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Oficio de sastre, oficio de poeta

Patricio Schwaner Saldías

Profesor de filosofía

La obra de Tulio Mendoza Belio es frágil y fecunda. Frágil en el sentido de que es una experiencia profundamente humana frente a un mundo que se cae a pedazos y fecunda porque constituye una apuesta, “una palabra que es ante todo celebración ética y estética, cuerpos/poemas que quieren ser sentidos/leídos y gozados”, como afirma el mismo poeta.

Oficio de sastre (Ediciones Etcétera, 2018), Premio Literario Nacional “Stella Corvalán” 2014, de la I. Municipalidad de Talca, la más reciente publicación de Tulio Mendoza Belio, y que ahora se edita gracias al apoyo del Concurso Público del Fondo Nacional de Fomento del Libro y la Lectura, Ministerio de las Culturas, las Artes y el Patrimonio, promete dejarnos mucho para la imaginación, lo cual desde una perspectiva poética coincide plenamente con el talante de su obra creativa. “Sabe de memoria su silueta, el abismo, la figura de su sueño; ha hilvanado en noches de secreto el suave cuerpo de la muchacha, con paciencia, con mariposa devoción por el encanto, contigo…”.

El título del libro surge de la película “La mano” del director chino Wong Kar-wai. En una escena principal, la Srta. Hua, una elegante prostituta, le dice al aprendiz de sastre que recuerde lo que su mano ha obrado en su cuerpo y que solo así podrá hacerle ropa hermosa.

“Un día te convertirás en mi sastre. Recuerda esta sensación y me harás ropa hermosa.” Entonces, aparece aquí la comparación, la analogía sensual y erótica, entre el sastre y el poeta, entre la ropa y el poema. Y surgen las sensaciones, los recuerdos, la invención y el deseo, la musicalidad de las palabras. El poema narra también, a su modo, algo. Aunque Unamuno (1864-1931) nos diga en su “Credo poético” que más que de sastre es de escultor la tarea del poeta. Sin embargo, el autor de “Niebla” hace referencia al “exceso de ropaje” en el caso del sastre y “de que nunca más hermosa/ que desnuda está la idea”, en lo que se refiere al escultor. Para complementar esta idea, Tulio Mendoza Belio ha dicho, poéticamente, que Unamuno no conoció ni a Coco Chanel, ni a Christian Dior, ni a Versace, ni a Valentino, ni a Galliano, ni a Armani, ni a Carolina Herrera, entre tantos otros.

Hay que develar, pues, la majestuosidad de la poesía de Tulio Mendoza Belio para abrirnos a un quehacer metafísico-trascendental en cuya raíz las palabras y sus significados nos presentan nuevos matices y construyen la otra orilla. Hacer poesía es un ejercicio noble y perdurable, inefable en el sentido primordial de su contenido y su misterio, pero lleno también de momentos de apego a lo cotidiano, “lo maravilloso cotidiano” o “la prodigiosa realidad del mundo”, en palabras de Octavio Paz. Este nuevo texto nos presenta un realismo natural que a momentos se llena de elementos sobrenaturales, ya que el poeta nos invita a traspasar barreras e ir a la raíz de lo erótico, lo sensual, lo oculto, la seducción, todo gracias a “su sensibilidad alerta y cultivada”, como afirmó el poeta Fernando González-Urízar.

Reveladoras, precisas y elocuentes resultan las palabras del poeta, crítico y ensayista Naím Nómez en la contraportada de este libro: “… en ningún momento la poesía de Mendoza Belio deja de apelar al vértigo de la imagen simbolista ni al ritmo de la frase provista de ropajes metafóricos. Ello, aun en la amplia gama de tópicos que aborda con una mirada casi reflexiva y un estilo inteligente y de gran oficio. En su extenso bagaje cultural aparecen pintores, músicos, poetas, representaciones históricas, paráfrasis, intercalaciones de su propia poesía, imitaciones de otros poetas, etc. Especialmente relevante es toda la fraseología que se interna en el diseño de un discurso erótico, que muestra la atracción del cuerpo ajeno y la conciencia humana del deseo.”

En Oficio de sastre, el poeta Tulio Mendoza Belio, utilizando el recurso de la intratextualidad, entrega dos poemas que se comunican, “Otachimachi” y “Bonsái”, los cuales describen un ritual y un arte, tradiciones para explicar que la poesía es precisamente eso: rito, ceremonia, y algo que se hace de cierta manera. Tal vez esa vasija de madera de ciprés llena de agua, sea el material significante del poema que espera irradiar la luz de la luna. El poema es el bonsái, la poesía hace posible el rito. Por este motivo, el poeta puede decir bella y connotativamente: La poesía hace posible el rito, nosotros el bonsái podamos.” Ese “decir que es un hacer que es un decir”, como escribe Octavio Paz, cobra plena significación en esta poesía. El poema anula la distancia cultural, hay cercanía, ya que la “sensual intimidad” que comunican los textos, es algo universal y se expresa, como ya lo han confirmado los críticos, con un cuidadoso manejo del material verbal.” Este hecho es también, como lo ha manifestado el poeta Tulio Mendoza Belio, signo de cierto erotismo que implica sugerencia, ceremonia, seducción, elegancia, sofisticación; es decir, no solo implica un adecuado manejo de la lengua, sino de lo que ella irradia como signo de cultura.

Mendoza Belio nos habla de “Ese pensamiento como un milagro” y lo reconocemos en su obra desde una profundidad filosófica y desde una visión de mundo que implica un profundo conocimiento de la lengua poética. ¿Para qué poetas? ¿Para qué aventurarnos a develar lo desconocido si nos basta con lo conocido? Estas preguntas traspasan enérgicamente su obra creativa. Son una insinuación a la reflexión más intensa y apasionada. Leer poesía es mirar por la ventana de la imaginación, acercarnos a la magia de los sueños, caminar por senderos que no imaginamos, pero que son posibles gracias a la magia de la poesía. Debemos saber que todo puede ser posible en la medida en la que puede ser pensado, imaginado e intuido.

La trayectoria de Mendoza Belio, intensamente productiva, jalonada de múltiples reconocimientos y siempre irradiando su saber en los talleres literarios y en los cursos que imparte, presupone una reunión con los saberes del ayer, basta con que hagamos un recorrido por su obra creativa para encontrarnos con la maravilla del pensamiento y los matices de sus poemas que pueden transportarnos a nuestra propia existencia cotidiana. Esa es la mayor virtud de sus palabras, es una enunciación que transforma, que nos permite dilucidar quiénes somos e interpretar nuestros propios momentos.

El lector tendrá que aceptar el desafío propuesto por el autor, la invitación a traspasar la veta de lo intersubjetivo que afirma, una y otra vez, que “entre tú y yo hay un espacio”. Ese espacio, profundo y lleno de vida, nos permite edificar el pensamiento poético, un espacio vital que fue el que muchos poetas han utilizado en el transcurso de los años. “Entre tú y yo hay un espacio/que lo llena el silencio/entre el silencio y la música/una mano inventa otro espacio/una habitación para el encuentro.”

Que el encuentro con la poesía de Mendoza Belio nos permita dilucidar quiénes somos para aproximarnos a un diálogo profundo y significativo en el que las palabras evoquen realidades diversas donde no exista un límite autoimpuesto por nuestra propia condición de seres humanos, por nuestra individualidad y por negarnos a abrirnos a lo verdaderamente importante: el arte, las palabras y la imaginación que poco a poco nos salva. Que “… cada noche”, “ese pensamiento” se nos ofrezca “como un milagro, / como una copa donde beben los amantes, como una hoja, / como un susurro que se hace tormenta mientras cantas”. Escuchemos al poeta.

Publicado como comentario literario el día lunes 12 de noviembre de 2018: http://www.elsur.cl/impresa/2018/11/12/full/cuerpoprincipal/14/?fbclid=IwAR3oQlXPrjUMP-KBGraZ0kFhzpR35A-eIma9tGaLRvnnpxmyT39qZBygkVI

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