«Nuestro país requiere sumar voluntades tras el logro de cambios significativos en la sociedad. Todos los estamentos públicos y sociales, deben cambiar: egoísmo por solidaridad,  crecimiento por desarrollo, Compromiso por la displicencia y la apatía,…  Sumando a ello una visión integral de ciudadanía , la sabiduría por la ignorancia,  unidad por sobre dispersión«

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LA NATURALEZA COMO UN SUJETO DE DERECHO: FUNDAMENTOS (Parte 2)

Alberto Peña Cornejo

Ingeniero Forestal. Universidad de Chile.

DESARROLLO

En 2006, con apoyo del PNUD Guatemala, se publicaba el libro COSMOVISIÓN MAYA. PLENITUD DE LA VIDA[i], en este precioso libro, tanto por su contenido pero también por su edición, en su Preámbulo, se reflexionaba acerca de la definición de Desarrollo Humano como un concepto que “… pretende ser eficiente para reducir la pobreza y crear igualdad de oportunidades. Un concepto cuyos objetivos son mejorar las condiciones de vida de los ciudadanos a través de un incremento de los bienes para cubrir sus necesidades básicas y complementarias, y establecer un entorno en el que se respeten los derechos humanos”, pero plantea -dicho preámbulo-, que ese desarrollo es también un desarrollo con ética (con dignidad agregaríamos hoy en Chile), pero no con una ética que se imponga por mandato, sino por la formación de valores de equidad e igualdad de oportunidades, de liderazgos cuyas decisiones incidan sobre la vida de los pueblos.

Una ética, al decir de Bernardo Kliksberg,  que tome en cuenta “las bases de nuestras culturas latinoamericanas, nuestras creencias religiosas, espirituales, nuestras creencias filosóficas, el ejemplo de nuestros libertadores, nuestras culturas indígenas, tienen un fondo cultural presidido por esos valores. Ha llegado el momento de rescatarlos[ii].

Todo este conjunto de ideas, principios, criterios, son absolutamente coherentes con lo que los diversos pensadores vienen planteando acerca de la necesidad de instalar un nuevo paradigma que amplíe los estrechos horizontes ofrecidos por la filosofía mecanicista y el antropocentrismo, con el concurso adicional de los saberes de nuestros distintos Pueblos, ya que sabemos que una sociedad multiversa es una sociedad más rica y que puede enfrentar grandes desafíos recurriendo a sus diversas culturas y saberes. Es justamente lo que nos vienen diciendo hace rato en Chile pensadores como Humberto Maturana, Gastón Soublette, Ziley Mora, entre muchos otros.

Ya nuestra Convención Constitucional ha dado un gran paso al incluir en los escaños reservados a representantes de nuestros distintos pueblos y elegir, para su primera presidencia, a la académica Elisa Loncon.  De esta forma se asegura que las distintas cosmovisiones se plasmen en el proceso de elaboración de la Nueva Constitución, junto a las del resto de la sociedad chilena.

De esta manera, la Nueva Constitución junto con recoger las distintas cosmovisiones debe recoger los nuevos conocimientos, dentro de ellos, el dejar de considerar a la Naturaleza como un mero depósito de recursos naturales que se explotan infinitamente y en forma desordenada, sin respeto a los límites que impone la propia Naturaleza.

Hoy por ejemplo, hemos aprendido que en los léxicos de nuestros pueblos originarios habitan palabras de profundo contenido y sentido que dialogan al mismo nivel que las nuevas palabras de la ciencia; un ejemplo de ello es el léxico mapuche Itrofill mongen, que muchos lo asocian a la palabra científica biodiversidad, sin embargo Itrofill mongen va más allá: es toda la vida en sus infinitas manifestaciones (flora, fauna, agua, aire, tierra, espacio, etc.)[iii]. Incluye las relaciones entre todos los componentes vivos y su relación con el entorno, puesto que el Itrofill mongen no se explica sin el Mapun. El Itrofill mongen tiene su lugar en el Mapun. Este es un espacio definido que posee las condiciones de vida, sociabilidad y colaboración mutua entre familias, es el contexto socionatural. Se le denomina mapun o mapu a un espacio compuesto por territorio, su relieve, energías, espiritualidades, fuentes de aguas, flora, aires; luego, animales, aves, entre otros seres vivos que van formando auténticas naciones. Hasta los seres más minúsculos poseen sistemas de conservación de su propia especie, definición territorial, organización, comunicación y abastecimiento alimenticio[iv].

Otros conceptos muy interesantes son Pachamama[v]Patta Hoiri, Ñuke Mapu, que adquieren el carácter de deidades y que son veneradas por los pueblos aymara, quechua, licanantai y mapuche dándoles un significado como “Madre Tierra”, y que configuran conceptos de categoría similar a un holobionte o al de Gaia. Es decir esa antigua percepción originada en su cosmovisión hoy dialoga con los nuevos conocimientos de la ciencia como los descubiertos por Lynn Margulis, James Lovelock, Fritjof Capra, y que Ziley Mora y Gastón Soublette han relevado en sus estudios y conversaciones.

Es decir, la Naturaleza, sus componentes y relaciones constituyen una red compleja que habita la Tierra y en la cual la Humanidad es apenas una más de sus especies, quizás la con mayor responsabilidad porque, parafraseando al doctor Carl Sagan, ‘somos polvo de estrellas’ con capacidad para reflexionar sobre nosotros mismos, es decir, con  conciencia de existir, tomando muy en cuenta lo que nos enseña Fritjof Capra cuando nos dice que la mente no es una cosa, sino un proceso; la mente es el proceso de cognición, que no es más que el proceso de la vida, y la conciencia constituye una forma más elaborada de ese mismo proceso[vi].

Pero nada de ello nos instala como los más importantes, apenas los con mayor responsabilidad en el cuidado de la Tierra (o de la “casa común” como ha definido el actual Papa Francisco I[vii]).

La desacralización de la Naturaleza a que nos llevó la filosofía mecanicista y el antropocentrismo, nos hizo creer que la Naturaleza era simplemente una cornucopia inacabable de recursos infinitos, de los cuales el ser humano era su amo y señor y que podía expoliarla a su antojo y sin límites.

Hoy vemos con asombro que tal creencia está a la base de la devastación ambiental y posiblemente espiritual que nos rodea.

Se requiere de una nueva “sacralización” de la Naturaleza, no una que nos lleve de vuelta al pasado, que ya pasó, sino una que aproveche lo mejor del conocimiento logrado en la modernidad y el modelo cartesiano, pero sin perder de vista que la Naturaleza, la vida, es un todo indivisible.

Tal como plantea Rigoberta Menchú[viii]: “Se trata de la misión de volver a nuestra Madre Tierra, a nuestra Madre Naturaleza, para dar comienzo a un nuevo B’aqtun (ciclo de cuenta larga del calendario maya) que fue anunciado por nuestros ancestros, a una nueva era en la que florezcan los valores del amor, solidaridad, hermandad, lealtad, respeto de sí mismo y hacia los demás, en suma, la humanidad”.

Posiblemente sea la Teoría de Santiago[ix] la que otorgue el primer marco científico coherente que soluciona el divorcio entre mente y materia, que fue lo que ocurrió con la filosofía mecanicista al separar sujeto del objeto, como explicó en detalle Morris Berman en su libro El Reencantamiento del Mundo.

Desde otra perspectiva, también es necesario dejar de lado la supuesta discrepancia entre Civilización o Barbarie, controversia nutrida por los intereses comerciales y de expansión colonialista externa e interna en el siglo XIX hasta bien entrado el siglo XX.

De hecho hay que tener en consideración que el término civilización es un neologismo que aparece tardía y casi furtivamente en Francia en el siglo XVIII, fabricado a partir de las palabras “civilizado” y “civilizar” y se opone grosso modo a “barbarie”. Por un lado están los pueblos civilizados; por el otro, los pueblos salvajes… No cabe duda que en este término de “civilización”, la sociedad francesa del final del reinado de Luis XV reconoce, con complacencia, su propia imagen[x].

En Chile, tenemos la oportunidad para iniciar el camino del retorno a casa, el proceso de reconocernos todos: Humanidad y Naturaleza, en el gran desafío y tarea de redactar una Nueva Constitución. Estas reflexiones quieren ser un aporte para ayudar a pensar o al menos a mirar que hay otras perspectivas y existen procesos que vienen caminando hace siglos y que en estos tiempos parecen converger para alumbrar  nuestro propio caminar.

Además, paulatinamente comienzan a instalarse conceptos que nos abren otras dimensiones cuyas definiciones son muy prácticas, como por ejemplo la nueva definición del concepto de Seguridad Humana[xi] que es un enfoque que ayuda a los Estados Miembros a determinar y superar las dificultades generalizadas e intersectoriales que afectan a la supervivencia, los medios de subsistencia y la dignidad de sus ciudadanos», que según se señala en la resolución 66/290 de la Asamblea General de las Naciones Unidas, el mundo de hoy es para muchas personas un lugar inseguro, plagado de amenazas en múltiples frentes. Las crisis prolongadas, los conflictos violentos, los desastres naturales, la pobreza persistente, las epidemias y las recesiones económicas imponen privaciones y socavan las perspectivas de paz, estabilidad y desarrollo sostenible. Esas crisis son complejas y entrañan múltiples formas de inseguridad humana[xii].

A esta definición contribuye también la Seguridad Ambiental expuesta por el doctor en Derecho Jorge Bermúdez Soto[xiii] que señala:

“Una de las principales obligaciones del Estado es la de dar seguridad a su población (art. 1 inc. 4º CPR). Esa seguridad no sólo comprende lo que hoy se denomina como seguridad ciudadana, y que en el Derecho Administrativo tradicional se identifica con la mantención del orden público; también deben incorporarse otras nociones, englobadas en el concepto de seguridad ambiental. La seguridad ambiental implica garantizar a la población que no se verá afectada, o al menos no de una manera que ponga en riesgo su supervivencia, por los diversos eventos que tienen lugar en el medio ambiente y por los distintos impactos que éste soporta. En un escenario de población creciente, en que la presión sobre los bienes naturales y sobre los Estados que los posean será cada vez más insostenible, en que los ecosistemas han sido alterados de manera irremediable, sin que sean ya capaces de proveer de los servicios ambientales que dábamos por supuestos, la consideración de la seguridad ambiental de la propia población constituye un deber ineludible para el Estado”.

Y es justamente en este último aspecto resaltado por el doctor Bermúdez, y al cual se suma toda la argumentación del cambio de paradigma y la necesaria consideración de dejar atrás la filosofía mecanicista y la deconstrucción del antropocentrismo, que es preciso avanzar en la definición de la Naturaleza como sujeto de derecho, no sólo porque se trata de un holobionte sino porque del respeto a su derecho a existir depende el derecho a existir de la Humanidad como ya ha quedado demostrado ante la crisis climática que tenemos en ciernes; los fenómenos del Cambio Climático y de la Desertificación, que se retroalimentan y generan efectos sinérgicos acumulativos, son el resultado de haber separado el sujeto del objeto, de haber creído durante largo tiempo que la Humanidad era ama y señora y podía expoliar a su antojo a la Naturaleza; de haber pensado que la vida era una entidad solamente mecanicista. De habernos “enseñoreado” de la Naturaleza. 

FUENTE DE IMAGEN  (Foto: Diego Pérez / WCS)

https://www.actualidadambiental.pe/presentan-proyecto-de-ley-que-reconoce-derechos-de-la-madre-naturaleza/

REFERENCIAS


[i] http://funsepa.net/guatemala/docs/Cosmovision_Maya_Plenitud_de_la_vida.pdf Visitado 11.12.2021.

[ii] Ídem, p. 8.

[iii] https://www.forestal.uach.cl/manejador/resources/modelosforestalesy-mundomapucheuach2019-bernardo-pilquinao.pdf Visitado 11.12.2021.

[iv] https://endemico.org/itrofill-mogen-toda-la-vida-sin-excepcion/ Visitado 11.12.2021.

[v] https://definicion.de/pachamama/ Visitado 11.12.2021.

[vi] Fritjof Capra. El Tao de la Física. Una exploración de los paralelismos entre la física moderna y el misticismo oriental. Editorial Sirio. 13ª edición. 2019, p. 14.

[vii] https://www.oas.org/es/sg/casacomun/docs/papa-francesco-enciclica-laudato-si-sp.pdf Visitado 11.12.2021.

[viii] http://funsepa.net/guatemala/docs/Cosmovision_Maya_Plenitud_de_la_vida.pdf, p. 13. Visitado 11.12.2021.

[ix] https://web.inteco.cl/articulos/id/23 Visitado 11.12.2021

[x] Fernand Braudel. Las Civilizaciones Actuales. Editorial TECNOS. 1983, p. 13.

[xi] https://www.un.org/humansecurity/es/what-is-human-security/ Visitado 11.12.2021

[xii] Este aspecto ha sido muy bien recogido por el libro Chile necesita un Nuevo Modelo Forestal ante los desafíos climáticos, sociales y ambientales, particularmente en su Capítulo 1: El Sector Forestal y la Seguridad Nacional;  elaborado por la Agrupación de Ingenieros Forestales por el Bosque Nativo (AIFBN), publicado por LOM Ediciones LOM en diciembre 2019.

[xiii] Jorge Bermúdez Soto. FUNDAMENTOS DE DERECHO AMBIENTAL. Ediciones Universitarias de Valparaíso. 2ª Edición. 2018, p. 13.

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