La ciudadanía debe salir del ostracismo, debe empoderarse y no dejarse manipular por el "manejo" de la agenda pública, por las decisiones del Tribunal Constitucional y el deterioro de las instituciones.
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MÁS VALE TARDE QUE NUNCA

Desde Madrid, España.

Ley de protección del adulto mayor:

Ya estaba bien que entrara en vigor la Ley 1850, del 19 de julio de 2017. Era imperativo hacerlo y éticamente necesario. Es la ley que protege a los adultos mayores y penaliza a quienes los maltraten o los abandonen.

La ley es clara y contundente en cuanto a este tipo de protección a un sector etario postergado y mirado en menos tan injustamente, incluso dentro de su propio grupo familiar. Por eso, este cuerpo jurídico dice en uno de sus artículos que quien someta a abandono y descuido a una persona mayor (con 60 años o más), y afecte a sus necesidades de higiene, vestuario, alimentación y salud, puede ser condenado a prisión entre 4 y 8 años, además de imponerle una multa entre 1 y 5 salarios mínimos mensuales.

Si una institución que ha asumido el cuidado de una persona mayor y la abandona, podría cancelársele los permisos de funcionamiento y deberá pagar una multa de 20 salarios mínimos mensuales.

En cuanto al maltrato físico o psicológico, ya sea familiar o no, también la ley es contundente. Igualmente, sanciona el maltrato mediante la restricción a la libertad física de los adultos mayores.

Al mismo tiempo, se señalan responsabilidades de las autoridades gubernamentales, especialmente del Ministerio de Salud y Protección Social, en cuanto a hacerse cargo de un adulto mayor maltratado o abandonado. Y le ordena establecer rutas de atención inmediata en centros de protección especial o en otras instituciones especializadas.

 La ley va más allá aún, puesto que se refiere a las estrategias políticas mediante programas, proyectos y acciones que debe poner en marcha el Estado para preservar los derechos de los adultos mayores en materia de nutrición, habitación, vestuario y afiliación al sistema general de seguridad social en cuanto a salud, recreación y cultura, entre otros.

Lo que acabo de destacar de la Ley 1850 puesta en vigor ahora, me mueve a un comentario que, seguramente amigo lector, usted estará compartiendo: ¡Más vale tarde que nunca! 

Los hechos descritos en la fundamentación de la propia ley nos demuestran que en la jurisprudencia estamos lentos en cuanto a asumir responsabilidades de toda la sociedad. Por qué tardar tanto frente a situaciones tan injustas, tan innobles, tan cobardes, como abandonar o maltratar a un adulto mayor. Más aún, si se produce intrafamiliarmente.

Los adultos mayores somos personas que hemos trazado una línea de producción social, hemos abierto surcos para sembrar vidas y cultivar ejemplos de futuro. Cada cual a su manera y a su capacidad, pero todos hemos dejado una huella. La gran mayoría hemos construido familias, hemos formado hijos y hemos participado en la evolución del conjunto de la sociedad. Por lo tanto, hay que ser muy mal agradecido para no reconocerlo y no responder mínimamente a lo recibido.

Por otra parte, un grueso batallón de adultos mayores todavía nos sentimos útiles frente al devenir social. Todavía podemos aportar, puesto que la experiencia acumulada en el trayecto vital, es muy superior a la recibida en cualquier otra escuela.

Finalmente, recordar que la población en general, está envejeciendo y que este sector social es cada vez más significativo en el concierto de las sociedades modernas.

Tarde ha llegado la ley…¡pero llegó!    

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