  la miro con nostalgia todo me duele pero
debo ser realista y ponerme en marcha.
Anticipé mi llegada para dedicarme un día entero a despedirme.
Esa casa significaba mucho, no solo recuerdos sino como habíamos llegado a ella.

Tenía un poco de frío así que me abrigué más y encendí la calefacción por última vez.
Preparé una taza de té, me acomodé en el sillón grande y me dejé estar.
Que los recuerdos me invadieran, se dieran un festín con la memoria y me ayudaran a separarme de esas paredes que eran el resultado de mi diseño cuando hubo que construirla.

Las cajas estaban aún en el coche plegadas.
Entorné los ojos y me vi con mamá recorriendo el jardín despacito pues ya comenzaba con su problema.
Miraba todo con nostalgia sabe Dios qué pensaba que extrañaba.
Recuerdo que no pregunté nada solo que la abracé fuerte y
mirándome profundamente me dijo…”Loquita”…y nos dimos un beso hermoso.

Era la casa de la playa, esa que nos hacía llegar el sonido del mar y el aroma fuerte de los pinos y los eucaliptus.
La que supo de nuestras risas y parloteos alrededor de una mesa de navidad o año nuevo festejando los asados de privilegio de mi sobrino Juan Bautista y las deliciosas ensaladas de mi sobrina Josefina.
Esta que vio llegar de pocos meses a Solci, la primera hijita de Josefinita.
La trilogía de una familia que comenzaba a darle nueva vida a esas paredes cargadas de sueños, Josefina, Nicolás y Sol.

Mamá ya no estaba no conoció a su bisnieta,..hubiera sido tan feliz con ella
como lo soy yo que reconozco saco fuerzas no sé de dónde por estar bien y disfrutar de los juegos y alegrías que nos prodigamos.
¡Cuánto guarda una casa de las gentes que la habitan!
Miraba las paredes y me decí… si ellas hablaran…

Estaba anocheciendo, corrí las cortinas, encendí un velador ese que adoraba la luz tenue que repartía y se hacía cómplice de mis escritos cuando venía sola algún fin de semana y me preparaba para no salir y dejarme acurrucar y que las palabras escaparan desde mis pensamientos se trasladaran a las yemas de los dedos y en el teclado de la ‘compu’ hicieran un pequeño concierto de sonidos parecidos pero distintos.
Aquellas horas…son el pasado pero me han dejado cosas buenas y un aprendizaje increíble.

Amanecí decidida a separarme de la mejor manera ya muchas cosas estaban embaladas desde el anterior viaje.
Así que fui poniendo en las cajas todo lo que llevaría en el coche, la mañana era hermosa, el sol entraba por todas las ventanas y por la salida del comedor veía mi enredadera de flores amarillas plena de vida y color.
Hice un alto recorrí el jardín y con una emoción indescriptible descubrí debajo de un pino el jazmín del cabo que habíamos plantado con mamá; allí protegido me ofrecía su último pimpollo pequeño, recién armado, tímido.
Lo corté y lo guarde en un libro de poemas que ya estaba guardado.

Recordé la botella de espumante que habíamos destapado en un asado cuando ya Solcito estaba  en la pancita de Josefinita y se nos ocurrió enterrar un mensaje para ella.
Con entusiasmo repartimos hojas y bolígrafos y escribimos con el corazón estallando de felicidad, …era un mensaje de amor para quien esperábamos con tanta alegría.
Tomé mi pala jardinera la desenterré, le quité la arena y la puse envuelta en una toalla junto a mi asiento en el coche.
Ahora ya Solci tiene 9 añitos y esta Navidad se va a enterar qué le deseamos por aquellos días.

Todo quedó ordenado, guardado con mucho cuidado;  al día siguiente vendría la mudadora.
Sola, ante una casa que se deja que no se volverá a pisar, que no se correrán las cortinas no importa si con sol  o con lluvia
Que mi música no la invadirá, que Sol y su hermanito Lautaro no jugarán por las lomitas de arena.
Y que no volverán a su PINAMARCITO, como bautizó la niña a la casa.

Cuesta desprenderse, pero miro la otra cara de la moneda, todo tiene
una razón de ser.
Se deja algo pero siempre aparece otra cosa para darnos a entender que la vida comienza cada mañana, que habrá nuevas oportunidades, lo principal es estar juntos, quererse, armar lo cotidiano con fe y siendo ejemplo de las buenas cosas para que ellos también aprendan a…desprenderse.

Argentina, 15.09.2020

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