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Paradigmas y neo paradigmas de las plantaciones forestales chilenas. Un debate necesario ad-portas de cambios fundamentales

Jorge Morales Gamboni

Ingeniero Forestal.

Un paradigma es un conjunto de prácticas que definen una disciplina durante un período específico. Por ello se podría decir que un paradigma es la idea fuerza que sostiene el andamiaje de los constructos intelectuales que se desarrollan en las sociedades. Por lo mismo, éstos no son inamovibles y van mutando en el tiempo. Para sostener y justificar la actividad de plantaciones forestales el Estado chileno ha utilizado argumentaciones diversas a lo largo del tiempo, a las que llamaremos paradigmas y, su descripción, ayudará a entender mejor al sector industrial forestal chileno actual, que está basado esencialmente en las plantaciones.

Fotografía @mimicavalerie_photo

La lucha contra la erosión: Paradigma fundaciónal / orientador

A inicios de la década de los años 30 del siglo pasado, fue promulgada la primera ley forestal chilena, la llamada Ley de Bosques. Ese cuerpo legal contemplaba incentivos para la forestación como premios, exenciones tributarias y precios rebajados de insumos, entre otros. La forestación era entendida como el remedio a la flagrante y campante erosión que afectaba a vastas extensiones otrora forestales, devenidas posteriormente agro-cerealeras del secano costero e interior de las actuales regiones VI, VII y VIII. Si estos suelos habían sostenido a los bosques costeros de Nothofagus (robles) y a los bosques más Xerofíticos como el bosque Esclerófilo de la zona central, era lógico pensar que restablecer la cobertura arbórea perdida por el uso agrícola de más de dos siglos llevaría a detener la erosión, flagelo muy común de argumentar en el siglo pasado.  

La sustitución de importaciones: Paradigma subrepticio

A la vez que luchar denodadamente contra la erosión, el objeto no declarado de las plantaciones era generar una masa forestal que permitiera, por un lado, diversificar los insumos madereros que hasta ese momento usaba y abusaba del bosque natural y, por otro lado, generar una masa forestal que instalara las bases de una industrialización llamada “pesada”, centrada en la pulpa y el papel. Esto último estaba a cargo de la CORFO, creada casi contemporánea a la Ley de Bosques. Hacia 1963, el país contaba ya con una masa de plantaciones cercana a las 300 mil ha, esencialmente de Pino Radiata, una especie de rápido crecimiento que había llegado al país hacia 1870. A fines de la década del 60 la CORFO ya había creado las celulosas de Arauco y Constitución que utilizaban esas plantaciones como insumos.

La empresa privada como motor de desarrollo: Paradigma salvaje

Una segunda ley forestal se comenzó a tramitar, liderada por el departamento forestal del SAG, hacia 1968. La efervescencia política de la época no permitió llegar a buen puerto con ese proyecto de ley; fue hacia 1974 que el proyecto se transformó definitivamente en la segunda ley forestal chilena, el llamado DL 701. Esa ley bonificaba el 75% de los costos de forestación y entregaba exenciones tributarias a quienes se acogían a la misma. El esfuerzo forestador comenzó a ser liderado por el sector privado, ya que se privatizó tanto el patrimonio forestal del Estado como las empresas productoras de pulpa y papel. El sector forestal chileno comenzó a ser cada vez más importante en la matriz productiva, pasando de un par de decenas de millones de dólares en la década de los años 60 a exportar más de 5 mil millones de 2015 en adelante. El 99% de esta cifra de negocio se basa en productos provenientes de dos géneros arbóreos de rápido crecimiento, el Pino Radiata y dos especies de Eucalyptus. El enorme éxito que alcanzó el modelo de negocios forestales chileno generó a inicios de los años 90 la exportación del mismo.

La expansión transfronteriza del modelo forestal chileno: Paradigma transnacional

Varios países latinoamericanos copiaron los rasgos básicos del modelo de desarrollo forestal chileno. Tempranamente Argentina y  Uruguay copiaron el DL 701 casi calcado; otros países como Brasil (con ley forestal desde fines de los años 60), Venezuela (sin ley de fomento) y últimamente Colombia, acogieron ventajosamente a los inversionistas forestales chilenos. Las dos mayores empresas forestales comenzaron a ser jugadores internacionales en celulosa.

La pequeña propiedad copartícipe del modelo de desarrollo: Paradigma democrático

Asumiendo como cierto el diagnóstico, que el DL 701 fue mayoritariamente utilizado por las empresas grandes para acrecentar su patrimonio, el año 1995 este cuerpo legal fue modificado por primera vez, introduciendo una discriminación positiva para fomentar la forestación campesina. La idea era que las grandes empresas servirían de portaviones para dirigir el desarrollo forestal, y buscaba agregar a los pequeños propietarios forestales como aportantes dentro de la cadena productiva de las exportaciones forestales: todos ganaban. Los pequeños propietarios se beneficiarían de las exportaciones forestales y las grandes empresas tendrían mayor disponibilidad de fibra. Hacia el año 2000 se prorrogó la vigencia del DL 701, desapareciendo las bonificaciones de manera definitiva hacia 2012. Hoy el DL 701 permanece vigente en todo lo que no es bonificaciones, y corresponde a la viga estructural de la legislación forestal chilena, junto a la ley de Bosque Nativo.

El cambio climático: Neo-paradigma fundacional/ estructurante

Lo peculiar de los paradigmas antes descritos es que todos son ciertos, es decir no es que pierdan vigencia, sino que la aparición de nuevos constructos intelectuales va superponiendo unos a los otros. De esta manera es verdad que hay que luchar contra la erosión, a sabiendas que nunca ganaremos; ahora nos urge reemplazar esa lucha titánica por otra tan estructurante como la primera: el cambio climático. Por otro lado, según el organismo internacional encargado de estudiar el cambio climático (IPCC), Chile es completamente marginal en la producción de Gases de Efecto Invernadero (GEI), ya que no alcanza ni siquiera el 2% mundial. Ahora bien, sabido es que los troncos de los árboles son sumideros fantásticos de Carbono. Por ello, en la medida que el uso de la madera es más noble (no se use en celulosa, leña, u otro uso ordinario), y ésta se utiliza para elaborar muebles, casas y partes y piezas, esta (la madera) resulta ser un sumidero casi eterno de GEI.

Las plantaciones forestales son sinónimo de lucha contra el cambio climático porque extraen CO2 del ambiente y porque lo secuestran por muchos años. Por ello, todos nuestros nuevos paradigmas se subordinarán a este gran marco teórico que es el cambio Climático, lucharemos contra él hasta que nos extingamos como especie.

La sostenibilidad de las plantaciones forestales: Paradigma voluntarioso/obligatorio.

Si hay algo cierto en este tema es que las plantaciones forestales seguirán siendo el pilar estructurante de los ingresos forestales del país. Por ello, se requiere que la actividad silvícola derivada de las plantaciones vaya adquiriendo mayores dosis de sostenibilidad para que su desarrollo no afecte ni a la sociedad rural, ni a los recursos naturales que las circundan. De esta manera, las plantaciones para que se desarrollen deben circunscribirse estrictamente a criterios de sostenibilidad en lo que se ha dado en llamar plantaciones de segunda generación, a saber:

  1. Sólo se debería plantar suelos de vocación estrictamente forestal. Desde los años 40 del pasado siglo, se utiliza la clasificación internacional de clases de capacidad de uso de los suelos. Corresponden a suelos forestales aquellos de clase VI y VII.
  2. Sólo de debería plantar en suelos forestales que se localicen en territorios que posean un nivel de precipitaciones compatibles con los cultivos forestales. Producto del cambio en los distritos agroclimáticos chilenos ya se sabe con meridiana certeza los niveles de precipitación del futuro. Por ello, es posible planificar los cultivos forestales en zonas que no posean precipitaciones inferiores a 350 mm. En los territorios donde el cultivo forestal ya no sea viable, se debería permitir retrotraer la situación permitiendo su abandono.
  3. Ya que el agua es cada vez más escasa, esta debe utilizarse solamente en los individuos que llegaran a la edad adulta. Se deben abandonar las viejas prácticas de plantar a altísima densidad de 2.500, o 2.000 plantas/ha. Las densidades actuales no deben superar las 600 hasta 800 plantas/ha.
  4. La sustitución de vegetación nativa debe ser desterrada de las políticas del Estado. Ninguna plantación debe ser instalada ahí donde hay o hubo en un pasado reciente una cobertura de bosque nativo, cualquiera sea el tipo forestal que se trate.
  5. Las plantaciones de segunda generación no tienen por qué ser monoespecíficas. Bien se puede promover el cultivo de plantaciones de especies diversas, de rotaciones diferentes que mezclen coníferas con latifoliadas, usando especies nativas e introducidas o exóticas..
  6. Las plantaciones deberían ser establecidas en paños discontinuos que no monotonicen el paisaje. La tendencia actual es que estas se hagan por parches o en rodales pequeños tipo mosaicos, dispersos y rodeados de coberturas de bosques nativos.
  7. Toda plantación sobre 200 ha continuas debería someterse al sistema de evaluación de impacto ambiental. Ya sea como estudio o como declaración, se deberían contemplar medidas de mitigación diversas.
  8. El Estado debería orientar respecto de qué especies utilizar en qué zona ya que la presencia de plagas hace inviable ciertos cultivos puesto que están destinados al fracaso. Junto a ello, se debería promocionar el cultivo con especies resistentes a las numerosas plagas forestales que hoy posee nuestro país.
  9. Todas las plantaciones deberían estar certificadas con sellos de Manejo Forestal Responsable. Puesto que existen sellos internacionales que aseguran un buen comportamiento, estos deberían constituir el piso sobre el cual la silvicultura chilena debería desarrollarse en el futuro.
Fotografía @mimicavalerie_photo

Las plantaciones forestales son un componente ineludible de toda política forestal de Estado. Es sobre las plantaciones forestales productoras de fibra que se basa la producción industrial forestal chilena. Estas fueron financiadas por más de medio siglo por el Estado a modo de asegurar la base industrial. Esto, ya no es necesario continuar haciéndolo. Los recursos estatales deben ser utilizados en fomentar el manejo del bosque nativo chileno, que posee una extensión de más de 3 veces lo que cubren las plantaciones. Que el Estado de Chile no reoriente su política respecto de las plantaciones, sólo significará que dejará escapar una oportunidad preciosa. La oportunidad de aplicar una política pública normativa como la que se está proponiendo, puede ser la diferencia entre poseer o no poseer en el futuro una base industrial forestal desarrollada. No se trata de otorgar a las plantaciones carta de ciudadanía ya que existen hace más de 80 años de manera extensiva en Chile. En todo el mundo los bosques naturales o nativos, los ecosistemas forestales de todo tipo, coexisten con las plantaciones porque poseen objetivos silvícolas diferentes. No normar las plantaciones forestales futuras equivale a aceptar que no sólo no se podrá desarrollar esta cohabitación, sino que se tenderá hacia una pauperización de la actividad forestal. Corresponde, en consecuencia, aplicar una legislación clara, una reglamentación pareja, con criterios similares en los diferentes territorios a modo de ordenar la actividad y la calidad de las futuras plantaciones forestales llamadas de segunda generación en nuestro país.

[1] jmorales.gamboni@gmail.com

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