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La democracia en aprietos. ( I )

Que la democracia como sistema político vive en el mundo una etapa peligrosa, es algo que nadie puede discutir a esta altura de la vida. Cuando parecía que las cosas tendían a sanearse, tras la agonía y muerte de las cínicamente denominadas “democracias populares” (que no eran otra cosa que dictaduras camufladas), las amenazas surgen por todos lados y se expresan de diversas formas. Lo duro es reconocer que el régimen, que siempre lució con orgullo su afirmación de que era el único sistema perfectible, el que tenía la capacidad de renovarse y  de superar sus debilidades e imperfecciones, es también el que es capaz de incubar en su seno los gérmenes que llevan a su destrucción, curiosamente guardando  las formas y apariencias pero  vulnerando su esencia política y valórica.

Para un adecuado análisis, es bueno tratar de analizar el problema por partes para ir despejando el camino.

El primer punto, para partir por lo más fácil, es que aún subsisten democracias populares en el mundo. El caso extremo, lo constituye Corea del Norte, perdón, la “República Popular Democrática de Corea”,  ya que ese es su nombre oficial.

En África, la subsistencia de la democracia  es más aparente que real. En la cincuentena de naciones que forman este continente,  encontramos muchas que,  a sus debilidades cívicas e institucionales, suman un clima de fraccionamiento y beligerancia interna que constituye el paraíso de los traficantes de armas cuyo negocio tiene su origen en naciones “civilizadas” de Occidente. A ello se suma la escandalosa perpetuación en el poder de sus gobernantes muchos de ellos sostenidos y financiados por consorcios financieros internacionales que tienen el control de sus recursos (petróleo, diamantes, marfil). Casos a la vista: Teodoro Obiang, de Guinea Ecuatorial, y José Eduardo dos Santos, de Angola,  llevan 38 años en el poder; Idriss Déby, en el Chad, 37; Paul Biya, en Camerún, 35; Denis Sasson Nguesso, en Congo, 33; Yoweri Museveni, en Uganda, y el “rey” Mswati II, en Suazilandia, 31 años cada uno; Robert Mugabe, de Zimbabue, 30 años; Omar al Bashir, de Sudán, 28; Isaías Afwerkim, en Eritrea, 24. Unos más que otros se sustentan, no en su calidad de excelentes autoridades, sino en la represión armada y la corrupción, teniendo a sus pueblos sumidos en espantosa pobreza.

La gigantesca Asia constituye un mundo sorprendente. Junto a naciones que procuran mantener sistemas políticamente abiertos, con libertades políticas, con alternancia en el poder, como India, Japón, Corea del Sur, encontramos gigantes como China con total control  por parte de un “partido único”,  y casos patéticos como el de Filipinas con la dictadura populista y sangrienta de Rodrigo Duterte. En el Oriente Medio, Siria, Irán, Irak, Emiratos, y muchos otros, subsisten en medio de la guerra civil y el represivo integrismo religioso.

Para largo daría esta pasada de revista a las naciones del mundo. Europa  sale relativamente bien parada, con la excepción de Rusia y Turquía que muestran más que preocupantes signos de autoritarismo y conculcación de los derechos fundamentales.

En nuestro continente, tras la marejada de dictaduras militares de derecha que azotaron a los países situados al sur del Río Grande, pareció surgir una   ola de esperanza. Sin embargo, el panorama al día de hoy no parece ser muy auspícioso. Los Estados Unidos de Norteamérica, país autoproclamado como campeón de la democracia, viven una compleja situación. Su sistema institucional y político ha sobrepasado reiteradamente los límites de lo que pudiera considerarse básico en este terreno. Llama la atención a cualquier observador más  o menos atento,  que Donald Trump, el candidato popularmente derrotado ((ya que obtuvo alrededor de 3 millones de votos menos que su contendora Hillary Clinton), haya alcanzado el mando de la que indudablemente es hoy por hoy la nación más poderosa del planeta. Si bien este factor pudiera ser explicado por una tradición que se ha mantenido desde siempre, la forma en que Trump ha ejercido la función de gobierno se acerca más a una dictadura personalista y populista de  extrema derecha. En efecto, la conducción del Estado a través del mecanismo excepcional de las “órdenes ejecutivas” (usado abusiva y atrabiliariamente), su pretensión de imponer a sangre y fuego su visión ideológica de la sociedad, su vergonzoso nepotismo, su desprecio por las minorías ( que en su conjunto ya han superado esa calidad para transformarse en parte esencial de la sociedad estadounidense), su permanente ataque a  los medios de comunicación y las amenazas constantes a quienes discrepan y denuncian, su legitimación de la tortura, su desprecio por los tratados y políticas de convivencia propias de naciones civilizadas, terminan por configurar un oscuro y vergonzoso panorama.

Un poco más al sur, también es crítica la situación de Méjico. Enorme nación con un sistema democrático formal, este país se encuentra fuertemente capturado por el narcotráfico y la corrupción. Los sucesivos gobiernos del Partido Revolucionario Institucional y del PAN, han sido incapaces de abordar los problemas más agudos, los que se perpetúan en medio de un clima en que la violencia y la delincuencia forman parte de la vivencia cuotidiana y crímenes masivos permanecen en la más absoluta impunidad.

En la segunda parte de este comentario, pretendemos hacer un  diagnóstico  muy genérico acerca de la situación actual de los países de más al sur de nuestro continente. Lo consideramos indispensable, pues solo apreciando  en su justa medida la realidad que se vive será posible construir respuestas a los requerimientos y desafíos que tenemos por delante.

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1 Comentario en La democracia en aprietos. ( I )

  1. Una vez más, hemos aprendido una historia mundial. ¡Y de qué manera! Felicito al autor de tan magnífico recuento histórico politico, por darnos una gran oportunidad de realmente abrir los ojos, y poder ver la realidad, de lo que verdaderamente está ocurriendo en este planeta, donde los humanos, no solamente estamos provocando la desaparición masiva de faunas y especies sólo comparables con las peores debacles de organismos que la Tierra ha visto, sino que además, pretendemos auto-destruirnos, pensando que el poder lo es todo. Como pueden ver, en realidad La Democracia está en serios aprietos.

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