
PINTAR EL AMOR
Desde Castelar, Argentina
PINTAR EL AMOR
Estaba la tarde tan especial.
Acaso una languidez se esparcía por el ambiente.
Haciendo que todo fuera un poco desdibujado y de un extraño color,
ni gris ni celeste.
Con sugerentes esfumados ambarinos.
Todo distinto.
Demasiado distinto.
Casi como impulsando también a concebir planes no pensados pero posibles.
Miré a mi alrededor
Nada nuevo.
Sin embargo, no sé, … en el ambiente se respiraba delirio.
Salí del taller.
Camino al encuentro de mi taza de té
escuché el final de una canción de amor.
Me detuve.
Confieso que confusa.
Era una canción que me traía muchos recuerdos y
no eran precisamente alegres.
Entonces fue como si estallara un acorde brillante y potente
cuyo sonido se prolongaba en la casa,
en mis sentidos.
Con la taza de té en las manos fui directo a la mesa de trabajo.
Preparé todo.
Fui a mi amigo el aparato de música, seleccioné los de mi profundo placer,
y sin más comencé.
Pintar el AMOR.
Como si se pudiera.
No recurriría a lo tradicional el hombre y la mujer físicamente expuestos.
Nooo.
Sí, esas dos almas sumidas en los profundos dédalos de sus espíritus.
De la lejanía o la cercanía.
De las palabras a medias.
De los silencios.
De las esperas.
De la gran incógnita que es el Amor y como se manifiesta.
Loca tarea.
Cerré por un momento los ojos.
Al abrirlos estaba allí mirándome indescifrable, pero estaba.
Estaba frente a la tela blanca,
blanca de toda blancura,
con la paleta silenciosa muda
de todo color, a la espera.
Pensaba pintar el amor
y con presteza fui volcando
en la madera
los pigmentos que mi ansiedad
decidiera.
Separados,
dando espacio a la mezcla,
con pincel o rodillo,
lo que surgiera.
Entonces al levantar la mano,
un escalofrío recorrió mi cuerpo
ante el recuerdo
de un adiós imaginado.
Con premura,
queriendo ganarle al tiempo
cruzaron el espacio,
los rojos, los verdes turquesa,
naranjas y titilantes amarillos
yuxtapuestos, hermanados
en el delirio.
Jugaban en la superficie
demente, alborozada ronda
de trazos dolidos.
Ya casi al final
sin saber por qué
el blanco cargado en el pincel
fui marcando huesudos brazos
y manos.
Con lacerante dolor los quité,
me hablaban de muerte
y no de desafiante vida.
Prefiero presentir que jamás
diré ese…adiós…imaginado.
No está en la pintura lo que tu creáis …
Deberás buscar mucho para encontrarlo.
***

Gladys Semillán Villanueva
Argentina.
Julio 2025
D.R.A.







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