La política es indispensable en una democracia, siempre y cuando sea inspirada por el interés general de la nación... Los partidos también, esto, en la medida en que estén inspirador por la ética, los valores y sean realmente representativos y respetuosos de una sociedad participativa.
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¿OTRA PANDEMIA?

Mario Bustamante Conejeros

Profesor de Historia y Geografía Miembro del Directorio Fundación Educacional Cristo Rey Arzobispado.

La sociedad es altamente dinámica. Por ello se dice que vivimos momentos de incerteza.

El título quiere llamar la atención por un problema que se avecina. Se trata de los nacionalismos.

El origen es muy antiguo y en parte es la matriz de las naciones.

Estamos viviendo momentos de extremismos. El gran sector de centro se está desmembrando y unos se van a la extrema izquierda y otros a la extrema derecha. Los extremos tienen un lenguaje fácil. Asumen problemas emergentes y se nutren de consignas sencillas que son de fácil viralización en las redes sociales. En muchas partes del mundo hay masivas marchas donde el descontento personal y social encuentran una acogida.

Otro gran sector, escandalizado por el ambiente de tensión, violencia y descontento buscan identificarse por aleros de extrema derecha que ofrece seguridad, orden y progreso personal y social.

Mi preocupación es que ambos sectores se tornan más extremos y la eficacia de la gestión interna favorece a la extrema derecha que tiene las riendas del poder institucional.

Algunos ejemplos.

La Polonia de Jaroslaw Kaczynski y la Hungría de Viktor Orban ambos de extrema derecha. Con el apoyo de los medios de comunicación e instituciones estatales han desembocado en unos modelos de nacionalismo conservador exacerbado.   Han emprendido una reforma educativa centralizada y con claros vestigios de autoritarismo, han nombrado a fieles en el Ejército, las Fuerzas de Seguridad y los servicios secretos, y han renovado el Tribunal Constitucional a su antojo.

Jörg Haider, líder ultraderechista del Partido Liberal austriaco (FPÖ) formalizó, tras su éxito electoral, una coalición gubernamental con el Partido Popular (ÖVP) con Wolfgang Schüssel, el líder democristiano, como canciller.

Boris Johnson, Primer Ministro Británico conservador, ha llevado a Inglaterra a  cerrar el proceso del Brexit. Ello significa autonomía de la Unión Europea y fortalecimiento de políticas nacionalistas. Johnson calificó al proyecto de ley de los laboristas como una de «ley de rendición» y «proyecto de ley de humillación», y dijo que las preocupaciones de que su lenguaje pueda poner en peligro a legisladores demócratas son «patrañas».

Marine Le Pen, la mujer de ultraderecha que ha sacudido la política de Francia y ahora va por la presidencia. El marco de referencia cambió y se convirtió en un grupo mucho más pro-republicano y con un tono marcadamente más moderado. Pero en su núcleo, la ideología y las propuestas no variaron. Mantiene como propuesta clave la ‘prioridad nacional’, que pretende favorecer a los franceses sobre los extranjeros en el reparto de empleos, vivienda y servicios sociales. Es en este principio discriminatorio donde reside la mayor continuidad programática. ¿Cómo combate Le Pen a estos problemas? Según su propuesta: propone que hay trabajos para los franceses si se expulsan a los inmigrantes y se sustituyen las importaciones. El camino es claro: ajuste fiscal, integración bancaria, mantener el eje franco-alemán.

Alexander Gauland, uno de los líderes nacionalistas de Alemania ha dicho: “Que Ángela Merkel se prepare, porque vamos a recuperar a nuestro país y a nuestro pueblo”. La extrema derecha ha sido elegida para el Parlamento Alemán, por primera vez desde la Segunda Guerra Mundial. El ingreso a la Cámara Baja (Bundestag) del partido Alternativa para Alemania (AfD), populista, nacionalista, xenófobo y revisionista del Holocausto, ha conmocionado al mundo.

Matteo Salvini. Italia tiene un nuevo hombre fuerte e incluso, según muchos, un nuevo salvador. Desde 2014, las guerras y la pobreza han llevado a millones de personas de África y Medio Oriente a atravesar el Mediterráneo en busca de trabajo, libertad y paz en una Europa rica, vieja, pero cada vez más desigual. El Viejo Continente respondió mirando para otro lado.

Bajo el cielo de la plaza del Duomo, en Milán, Italia, llueve. Allí tuvo lugar el mayor evento de campaña organizado por las fuerzas políticas que componen las corrientes de derechas radicales o nacional-populistas europeas. El objetivo: mostrar músculo y dar sensación de unidad, además de avalar a la cabeza del movimiento, al líder de la Liga, ministro de Interior y vicepresidente de Italia, Matteo Salvini. Éste, ejerció como anfitrión -en la ciudad donde dio sus primeros pasos como político- y como maestro de ceremonias (abriendo y cerrando el acto). Le acompañaron los líderes y miembros de casi una docena de formaciones aliadas. Destacó la presencia de Marine Le Pen, del francés Reagrupación Nacional (antiguo Frente Nacional); Geert Wilders, del Partido por la Libertad neerlandés; y Jorg Meuthen, de Alternativa por Alemania. Junto a ellos, había políticos procedentes de Finlandia (Verdaderos Fineses), Dinamarca (Partido Popular Danés), Austria (Partido de la Libertad Austriaco), República Checa (Partido de la Libertad y la Democracia Directa), Bulgaria (Voluntad), Bélgica (Interés Flamenco), Eslovaquia (Somos Familia) y Estonia (Partido Popular Conservador). Todos ellos serán, supuestamente, parte de un potencial grupo parlamentario europeo que se conformará tras las elecciones: Alianza Europea de los Pueblos y las Naciones.

Esa tarde parecía materializarse la versión europea de la Internacional Nacionalista -por muy contradictorio que suene-, que viene tomando forma, al menos, desde las victorias del Leave en el Brexit y de Trump en las presidenciales estadounidenses en 2016. A simple vista, podría pensarse que se trata exclusivamente de fuerzas originales que han surgido y crecido en cada territorio de manera espontánea y que han logrado ponerse de acuerdo por sí solas. Nada más lejos de la realidad. La expansión del populismo xenófobo en Europa, responde a una coordinación más compleja en la que toma parte una amplia red de personas y organizaciones ultraconservadoras que desde Rusia a Estados Unidos están influyendo en el Viejo Continente.

El nacionalismo ha mantenido su atractivo a través de los siglos. El hecho de que pertenecer a una nación cultural, económica o políticamente fuerte, da a la persona una agradable sensación de pertenencia, sin importar su propia contribución a su fuerza.

Hoy son gobernados los siguientes países europeos por la derecha: Bélgica, Chipre, Croacia, Eslovaquia, Eslovenia, Estonia, Grecia, Irlanda, Letonia, Paises Bajos, Polonia, Rumania, Hungría, Noruega, Reino Unido. (CIDOB.org.).

Pregunta ¿este es un problema solamente europeo o puede tener consecuencias en América? Pensemos en un Trump reelegido y un Bolzonaro con apoyo en su país.

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