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Política y ciencia

Sofía Valenzuela Aguila

Doctora en Bio-química. Investigadora Centro de Biotecnología. Universidad de Concepción.

En estas próximas semanas se dará inicio a una maratón de elecciones, entre gobernadores, alcaldes, concejales y presidenciales. Vemos que (re)aparecen candidatos/as postulando a cargos que requieren de ideas y programas sólidos, si bien a veces parece una carrera por popularidad y no por propuestas. Si me permito aportar con algunas ideas programáticas base para todos, diría que la ciencia y la generación de conocimiento debiesen tener un rol relevante para dar solución a problemas locales con mirada global, a los que nos veremos enfrentados en el incierto futuro del cambio climático y el mundo post pandemia.

El primero, a la política le haría muy bien basarse en evidencia, necesitamos mejores decisiones en ámbitos que simplemente no deben dejarse al único arbitrio de intereses económicos, o particulares, en desmedro del bien común. Por ejemplo, en tiempos de pandemia, los países con un fuerte sistema científico y en particular de salud pública, estuvieron mejor preparados para afrontar los impactos del virus. Pero no solo contingencia, la evidencia nos sirve para enfrentar un reto tan devastador como la sequía que nos azota desde hace una década, o por enseñarnos los beneficios que nos trae conservar nuestra biodiversidad, también para la economía por cierto, generar energía renovable, transformar nuestra visión de la producción de bienes de consumo y por supuesto en ámbitos de educación, salud y pensiones, la ciencia tiene mucho que aportar.

A nivel regional, o local, nuestros/as líderes/as podrían colaborar y nutrirse del conocimiento generado en las universidades, en los centros de investigación, o trabajar con investigadores/as que los pongan al tanto de lo más reciente que se ha descubierto sobre los temas de interés para su comunidad. Con trabajo colaborativo podremos optar a integrar conocimiento que nos permita tener procesos limpios y sustentables, crear empresas de base tecnológica, generar más y mejores empleos.

Un tercer eje es la comunicación de la ciencia y la generación de pensamiento crítico. La pandemia nos ha enseñado mucho (y aún nos falta mucho por aprender), pero la comunicación de riesgo de parte de las autoridades debe basarse en evidencia sólida, ser transparente y efectiva a la sociedad. Aprender a comunicar la ciencia a la sociedad hoy en día es crítico, en especial con la rápida proliferación de noticias falsas a través de redes sociales y la necesidad de contar con herramientas para separar la información basura de la que realmente nos sirve.

Un punto que no puedo dejar de mencionar es la equidad e inclusión en ciencia, en especial en áreas STEM. Remarcar desde la educación parvularia que las niñas tienen tan o mejores capacidades que los hombres para las matemáticas, física, química, biología y que pueden cambiar el mundo si se lo proponen. Pero también es relevante que tengamos a más mujeres en cargos de toma de decisiones, en directorios y que sean incluidas en actividades públicas y su voz sea escuchada de igual manera que sus pares hombres.

Para que la ciencia avance necesita años de investigación, la política se maneja en otros tiempos, pero un diálogo continuo sería tanto rupturista como visionario, además de beneficioso para el debate sobre el futuro que nos propondrán los candidatos y candidatas en el próximo calendario eleccionario.

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