Sabiduría, un estado superior de conciencia, implica habilidades para poner en práctica los conocimientos adquiridos por los seres humanos.
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MIS HORAS AZULES

Gladys Semillán Villanueva

Embajadora por la Paz de las Naciones Unidas por la Letras UNILETRAS. Ave viajera de Semillas para la Juventud

Desde Castelar, Argentina

Tiempo de recuerdos, de horas vividas,  gozadas y guardadas en el más profundo secreto de la memoria.

Esa caja increíble en la que parece que todo es posible guardar y en el momento justo levantamos la tapa y ahí están esperando.

No se atropellan, esperan es entonces que vamos sacando lo que necesitamos.

De pronto corrí el paño que los cubría y aparecieron, convocados por mí,  esos días azules en los que todo parecía de ese color.

Fue paralelamente el momento de las pinturas en las que lo azules, turquesas, verdes azulados, se estrechaban junto a blancos casi puros apenas sombreados con algún rosado.

En los temas abundaron las capillas pues había regresado de un viaje al Norte y aunque en mi recorrido toda era color tierra y con rojizos deslumbrantes necesité cubrirlos de esa bruma mágica de los azules pues era para mí un recorrido de ensueño.

Casi como si me trasladara a otro tiempo.

Ese velado emocionante que ocasiona la distancia, brumosa y perfumada de ciertos aromas que acompañaban el color, eucaliptus, yerba buena, la intensa humedad de las yungas, las peperinas, mezcladas con algún yuyo seco, el orégano, alguna flor salvaje que huele agria pero su belleza es indiscutible y amable.

Todo eso se fue estrechando en formas y saltando desde la memoria a los pinceles.

En mi carpeta solo unas líneas rápidas bocetando el lugar o el edificio generalmente religioso.

Pero no solo eran pinturas eran también escritos, palabras que guardaban esa manifestación romántica y a veces dolorosa de la partida de un lugar dónde la plenitud marcaba huella.

En la que afloraban sentimientos dormidos y el deseo de no recorrer sola tanta maravilla sino compartirla.

De pronto surgía tu figura, me parecía verte indicándome un camino, sonreírme, llamándome a descubrir contigo lo que luego estaría frente a mis ojos pero sin tu presencia.

Eras una idea esfumada en el azul del deseo.

De lo imposible, pero no en mis sueños.

Ese tiempo de los azules se convirtió tal vez en uno de los más emocionantes pues no solo abarcó el Norte de Argentina sino que se extendió a otra orilla poco tiempo después.

Y la bruma me siguió y los azules fueron mi paño, ese que enjugaron las lágrimas de no tenerte pues te necesitaba.

El río sació mi sed y lavó mi cara y al levantarla comprendí que solo el azul era quien me seguía y acompañaba.

Que debía convertirlo en el color de mi magia y solo dejarlo salir cuando fuera un recuerdo que no me hiciera daño.

Ahora cierro despacio, aun me siguen los aromas pero me envuelven dulcemente,… si hasta parece que me abrazan.

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