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UNA PINTURA MURAL DE PEDRO LIRA: del hospital psiquiátrico a la vicaría castrense

Claudio Cortés López

Restaurador y conservador de obras de arte. Académico del Magíster en Intervención Patrimonial MIPA y del Departamento de Diseño Escuela de Postgrado, Facultad de Arquitectura y Urbanismo, Universidad de Chile.

Pedro Lira (1845-1912), uno de los más importantes pintores académicos chilenos, realizó en 1906 una pintura mural sobre el ábside de una iglesia ubicada al interior del hospital psiquiátrico de Santiago. Esta pintura la realizó al óleo sobre la tabiquería de yeso que daba forma al ábside de este recinto religioso, titulando el mural como “Cristo sanando a los enfermos”. La obra la presenta a varios personajes, hombres y mujeres, rodeando la figura principal de Cristo de pie.

Lamentablemente, el terremoto de 1985 dañó severamente a esta iglesia de estilo neogótico, condenándola a ser demolida, por el peligro de desmoronamiento que el recinto presentaba. Un suplemento de “El Mercurio,” de aquel año, publicó un reportaje titulado: “Se regala este mural” a lo cual se presentaron varios proyectos Tuve la suerte de adjudicarme este trabajo que implicaba retirar la pintura y ubicarla en el lugar que los mandantes determinaran. Lo primero fue establecer un diagnóstico riguroso del   estado   y la materialidad constructiva de la obra. Pedro  Lira pintó al óleo sobre un estuco de yeso con crin vegetal. Un dibujo realizado con grafito fue la primera tarea que realizó el insigne pintor. Sobre este dibujo pintó, siguiendo las técnicas académicas de la pintura, luces empastadas y sombras transparentes, distintas capas de color local, y una majestuosa presentación del claroscuro a lo que se suman las expresiones faciales de los personajes ambientados en un paisaje con palmeras,

La obra se encuentra firmada y fechada en 1906. El diagnóstico reveló la presencia de suciedad, como una gran capa de polución ambiental sobre el color, como también la presencia de grietas transversales filiformes. Una breve capa de oxidación amarillenta cubría la capa pictórica.

Mi preparación como restaurador de pintura de caballete y mural en el laboratorio del doctor Campos Larenas, institución que seguía las normas y preceptos del Instituto Central de Restauración de Roma, me permitió diseñar un procedimiento para retirarla del recinto que iba a ser demolido con prontitud. La naturaleza física del soporte: madera y yeso,   dispuesto en forma de arco para dar forma a un ábside, requirió la presencia de un equipo multidisciplinario a mi cargo. El proyecto diseñado por etapas llevó cinco meses a partir de abril de 1985.

La primera etapa fue la de proteger la capa de color  y la fisonomía del mural lo que se realizó con papel japónico y gasa hidrófila, adherida con coletta italiana, de concentración media.

La segunda tapa fue la de definir como se podría retirar todo el tabique curvo  en estado integral de siete metros de altura, y sin poner  en riesgo la pintura mural.Para ello se consideró su forma curva, el tamaño y un peso aproximado de 3.500 kilos. Retirar todo el tabique curvo pareció lo más apropiado dado a que retirar solo el estrato pictórico por medio del “strappo” u “stacco  massello”, que son las técnicas usadas para transportar murales, ponía en severo riesgo la obra pictórica. De acuerdo con ello, el diseño ahora va con un rumbo distinto: preparar un sistema que permita sacar completa la tabiquería sin que en ello se pierda ni un gramo de la obra.

 El diseño final para esta operación, consta de lo siguiente: proteger la superficie pictórica según criterios y recomendaciones del instituto Central de   Restauración de Roma. De acuerdo con estos criterios, la primera etapa ya se describió con antelación: adherir sobre la capa de color papel japónico y gasa hidrófila por bandas horizontales.

La tercera etapa consistió en inmovilizar por el frente  y por el reverso  toda la superficie curva de la tabiquería del ábside lo que se realizó por medio de dos diseños :el primero en madera por el frente  el cual copió con exactitud la curvatura cóncava de la cara del mural,

Para el contacto con la superficie pintada y ya protegida con gasa y papel japónico se agregó en la madera capas de esponja y fieltro de lana lo que proveyó una superficie amable

Para el reverso se diseñó una estructura metálica consistente en triangulaciones diversas  unidas por soldaduras al arco. Todo ese conjunto de madera y metal se unió por medio de hilos, y tuercas engolilladas por los bordes derecho e izquierdo sucesivamente, de arriba hacia abajo, asegurando así la estructura  para ser separada del conjunto  y ser transportada al lugar designado por los mandantes.

Terminada esta operación,  el conjunto de tabique y mural todo ello aprisionado por los sistemas antes señalados, se retiró del lugar por medio de una grúa la que depositó la obra sobre un tráiler con neumáticos para amortiguar los movimientos. Un domingo por la mañana se inició la partida del mural desde su lugar de origen a su emplazamiento definitivo en una iglesia neo románica ubicada en Providencia con Los Leones, lugar que se encontraba sin uso y abandonado y que sería  luego la vicaría castrense. Para ingresar y emplazar el mural en este lugar, hubo que abrir una muralla con un espacio en “V” invertida. Por ese espacio, ingresaron tres grúas: dos de horquilla y una Pesce  con pluma, las que llevaron el mural y su tabiquería al fondo   y lo ubicaron frente a  un ábside de concreto de la iglesia (antigua san Ramón) Ahí, se empotró en el suelo y se fijó con metal a la estructura de cadena del ábside. Una vez instalado en este lugar, se procedió a retirar la estructura de madera. Terminadas estas labores se procedió a la restauración de la pintura que consistió en levantar el barníz oxidado y amarillento antiguo. De esta forma el mural recobró el color del óleo con el cual el pintor Lira representó a Cristo sanando a los enfermos.

 La obra puede ser visitada por el público ya que el lugar se encuentra abierto en un horario diario para los fieles de Providencia que desean orar. De esta forma, colaboré a salvar esta importante obra del patrimonio pictórico nacional, y uno de los pocos murales religiosos realizado por un pintor chileno a comienzos del siglo XX.- El equipo que colaboró estuvo formado por Francisco Uranga, Sergio Rojo y Armando Puche, cada uno  especialista en su área de trabajo.

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