El orgullo en exceso, como forma de vida, da paso a la arrogancia, esta es , sin lugar a dudas un elemento contaminante en las relaciones humanas y en las comunicaciones. ...pero además, ¡¡¡ contribuyen a la soledad y generan enajenación social!!!
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Pandemia: aislamientos, humanidad y la «nueva normalidad» / Pandemia: isolamentos, humanidade e o “novo normal”

Desde Brasil, especial para laventanaciudadana.cl

Español

En tiempos difíciles como los que vivimos hoy, donde las nociones de necesidad y futuro están significativamente relativizadas y, paradójicamente, el aislamiento social es el principal instrumento para salvaguardar la colectividad, podemos ser conducidos a privilegiar la protección de nuestra individualidad o de los grupos sociales a los que pertenecemos (familia, comunidad, clase social y nación), en detrimento de aquellos que creemos que son ajenos a los grupos sociales a los que pertenecemos o a los que creemos pertenecer. A veces incluso los excluimos y empleamos violencia física y psicológica contra estas personas. Esta postura, adoptada hoy por individuos y países, en nombre del aislamiento social, necesario para reducir la tasa de contagio y, en consecuencia, de muertes debido a la pandemia de Covid-19, contrasta con la naturaleza del ser humano, que es un animal esencialmente social.

Sin embargo, no podemos confundir este aislamiento social, que refuerzo, es necesario en este momento, con el aislamiento socioeconómico y político que se ha ido consolidando, tanto entre países como internamente, en los carriles de los movimientos neoliberales y, en algunos casos, de naturaleza supremacista y antidemocrática. Este escenario está directamente relacionado con los límites del modelo capitalista actual, basado en el ciclo vicioso del consumo que exige una mayor producción, que a su vez exige un mayor consumo, en un mundo con recursos (naturales, materiales y humanos) finitos.

En este sentido, al observar el posicionamiento de una parte significativa de los gobiernos nacionales en este momento pandémico, que potencian este proceso de aislamiento socioeconómico y político, puede inducirnos a pensar que, de hecho, este es el aislamiento social que nos brindará seguridad y normalidad» post pandémica. Donde la idea de colectividad se entenderá solo desde la perspectiva de las relaciones productivas y económicas, en detrimento de la concepción humana como una especie naturalmente social.

Así, es que debemos preguntarnos sobre la fragilidad y el carácter contradictorio de esta concepción neoliberal que busca reinventarse, ante el agotamiento del sistema capitalista actual, pero que continúa favoreciendo la individualidad en detrimento del colectivo, dando mayor importancia al mercado y la economía que a los seres humanos. De modo que la individualidad humana siempre está asociada con los números en el mercado laboral, donde las personas continúan dando sus vidas para mantener «girando» el ciclo vicioso de producción y consumo, bajo la justificación de que el crecimiento económico es el único camino hacia el desarrollo humano.

En este sentido, a pesar de que los países están haciendo esfuerzos aislados especialmente en el campo económico para preservar la vida de sus ciudadanos, colectivamente se han tomado pocas acciones, incluso en bloques políticos y económicos consolidados tales como: Unión Europea, Mercosur y el G20. También llama la atención sobre el debilitamiento de las instituciones supranacionales, como la Organización Mundial de la Salud (OMS), la falta de coordinación entre los Estados y la prevalencia de diferencias políticas, nacionalismos y problemas económicos sobre una enfermedad que se ha cobrado miles de vidas en todo el mundo. De modo que, incluso ante la necesidad de cumplir con el aislamiento social en este momento de crisis global, la solución reside especialmente en el fortalecimiento de las relaciones humanas, tanto a nivel de las personas en sus pequeñas células sociales, buscando adoptar cambios estructurales en la forma cómo nos entendemos entre nosotros en este planeta y actuamos para percibir al otro como parte similar e importante del todo social. En cuanto al nivel gubernamental, con acciones conjuntas y coordinadas con instituciones nacionales y supranacionales en el sentido de, en primera instancia: contener el contagio, desarrollar medicamentos y vacunas y garantizar la seguridad alimentaria de los más vulnerables y, en un segundo paso, se trabaje para reducir el impacto social de la crisis económica que afectará a todo el mundo.

Finalmente, entiendo que en una crisis de esta magnitud sin precedentes en la historia humana y en un contexto mundial cada vez más globalizado, es paradójico buscar soluciones individuales, ya que estamos afectados en nuestra esencia social. Y, sin embargo, los límites de cualquier tipo son construcciones sociales que solo tienen sentido porque los entendemos así. Pero que no podemos concebir que estos límites nos lleven a entender a las personas como números, ya que no pertenecen «a nuestro grupo social», no logrando percibirlos en su humanidad.

Entonces estemos atentos a «los aislamientos» que se presentan en estos días. Dando cuenta a lo que es necesario y a los que apuntan a una «nueva normalidad», puede significar un aislamiento aún mayor, donde las relaciones humanas serán guiadas por la producción y el consumo. Por lo tanto, al relegar nuestra naturaleza social al olvido, dejaremos de ser humanos y nos convertiremos, definitivamente, en números.

Portugues (Portugués)

Em tempos difíceis como os que vivemos atualmente, onde as noções de necessidade e futuro são significativamente relativizadas e, paradoxalmente, o isolamento social é o principal instrumento para resguardar a coletividade. Podemos ser levados a privilegiar a proteção de nossa individualidade ou dos grupos sociais aos quais pertencemos (família, comunidade, classe social e nação), em detrimento daqueles que julgamos estranhos aos grupos sociais a que pertencemos ou a que acreditamos pertencer. Por vezes até os excluindo e empregando de violência física e psicológica contra essas pessoas.  Essa postura, adotada nos dias atuais por indivíduos e países, em nome do isolamento social –necessário para reduzir a taxa de contágio e, consequentemente, de mortes em razão da pandemia de Covid-19– contrasta com a natureza do ser humano, que é um animal essencialmente social.

Entretanto, não podemos confundir esse isolamento social, que reforço, se apresenta necessário no atual momento, com o quadro de isolamento socioeconômico e político que vem se consolidando, tanto entre os países quanto internamente aos mesmos, na esteira de movimentos neoliberais e, em alguns casos, de cunho supremacista e antidemocráticos. Cenário diretamente relacionado aos limites do atual modelo capitalista, fundamentado no ciclo vicioso do consumo que demanda maior produção que, por sua vez, demanda maior consumo, em um mundo com recursos (naturais, materiais e humanos) finitos.

Nesse sentido, observando o posicionamento de parte significativa dos governos nacionais neste momento de pandemia, que potencializam esse processo de isolamento socioeconômico e político, podemos ser induzidos a pensar que, de fato, é esse o isolamento social que nos trará segurança neste instante de crise e, especialmente, que será o parâmetro a ser adotado em uma “nova normalidade” pós-pandemia. Onde a ideia de coletividade será compreendida somente sob a perspectiva das relações produtivas e econômicas, em detrimento da concepção humana enquanto espécie naturalmente social.

Desse modo, é neste instante de crise que devemos nos questionar quanto a fragilidade e o caráter contraditório dessa concepção neoliberal. Que busca se reinventar, frente ao esgotamento do atual sistema capitalista, mas que segue primando pela individualidade em detrimento do coletivo, conferindo maior importância ao mercado e à economia que ao ser humano. De maneira que a individualidade humana se mantenha sempre associada a números do mercado de trabalho, onde pessoas sigam entregando suas vidas para manter “girando” o ciclo vicioso da produção e do consumo. Sob a justificativa de que o desenvolvimento econômico é o único caminho para o desenvolvimento humano.

Nesse sentido, no contexto atual que vivemos, não obstante os países estarem empenhando esforços isolados, sobretudo no campo econômico, no sentido de preservar as vidas de seus cidadãos. Coletivamente poucas ações têm sido adotadas, mesmo em blocos políticos e econômicos já consolidados como, por exemplo: União Europeia, MERCOSUL e o G20. Chama atenção também o enfraquecimento de instituições supranacionais, como a Organização Mundial da Saúde (OMS), a falta de coordenação entre os Estados e a prevalência de diferenças políticas, nacionalismos e questões econômicas sobre uma enfermidade que tem ceifado milhares de vidas em todo o mundo.  De modo que, mesmo diante da necessidade de cumprir o isolamento social neste momento de crise mundial de saúde, a solução reside, especialmente, no estreitamento das relações humanas, tanto ao nível das pessoas em suas pequenas células sociais, buscando adotar mudanças estruturais no modo como nos entendemos neste planeta e agir no sentido de perceber o outro como semelhante e parte importante do todo social em que habitamos. Quanto no nível governamental, com ações conjuntas e coordenadas com instituições nacionais e supranacionais no sentido de, em um primeiro instante: conter o contágio, desenvolver medicamentos e vacinas e garantir a segurança alimentar daqueles mais vulneráveis. E, em um segundo momento, trabalhar no sentido de reduzir o impacto social da crise econômica que irá se abater sobre todo o globo.

Por fim, entendo que, em crises dessa magnitude, sem precedentes na história humana e em um contexto mundial cada vez mais globalizado, é paradoxal buscar soluções individuais, uma vez que somos atingidos em nossa essência social. E ainda, que fronteiras de qualquer natureza são construções sociais que só tem sentido por que as entendemos como limites. Mas que não podemos conceber que esses limites nos levem a compreender pessoas como números, por não pertencerem “ao nosso grupo social”, deixando assim de percebê-los em sua humanidade.

Estejamos então atentos “aos isolamentos” que se apresentam nestes dias. Percebendo aquele que se faz necessário e aqueles que apontam para uma “nova normalidade”. Que pode significar um isolamento ainda maior, onde as relações humanas estarão pautadas pela produção e pelo consumo. Assim, relegando ao esquecimento nossa natureza social, deixaremos de ser humanos e nos converteremos, definitivamente, em números. 

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