La ciudadanía debe estar altamente participativa y comprometida con el proceso constituyente.

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De silencio y acción

Andrés Cruz Carrasco

Abogado. Doctor en Derecho (Universidad de Salamanca). Magister en Filosofía moral (Universidad de Concepción). Magister en Ciencias Políticas, Seguridad y defensa (ANEPE). Máster en Política Criminal (Universidad de Salamanca).

Hay estímulos, porque tenemos la capacidad de sentir. Más entendemos en la pasividad. A diferencia de una cámara de filmar que registra los acontecimientos sin consecuencias, a nosotros nos pasan cosas cuando experimentamos y observamos. En la pasividad podemos sentir que vivimos. La tecnología puede permitirnos grabar, reproducir, almacenar, procesar, multiplicar exponencialmente las operaciones, pero una máquina o un algoritmo no pueden sentir. Tal vez puedan llegar a simular un sentimiento, pero no lo viven.

El silencio contribuye en momentos de mucha agitación externa, de confusión, de desesperación, para reordenarnos y sacar provecho del caos. No es sucumbir ante el exceso de ruido o la pereza, es un repliegue temporal de preparación para actuar. La determinación para ponerse en movimiento precede a la conducta y hace posible su focalización hacia el objetivo. De allí que es en el silencio que nos abrimos para su consecuencia posterior que es el hacer. Este repliegue en el silencio hacia el sentir nos permite aceptar la alteridad: el otro y el mundo a nuestro alrededor. Nos permite observar y escuchar, aceptarnos y aceptar a este otro como parte de nosotros, rompiendo con la inercia de la indiferencia y construyendo la empatía, para entender la diferencia y aceptar la diversidad, porque, como decía Montaigne: “él es él y yo soy yo”, pero en una relación centrífuga esencial para comprender el mundo. Josep Maria Esquirol señala: “Mientras que amar es contribuir a ensanchar el cielo, ser amado es sentirse visitado por el cielo”. Así la experiencia del mundo nos puede hacer asumir lo admirable y desbordante que es la existencia y todas las posibilidades que hay para transformarlo, en conjunto con otros. 

Seguir extasiado por el consumo, embobarse con la pura tecnocracia de los expertos, alienarse con paradigmas ideológicos trasnochados o perderse en las sombras de la venganza y el resentimiento, nos obstruyen y hacen que se desvanezca toda posibilidad de conmovernos y desarrollar la vida en comunidad.

La política no puede ser servil a quienes pretenden vaciarla de todo compromiso y de la responsabilidad de pedirlo todo sin ceder ni responder por nada. Será indispensable la mesura, luego de la embriaguez por triunfo y las vanas y efímeras alabanzas, aprovechando el transcurso de la resaca para estar en silencio. Son tiempos para ser prudentes y pacientes. No sabemos qué ocurrirá ni como, pero si podemos en el silencio previo ocuparnos de lo imprevisible, para que el descuido no se vengue de nosotros posteriormente y para no hacer padecer a nuestros descendientes.

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