«La ética, la moral, las personas, la solidaridad, la justicia social y el medio ambiente, y una economía a escala humana, deben estar en primer lugar de los programas de quienes pretenden gobernarnos»

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Para educar a un niño es necesaria una tribu (II)

Paola Tapia López

Profesora Educación General Básica Mención lenguaje. Máster en Investigación de la didáctica de la lengua y la literatura. Doctora en Investigación de la didáctica de la lengua y la literatura.

Los colegios o escuelas donde se educan nuestros hijos cumplen un rol esencial en su formación y, por lo mismo, elegir el apropiado no es tarea sencilla. Por eso, al escoger la educación de los niños es fundamental contemplar un proyecto educativo que entienda la importancia de la felicidad como camino a la construcción de mejores personas.

A diferencia de la enseñanza escolar tradicional orientada solo a los resultados académicos, las escuelas con alumnos felices introducen algo más, ofreciendo a los niños herramientas que les serán útiles no solo para el presente, sino además para el futuro, tanto en lo académico como en lo profesional.

Parto de la premisa que la felicidad de los alumnos, profesorado y familias es una prioridad. Para ello es necesario tener presente tres objetivos: hacer reflexionar a los docentes sobre cómo implantar una nueva visión sobre la felicidad en la escuela, dotar al profesorado de herramientas para trabajar la felicidad en el aula y establecer unos valores compartidos por toda la comunidad educativa. 

Para ello debemos planteamos si en nuestra escuela queremos sólo máquinas de pensar o si queremos personas integradas plenamente en nuestra sociedad. Para ello debemos encontrar un equilibrio entre la parte académica y la parte emocional, y de esta manera desarrollar una serie de actuaciones para implementar la felicidad en la escuela.

Una de las primeras acciones que se me ocurre que es realizar taller de formación tanto para el profesorado como para el equipo directivo. En ellas se debe reflexionar sobre el rol de los docentes en el sistema educativo actual con el objetivo de que todos tomemos conciencia de quiénes somos y de qué hacemos aquí. Los talleres deben ser productivos para reconectar con nuestra profesión, así como para compartir pensamientos e ideas que en el día a día de la escuela quedan diluidos.

Otro foco de interés a nivel de escuela está en cómo conseguir que los alumnos se sientan felices y conectados en clase. A menudo los docentes desatendemos sin querer el ámbito emocional, ya sea por falta de tiempo o por falta de herramientas. Para ello es importante participar en talleres que nos proporcionen recursos y técnicas para desarrollar en el aula con los alumnos. Trabajar los valores y en cómo aumentar la sensación de progreso del alumnado, esto ayudará a crear una comunidad educativa con identidad, alineada y con un propósito común.

Aludiendo al título de este artículo “para educar a un niño hace falta la tribu entera”, se requiere la participación e implicación de todos y cada uno de los actores de la sociedad. Esto no solo involucra a profesores y apoderados, sino también a las diferentes partes involucradas, como vecinos, familiares, entre otros.

Con todo, en un mundo digitalizado y globalizado, no basta con que la “tribu entera” educe al niño. Se debe ir un poco más allá y buscar una educación integral que contemple la felicidad como una vía educativa.

En este tipo de educación el foco está en generar un ambiente de bienestar general, así como también de formar niños en valores como la creatividad, la voluntad y la autonomía, todas estas herramientas que contribuyen a formar el autoestima y, por ende, la felicidad.

La principal diferencia con los colegios que no se enfocan en la felicidad de los alumnos es que estos últimos replican una y otra vez métodos que funcionan para algunos, sin preocuparse de entregar una educación más personalizada, en cuyo caso se puede llevar a la frustración y, en consecuencia, a la tristeza del niño.

Por el contrario, las escuelas con alumnos felices fomentan el espíritu emprendedor de cada uno de los niños en áreas académicas, culturales y deportivas, y también les enseñan a ser perseverantes, altruistas y respetuosos. Los niños felices son niños que se trazan metas y superan inconvenientes, niños que trabajan con otros y desarrollan su pensamiento con un sentido crítico.

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