
¿Se viene la Tercera Guerra?
Al cumplirse un año desde la invasión rusa a Ucrania, la situación global derivada del conflicto tiende a empeorar.
La aventura emprendida por Vladimir Putin, y que a su juicio estaba destinada a tener un pronto éxito, se ha prolongado en el tiempo y no muestra visos de una pronta resolución.
Las complejas vicisitudes experimentadas por los países que renacieron tras el derrumbe del imperio soviético, crearon un nuevo cuadro político que no solo se ha mantenido dentro de ese ámbito sino que, por razones obvias, ha tenido efectos y consecuencias sobre las naciones de la Unión Europea.
Un análisis básico sobre las causas y motivaciones de la agresión, ha apuntado a ciertos afanes imperialistas del gobernante ruso haciendo presente que su pasado está marcado por su calidad de agente importante de la KGB, Comité para la Seguridad del Estado, policía política secreta y servicio de inteligencia bajo el régimen comunista. Se trataría, por consiguiente, de buscar la reconstrucción paulatina dela que fuera en su momento la segunda potencia mundial.
Por otra parte, Putin vería con preocupación la ampliación de la OTAN (Organización del Tratado del Atlántico Norte), alianza militar encabezada por los EE.UU., que busca ampliarse con la incorporación de Finlandia y Suecia y que sería vista con creciente simpatía por parte del gobierno ucraniano, con lo que prácticamente se cerraría un cerco a su alrededor.
Además, el gobernante ruso, que ha implantado un régimen que ha derivado de una autocracia en una dictadura, sin elecciones libres, sin libertad de expresión, con persecución de los opositores y disidentes políticos y con altos niveles de corrupción, ha pretendido expandir la esfera de influencia de su país mediante la consolidación de relaciones económicas y militares con los regímenes de Cuba y Venezuela y, paradojalmente, con el ahora derrotado Jair Bolsonaro.
La guerra ruso – ucraniana ya ha cobrado más de cien mil víctimas fatales, gran parte de ellas niños y civiles indefensos, dejando una estela de atropellos a los derechos humanos y de violación a los principios convencionales aplicables en tiempos de guerra.
Las sanciones económicas y financieras aplicadas por Occidente al país invasor lo han complicado en forma significativa y sus medidas de represalia (restricción de los suministros de gas y petróleo a Europa) no han tenido el efecto deseado toda vez que los países afectados adoptaron ya las medidas de emergencia indispensables.
El conflicto bélico amenaza con extenderse en el tiempo y las naciones occidentales, si bien no desean involucrarse directamente en este, han entendido que no pueden permitirse dejar caer a Ucrania pues ello implicaría dejar a Putin con las manos libres para acometer a otras naciones. La ayuda militar, expresada en armamentos livianos, tanques y, eventualmente, aviones de guerra, generará un mayor equilibrio entre los contendientes y elevará, por lado y lado, los niveles de la confrontación.
Si el régimen ruso tuviera una democracia amplia, es muy probable que la oposición ya le habría enrostrado que la invasión fue un error y que su costo será inconmensurable tanto en lo interno como en la imagen de la nación hacia el exterior.
Pero ¿existe alguna vía de salida?
En circunstancias normales, la propia Organización de las Naciones Unidas habría promovido un camino que paralizara las acciones militares de ambas partes pero toda intentona en este aspecto, como está quedando demostrado, es inviable precisamente porque el país agresor forma parte del Consejo de Seguridad del organismo y ejercerá, cuantas veces sea necesario, su derecho de veto.
Por fuera de la “legalidad internacional” es imposible trabajar en la construcción de acuerdos mínimos toda vez que no existe confianza alguna en cuanto a que Rusia cumpla los acuerdos que pudieran pactarse.
Los analistas han señalado que un conflicto de esta naturaleza, tal como está planteado, solo puede terminar con la derrota de una de las partes y, como ya lo señalamos anteriormente, ni Europa ni Occidente en general, están disponibles para dejar caer a Ucrania.
Cuando entramos al año 2, la visión tiende a ser más bien pesimista. Si se parte del supuesto de que ni la OTAN ni la misma Rusia (partes que cuentan con el arsenal nuclear más amplio del mundo) están dispuestas a radicalizar ni a expandir el conflicto, lo más probable es que este permanezca en el tiempo tal como lo fueron las guerras de Corea y Vietnam.
En buenas cuentas, si políticamente no hay disposición para la paz es posible que esta guerra, como tantas otras, se transforme en una enfermedad incurable.







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