«Cuando los dirigentes hablan de paz, el pueblo sabe que se avecina la guerra»

Bertold Brecht

Actualmente nos leen en: Francia, Italia, España, Canadá, E.E.U.U., Argentina, Brasil, Colombia, Perú, México, Ecuador, Uruguay, Bolivia y Chile.

Manipulación y circunstancia

Rodrigo Pulgar Castro

Doctor en Filosofía Académico del Departamento de Filosofía Universidad de Concepción

La circunstancia como experiencia de un hecho vital, nos lleva a mirarla para comprender lo que somos o creemos ser. Al final, por mucho que pretendamos independencia de los hechos, resulta cierto que somos aquello que las circunstancias son, y esto es una realidad comprobable cuando en el correr de las horas, ocurre ese instante donde el entorno adquiere tono político. Ahí, las circunstancias no sólo obligan a mirarlas, sino a considerarlas como factores de real significación sobre el sentido de la vida de cada uno y, por cierto, la vida de la comunidad. Pero, al detectarse ahí algún riesgo se exige tomar conciencia de la necesidad inevitable de tener que juzgarlas para, en caso de ser necesario, proponer una respuesta a lo que en ellas subyace, por ejemplo: componentes ideológicos en sentido negativo por la presencia de mecanismos de manipulación de la información que, en los tiempos actuales circula profusamente sin darnos el espacio para leerlas.

Se está al tanto que la manipulación es un juego puesto al servicio de lograr ventajas políticas que, en muchos casos, son puramente económicas y de mantención del estado de cosas. Con ello se entiende que la circunstancia se vuelve una realidad inmanejable para muchos, pero controlable para unos pocos que cuentan con recursos para ello.

Sobre esto, vale decir: construir circunstancias a fin de controlar la realidad social y a sus actores, está la lección de Joseph Goebbels, el gran ideólogo de la propaganda del nazismo. Se ha de mirar su legado, ya que hay algunos que lo siguen, por mucho que se escuden en sutilezas retóricas que hablan de preocupación por el prójimo y la comunidad política. Con todo, a pesar de intentarlo, termina por revelarse el objetivo de control social que sostiene la razón del modelo, de uno que hace de la falsedad una vía de comportamiento de propaganda política normalizada. El problema es que cuando se normaliza, se cuestiona a todo aquel que crítica esta forma de comportamiento, con lo cual se gira hacia la deshumanización de la política, por tanto, de las relaciones entre iguales.

La filosofía política, en sus estudios de la post verdad, se ha interesado en desnudar los intereses ocultos en mensajes y discursos. Son, de hecho, relatos con un interés casi único: poder. Lo cual, dicho de paso, lo vuelve a ubicar como la llave para explicar el sentido de lo político. 

En un sentido normal, sin mediar relatos que instalan falsedades en el lugar de verdades, no debiera extrañar si se entiende que la política es una creación puesta al servicio de articular distintas respuestas sobre un mismo problema, y para hacerlo, la política es, en perspectiva pragmática, poder y relaciones de poder, ya que se afirma en el acuerdo conducido por alguien para procurar respuestas a situaciones de carencia objetiva: salud, seguridad, entre otras. En esta perspectiva, resulta que la mejor acción política es aquella que busca el poder para resolver demandas macros y, en caso de ser posible, también micro demandas.

Recuperemos otra vez a Max Weber en su libro Economía y Sociedad, con su trilogía conceptual que traduce el modo de operar de la política: Poder que deriva de la autoridad política. Éste, con el poder en sus manos, puede obligar a cumplir lo que su voluntad desea. Pero la gracia del operar político es ir más allá de la simple obligación a cumplir el mandato. Lo interesante no es simplemente aquello declarado, sino que el gobernado, el sujeto de la dominación (segundo concepto), llegue a creer que es su voluntad la que dice que lo obrado es bueno, pues termina aceptando que el mandato de hacer algo responde a su interés. Pues bien, logrado esto, entonces el gobernante consigue de manera efectiva su propósito, uno que consiste en disciplinar (tercer concepto el de la disciplina).

Es Goebbels, Maquiavelo, entre tantos otros, y toda la corriente de propagandistas y constructores de relatos que aprenden la lección y que abundan en las redes, lo que nos permite afirmar que, en la práctica política, lo central es que el poder les habla a sujetos que terminan aceptando que la voluntad de quien tiene poder es la correcta, consiguiendo con ello que se identifique en una sola entidad gobernante gobernado. De esta forma se pasa de una percepción subjetiva del poder a ser una realidad medible en su objeto, vale decir, en las circunstancias reabsorbidas en su significación de control por un sujeto disciplinado que, en el ejercicio de aceptar que todo lo que proviene del gobernante o de quien pretende serlo es la verdad de los hechos cotidianos. La idea expuesta se explica muy bien en obras como El mundo feliz. El resultado, es sabido, la disolución del sentido de humanidad, vale decir, del sujeto de dignidad por extravío efectivo de la autonomía del pensamiento crítico (si es que alguna vez lo tuvo).

Fuente de imagen:

https://interferencia.cl/articulos/la-intervencion-de-kissinger-y-la-cia-en-chile-una-entrevista-con-peter-kornbluh-parte-i

Recuerda que puedes seguirnos en facebook:

Déjanos tu comentario:

Su dirección de correo electrónico no será publicado.

*

Sé el primero en comentar

sertikex-servicios-informáticos www.serviciosinformaticos.cl