Urgente, la humanidad merece y necesita vivir mejor!
Indispensable y, tambien urgente, cambiar el modelo de desarrollo ultra capitalista por una más integralmente humano y solidario!!!
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PRIMERA DOSIS

Especial para La Ventana Ciudadana
Desde Madrid, España

Ya me pusieron la primera dosis de la vacuna. Es del laboratorio Pfizer. El día anterior, desde el Centro de Salud que me corresponde en el barrio de La Latina (Madrid), me habían citado telefónicamente. Me preguntaron si había tenido algún problema de salud, si había tenido fiebre en los últimos días, dolor de cabeza, musculares, etc. Y ante mi negativa a todo eso, me citaron para una hora muy determinada.

El miércoles acudí a la cita y me acompañó mi esposa, porque aquí se permite un acompañante. Tras presentar la tarjeta sanitaria que debemos tener todos los ciudadanos españoles y el correspondiente carnet de identidad, nos hicieron pasar a una sala de espera. Todos los que nos íbamos a vacunar, del rango de los 70 a 79 años, estamos en el proceso de vacunación. Así es que todos nos mirábamos con cierta comprensión y solidaridad. Unos más nerviosos que otros.

Después de no más de cinco minutos, uno de los auxiliares de enfermería se paró al centro de la sala y nos entregó una rápida información: vacuna Pfizer, primera dosis. La segunda es colocada dentro de casi un mes, en el mismo sitio y a la misma hora. Nos entregan un papel con nuestros datos y con los del tipo de vacuna y de la enfermera que la inocula, y de la próxima cita. Consideran que esa información es suficiente y no nos van a volver a convocar telefónicamente para la segunda dosis.

Nos hacen pasar a una habitación relativamente pequeña, donde nos espera una enfermera. “Hola”, le digo con una sonrisa. Me fijo en su bata y en ella pone su nombre. “Hola, Anita”, la vuelvo a saludar, como un recurso para dar salida a un pequeño nerviosismo oculto… “¿Chileno?”, me dice con una cara de anhelante respuesta afirmativa. “Siii…¿por el acento?”, le contesto.  “Mi marido es chileno. Yo estuve viviendo en Rancagua y todos me llamaban Anita, como un diminutivo cariñoso”, me respondió con una sonrisa muy ancha y bonita.

El diálogo continuó mientras yo me sacaba la camisa y ella preparaba la jeringuilla. Mi esposa observaba callada y sorprendida.  No terminamos la animada conversación hasta que ella nos indicó que debíamos pasar a otra sala de espera, donde debíamos permanecer unos veinte minutos, por si se producía alguna reacción alérgica.  Confieso que no sentí absolutamente nada.

Regreso a casa conversando con mi esposa y ella, que es española, pero que me acompañó diez años de preciosa aventura en Chillán y obtuvo la nacionalidad chilena, no dejaba de manifestar su asombro. Los chilenos, naturales o de adopción,  nos reconocemos estemos donde estemos y en la circunstancia que sea.

Por cierto, no tengo ningún malestar producto de la vacuna. Sé que a algunos les ha producido un leve dolor en el brazo, a otros un dolor de cabeza, incluso unas décimas de fiebre. Pero nada más.

Por lo mismo, escribo esto pensando en la gente y recomendando la vacunación. Cuento mi propia experiencia, porque la entiendo como una acción solidaria…Con uno mismo y con los demás.

En definitiva, debemos cuidarnos, debemos combatir entre todos al virus maldito, y hacerlo con todas las armas. Además, con la decisión que nos impone la responsabilidad social.

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