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Referéndum en Perú: el cementerio de los políticos.

Rafael Luis Gumucio Rivas

Profesor de Historia. Ex director Instituto de historia Universidad Católica de Valparaíso.

A diferencia del presidencialismo puro, como en Chile, en la Constitución peruana, aprobada en el gobierno de Alberto Fujimori, existen ciertas incrustaciones de parlamentarismo como el “voto de confianza” al Gabinete que, de ser negativo en dos ocasiones, permite al Presidente disolver el Parlamento; en Perú existe un Jefe de Gabinete que no tiene el poder, como tampoco las funciones como en el parlamentarismo, pero se diferencia en mayor grado de la monarquía absoluta presidencial chilena.

La alianza Fujimorismo-APRA –vigente actualmente– ha permitido boicotear el aparente débil gobierno de Martín Vizcarra (que reemplazó al renunciado PPK), quien no tiene partido político, pero en el combate contra el Congreso supo ganarse, con mucha demagogia al pueblo incitando sus pasiones antiparlamentarias.

En democracia lo que importa es el apellido y no el nombre, es decir, es diferente la democracia participativa y el equilibrio de poderes que la democracia plebiscitaria. En la crisis de representación política los ciudadanos se sienten manipulados y marginados, pues su poder se limita a elegir candidatos previamente designados en las convenciones de los partidos o, en la mayoría de los casos, por los poderes fácticos; en el caso de la democracia representativa el llamar “soberano” al pueblo no corresponde a la realidad.

El contrario a la representativa es la democracia directa, cuya expresión más radical es la llamada plebiscitaria, un muy buen instrumento utilizado por los tiranos (Mussolini, Hitler…).

Es evidente que la democracia directa no es incompatible con la representativa: es lógico que junto con la representación existen instancias de participación y consulta directa al pueblo, (plebiscitos, referendos, revocación de mandatos e iniciativa popular de ley.

En Chile carecemos de la mayoría de esos instrumentos, razón por la cual la democracia chilena es la más autoritaria de la zona; la antítesis es la uruguaya, un modelo de aplicación de democracia representativa con métodos de democracia directa.

La Constitución peruana tiene vías distintas de reforma: en primer lugar, el Parlamento requiere dos tercios para llevarla a cabo, y debe ser aprobada en dos períodos sucesivos, pero existe salida –en Chile no existe– que es el referéndum vinculante que exige la firma del 10% de los electores inscritos en los respectivos Registros, es decir, dos millones de 20 millones de ciudadanos inscritos. El Presidente de la República, por su parte, también puede llamar a plebiscito con acuerdo de la mayoría del Congreso, sobre la base de proyectos elaborados por esta institución.

El Presidente Vizcarra, en el reciente referéndum, propuso cuatro temas a consultar a los ciudadanos: el primero, el reemplazo del Consejo Nacional de la Magistratura por la Junta Nacional de Justicia, (sabemos que el Consejo Nacional de la Magistratura estaba en manos de la mafia “los cuellos blancos del Puerto”, que se repartían los cargos, y se llamaban a sí mismos “hermanitos”; Ríos y César Hinestroza, hoy prófugo el segundo, estaba relacionado directamente con el narcotráfico). La Junta Nacional de Justicia tiene mayores exigencias para su ingreso y, además, privilegia el concurso y la meritocracia. El domingo 9 de diciembre, el electorado se pronunció en un 87,1% por SÍ y apenas un 12,9% por el NO.

La segunda pregunta se refiere al financiamiento de la política, suprimiendo los aportes privados, sobre todo el de las empresas, con el fin de evitar el lavado de dinero y la compensación por favores. Por el SÍ a controlar el financiamiento de la política, el 85%, y por el NO, el 15%.

La tercera pregunta propone la no reelección de los congresistas a dos períodos sucesivos; el voto de los ciudadanos fue el SÍ para la no reelección, por 85,2%, y por el NO el 14,8%.

La cuarta pregunta, la más importante de todas, dice relación con el parlamento bicameral. Quienes están en contra del parlamento bicameral llegaron a un 85,1% y los que están a favor de las dos Cámaras obtuvieron sólo el 14,9% de los votos.

La fórmula del Presidente Martín Vizcarra ganó en todas las preguntas: la propuesta del Presidente consistía en dar el SÍ a las tres primeras y el NO, a la cuarta, el bicameralismo. En el caso del bicameralismo las discrepancias entre Vizcarra y la mayoría de congresistas, APRA-Fujimorismo, fueron insalvables. El proyecto del Congreso proponía 150 diputados y 50 senadores, mientras que Vizcarra, 100 diputados y 30 senadores, (en este caso no se aumentaba ni un parlamentario más.)

También hubo discrepancias con respecto a la igualdad de género y la declaración de patrimonio e intereses previos a la asunción del cargo respectivo.

Lo más grave se refería al voto de confianza en que el Parlamento cercenaba la facultad del Ejecutivo. Al final, el triunfo del Presidente Vizcarra fue contundente, y el rechazo a la clase política fue radical.

Personalmente, encuentro funesto el bicameralismo, que tiene sentido en los países federales, pues da representación a los distintos Estados, Provincias o Gobernaciones, pero es inútil y sin sentido práctico en los países unitarios y centralizados. Por lo demás, históricamente el Senado siempre ha representado a las clases más retrógradas.

El Perú nos da un ejemplo de cómo reformar una Constitución autoritaria bastante pétrea, recurriendo al referéndum.

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