«Aquellos o aquellas que creen que la política se desarrolla través del espectáculo o del escándalo o que la ven como una empresa familiar hereditaria, están traicionando a la ciudadanía que espera de sus líderes capacidad y generosidad para dar solución efectiva sus problemas.»

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“LOS 60: UNA SEGUNDA ADOLESCENCIA”

Sigrid Mennickent Cid

Químico Farmacéutico, Magíster en Ciencias Farmacéuticas. Académico Facultad de Farmacia. Universidad de Concepción.

Y cumplí 60. Sesenta años. Un día de marzo de este año. Fue un día hermoso, con una gran celebración familiar porque aprovechamos de celebrar a tres cumpleañeras de marzo de nuestra familia. Y el día siguiente fue como cualquier otro día. Nada había cambiado, era la misma persona, con los mismos sentimientos, emociones, con el mismo carácter, en fin, era yo, como siempre…. ¿O no era así?

Me di cuenta, de a poco, que cumplir los 60 marcaba un antes y un después. Un antes y un después en la Isapre, por ejemplo, en que ahora me dan un ticket para que espere en el primer piso. “¿Esto será para que no suba la escalera?”- pensé la primera vez que me sucedió- “No puede ser, son solo unos pocos escalones…hum, ¡qué raro!, ¡no lo puedo creer!” “¿A mí a quien le encanta caminar, hacer trekking, andar en bicicleta, remar, practicar zumba? “¿Me están cuidando de no subir 10 peldaños de una escalera?”, “¿es porque cumplí 60?”

” Ahhh, verdad, es que ahora soy de la tercera edad, una “persona mayor”. “¿Mayor que quién?” Hasta irónico me pareció pensarlo. Siempre somos mayores que algunos y menores que otros. 

Pero, claro, el concepto se refiere a una persona que ya es bastante mayor, aquellas que, hasta hace poco tiempo, se definían como “adultos mayores” y, años antes, como “abuelitos o abuelitas”, “ancianos o ancianas”, “viejos” y otros tantos términos.

Abuelita lo soy y amo serlo, pero, cuando el término se utiliza para referirse a personas bastante mayores, suena diferente.

Bueno, volviendo a los 60, empecé a pensar que estaba como en una segunda adolescencia. No me siento de aquí ni de allá, no me siento “persona mayor” o “vieja” pero tampoco “adulta joven” y menos “joven”. No me identifico plenamente con ninguno de estos grupos etarios, aunque mucho más con el segmento de “adulta joven” o, más específicamente, con el grupo al que acabo de dejar de pertenecer…al de los “cincuentones”.

Unos días después del primer episodio en la Isapre (he ido tres veces desde que tengo 60), vino otro en la Municipalidad al ir a renovar la licencia de conducir. Creo que ya era una especie de perplejidad que me había quedado desde la Isapre. Me preguntaron si conducía todos los días, si conducía fuera de la ciudad, cosas así “Oh, no”-pensé- “aquí vamos de nuevo” “claro que conduzco, conduzco todos los días, voy a mi trabajo, voy a diversos lugares, amo conducir, es uno de mis hobbies favoritos y salgo de la ciudad tan seguido como puedo, conduciendo 4 a 5 horas cada vez”- pensé. Contesté que conducía todos los días. Después supe que les preguntaban lo mismo a todas las personas, al menos en la municipalidad de mi comuna. Pero, a esa altura, como dije antes, yo ya presuponía que todo era consecuencia de los 60.

Ni físicamente ni en mi forma de ser represento 60. No lo digo yo solamente, sino todos quienes me conocen. A los 18 no me dejaban entrar a ver películas para mayores de esa edad si no llevaba mi carné de identidad. Mi mamá siempre me decía que después lo agradecería, porque, en ese momento, me daba rabia. Y era verdad, ahora me gusta…mucho. Además, creo que quienes trabajamos con niños o con jóvenes absorbemos de alguna manera rasgos de la forma de ser de ellos y ellas, lo que se ve reflejado en nuestra forma de ser.

Entonces no me creo que tenga 60. No es que me lo niegue o no quiera aceptarlo. No me reconozco como alguien de esa edad. Así como un o una adolescente no se reconoce en su proceso de paso de niño a adolescente y se plantea un montón de dudas, preguntas, incertidumbres, así me planteó yo esta transición entre “cincuentona” y “persona mayor”.

Es frecuente escuchar, hasta uno lo dice “se echó a perder tal cosa…es que ya está viejo”. Uffff… ¿quizás las personas mayores también inspiramos eso? espero que… ¡no!

Las mujeres podemos recurrir al bótox, al ácido hialurónico…en fin, a varias “recauchaditas” cada cierto tiempo… ¿pero podemos acceder a rejuvenecer nuestro corazón, nuestra historia? Porque somos, en gran parte, reflejo de nuestra historia y eso es un legado, para bien o para mal, que guardamos en nuestro corazón, en nuestra mente y que condiciona muchas de nuestras acciones y decisiones.

En los últimos años también me ha pasado que, cuando tengo que seleccionar mi año de nacimiento cuando postulo a un proyecto o respondo alguna encuesta, tardo bastante en llegar a él ¿Les ha sucedido? Ya cuando veo que lo solicitan, pienso cuánto tiempo gastaré en llegar desde el año actual al de mi nacimiento.

Todos sabemos que envejeceremos, lo sabemos desde que somos niños, pero, lo que no sabíamos antes, era que, cuando llegáramos a los 60 empezaríamos a pertenecer a otro grupo de personas y a ser tratados de otra manera.

Como los adolescentes, debemos dar respuesta a nuestras preguntas, incertidumbres, dudas, y seguir siendo los mismos, los que somos, aún cuando la sociedad nos encasille de alguna manera diferente. Y aprovechar cada día como si fuera el último, independiente de la edad que tengamos.

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