
Vivir en el fin del capitalismo
Desde Murcia, España.
Vivir en el fin del capitalismo
El capitalismo es, probablemente, la forma de organización natural para una especie con nuestras capacidades. Pero su situación siempre fue insostenible. El único sistema realmente sostenible es adaptarse a la biocapacidad del lugar. Así vivimos durante el 99 % de nuestra historia sobre la Tierra.
Nuestro problema hoy es fácil de entender: consumimos más de treinta veces la energía que consumíamos como especie y además somos más de ocho veces más numerosos.
Durante dos siglos confundimos una herencia energética irrepetible con prosperidad permanente.
Pero las facturas de la física siempre acaban llegando.
Este derroche energético, esta enorme ineficiencia y el tamaño actual de la población han desencadenado un proceso mundial de descomposición política de los Estados.
No podemos pagar nuestro estatus. Y gran parte del dinero se concentra en muy pocas manos.
Hoy, el 80% de los alemanes declara preocupación financiera, el 73% de los estadounidenses afirma sufrir estrés económico significativo y el 88% de los británicos considera que el coste de vida es el principal problema nacional.
Si esto sucede en algunos de los países más ricos del planeta, ¿cómo estará el resto del mundo?
Sin embargo, el problema está siendo provocado por algo de lo que apenas se habla.
Instituciones como la FAO, la Rockefeller Foundation y diversos estudios académicos coinciden en una conclusión extraordinaria:
—el coste real de la alimentación triplica el precio visible del ticket de compra, y además esa alimentación es responsable de más de la mitad de la huella de consumo del planeta—
Cuando se suman los costes sanitarios, ambientales, sociales y energéticos asociados a la alimentación, junto con el trabajo doméstico necesario para cocinar y gestionar la comida, el coste real en España equivale a unos 515 euros por persona al mes.
Al introducir esta cifra en los ingresos de los hogares por deciles y unidad de consumo equivalente aparece una realidad que descompone las democracias y pone la gobernanza patas arriba.
“La democracia no se rompe en las urnas. Se rompe mucho antes, cuando una parte creciente de la población deja de poder cubrir el coste real de la vida.”

El primer decil no llega a cubrir el coste real de su alimentación.
El segundo dispone de apenas 334 euros mensuales para vivienda, energía, transporte, ropa, salud e imprevistos.
Incluso los hogares situados en torno a la denominada clase media destinan una parte enorme de sus recursos reales a sostener algo tan básico como comer.
Los primeros deciles no pueden cubrir el coste real de la vida mientras los últimos todavía conservan excedentes significativos después de hacerlo.
Y aun así seguimos preguntándonos por qué crecen la polarización política, el voto de protesta o los movimientos antisistema.
¿De verdad creemos que todo esto aparece por casualidad?
La salida existe.
No existe un planeta B.
Pero sí existe una forma de reducir radicalmente el consumo energético, reconstruir tejido social y re encajar la vida dentro de la biocapacidad local.
Un experimento ya operativo en núcleos urbanos demuestra algo sorprendente: el coste de una dieta eco suficiente es inferior a los costes ambientales que genera el sistema alimentario actual. Dicho de otra manera: si evitamos esos daños, la comida local podría ser pública y gratuita.
Vídeo del proyecto piloto:
https://www.youtube.com/watch?v=869wPRXwvL0&utm_source=chatgpt.com

Cada semana aparecen nuevos artículos sobre colapso, polarización, clima, desigualdad, situación de los océanos, o energía.
Pero muy pocos responden a una pregunta sencilla:
¿Qué hacemos mañana a las ocho de la mañana con 120 vecinos?
Y, sin embargo, las encuestas ofrecen una respuesta inesperada.
Cuando se presenta a la población un programa de transformación eco social —democratización económica, servicios públicos universales, reducción de desigualdades, control democrático de sectores estratégicos y transición ecológica— el apoyo alcanza aproximadamente el 72% en Estados Unidos y el 82% en Reino Unido.
Quizá la cuestión ya no sea si la sociedad desea cambiar.
Quizá la cuestión sea quién se atreve a construir el primer paso.
J. Pagan
19.06.2026
N. del E.
Fuente de imagen superior: https://lasoga.org/el-fin-del-capitalismo/







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