«La violencia debe ser desterrada de la vida nacional… esto no se resuelve con respuestas técnicas, burocráticas ni policiales por sí solas, todas las expresiones de violencia que vivimos, tienen un origen político, social, cultural , sociológico y, sus respuestas pasan por propuestas que apunten a  cambios culturales, cambios conductuales y planes integrales de salud mental para la ciudadanía. Los profesionales del área, las universidades, las instituciones todas y el estado deben hacerse cargo del tema, con autocrítica y real compromiso con el tema.»

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TODOS ESTAMOS PREOCUPADOS

Miguel Ángel San Martín

Periodista. Especial para La Ventana Ciudadana, desde Madrid, España.

Los 16 Gobernadores Regionales de Chile han emitido una declaración pública, en la cual manifiestan su profunda preocupación por la situación que estamos viviendo en materia de violencia en nuestro país. Dicen en su documento “observamos con máxima preocupación la extensión de la cultura de la violencia en las distintas áreas del quehacer humano en nuestro país”.

          Luego, señalan lo que todos estamos comprobando cotidianamente: “vemos a diario la manera en que niños, niñas, jóvenes, adultos, personas mayores y familias completas se ven expuestas a acciones que ponen en riesgo su integridad, muchas veces en la más absoluta indefensión y desprotección de parte de la autoridad”.

          Todo eso es verdad. Estamos compartiendo absolutamente todas las razones sobre el tema que les preocupa a las autoridades regionales. Y más aún, estamos dispuestos a apoyarles en la búsqueda de las soluciones. Porque comprendemos que esa “cultura de la violencia” no debe continuar desarrollándose en nuestra sociedad.

          No sólo en la acción de la delincuencia, con una violencia inusitada, sino también otros aspectos de nuestra vida cotidiana. Por lo mismo, seguiremos afirmando que “La violencia genera más violencia”. Entendemos que la confrontación violenta no es ninguna solución. Por el contrario, la consideramos una derrota de la inteligencia. Confrontar ideas, oponer razones, incluso discutirlas, eso es lo positivo. Porque del diálogo surge la luz, del contraponer ideas, las mejora. Porque se detectan errores para corregirlos, porque surgen nuevas formas vistas desde otros ángulos, porque entre muchos podemos construir un todo mejor, más unánime, más razonable.

          Salir a la calle a protestar es una forma de exigir un derecho, porque entendemos que esa movilización se debe a que no se han escuchado nuestras razones. Pero, si en esas manifestaciones se nos meten individuos que protagonizan hechos violentos indiscriminados, como si fueran parte de nuestras exigencias, nos están haciendo daño porque eso nos desperfila, nos distorsiona lo que queremos, nos cambian nuestros anhelos por otros que no compartimos.

Buscamos argumentos sólidos y los ponemos a disposición del diálogo constructivo. En el consenso está la solución inteligente, es subir la escalera de la vida por los peldaños adecuados, sin tropiezos, sin fracasos, sin exclusiones arbitrarias.

          Los Gobernadores Regionales señalan en su declaración que también “hay violencia en los colegios, en los consultorios, en las comisarías, en zonas de protección ambiental, en los espacios de decisión política, en los medios de comunicación”.  Y entendemos eso como un nuevo hábito que va apareciendo en nuestra convivencia social, como si fuera una costumbre que surge  imparable. Ante esto, buscamos explicaciones. Muchos psicólogos y expertos en estos temas afirman que la pandemia que nos está afectando desde hace dos años, es la responsable del cambio de nuestra cultura ciudadana. Y eso tiene lógica, porque estamos alterados ya nos vemos obligados a convivir con un virus que es peligroso, que ha sido letal masivamente y que ahora logramos controlar a medias con una vacuna.

          Días de encierro obligatorio, de adaptación a nuevas normas de conducta social para evitar los contagios, restricciones diversas, nuevos hábitos de aseo y de convivencia social, nos llevan a un estado de crisis psicológica. Pero debemos tener la certeza de que podemos enfrentarla, que podemos superarla, porque somos seres inteligentes. Debemos darnos cuenta de que asumimos nuevas responsabilidades, mucho más allá de la individualidad. Debemos ser responsables sociales y ampliar nuestros horizontes de solidaridad.

          Cada cual debe asumir su propia obligación de cuidarse, establecer nuevas normas personales de conducta y transformar su acción individual en colectiva.  Lo que nosotros practicamos en nuestra convivencia familiar, debemos aplicarlo también en la acción común de cada día. Sí, debemos cuidarnos nosotros, hacer lo mismo con nuestro entorno personal, pero también es necesario hacer lo mismo con nuestros vecinos, con el conjunto de la sociedad. Esa es la responsabilidad que nos asiste y esa es la actitud que debemos aprender a practicarla.

          Recordar, en consecuencia, que si nuestras autoridades regionales están preocupadas, nosotros debemos asumir también la misma preocupación. Porque entre todos debemos buscar las soluciones ya que los problemas de la violencia nos afectan a todos por igual.

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