Sabiduría, un estado superior de conciencia, implica habilidades para poner en práctica los conocimientos adquiridos por los seres humanos.
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Sin Espacio para el Dolor

Pablo Palma Soza

Psicólogo Magíster en Psicología Social Docente Facultad de Ciencias Sociales y Humanidades Universidad Autónoma de Chile Sede Talca

Actualmente nos encontramos sumidos en una sociedad que como nunca en su historia ha generado una cantidad asombrosa de análisis de sí misma, la mayoría de la gente concuerda en que  mínimo esta vida es acelerada, no tenemos tiempo para nada y andamos apurados incluso en nuestros momentos de descanso o vacaciones. Todo es rápido y cuando nos cuestionamos porque es así, si es que lo hacemos nos decimos “las cosas son así ahora” es más menos el prototipo de respuesta que nos solemos dar. Es esta aceleración productiva mercantilista de la vida cotidiana que nos llevó a la posibilidad de un alto consumo de bienes, de poca durabilidad y en el caso que duraran, pronto “pasan de moda”, es por esto que debemos siempre estar cambiando nuestro celular, o nuestro auto, por modelos más actuales y acordes a quien somos o quien aspiramos a ser. En este orden de cosas cualquier motivo que nos desvíe de nuestro fin último, el producir se convierte en un problema, no tenemos tiempo para reunirnos con nuestros familiares o amigos, si es que logramos establecer una relación de pareja no pasamos tiempo con esa persona, si no logramos reunir con amigos todo el encuentro gira en torno a nuestra vida laboral o productiva, permeando nuestra vida toda, el ocio se cuantifica y mercantiliza, ¿Cuánto corres? ¿Te has superado? ¿Estás mejor que el mes pasado? Incluso el descanso no es para hacer actividades que enriquezcan la experiencia humana, como el vínculo con otros, el arte, la estética, el pensamiento, la ciencia o la religión sino que más bien son momentos de recuperación de energías para la próxima jornada productiva en un círculo vicioso interminable , en este ciclo interminable esperamos estar tirados en un sillón consumiendo un sinfín de estímulos multimediales que nos hagan sentir vivos pero que a la vez no nos signifiquen pensar en demasía, atracones de estimulación sin sentido solo para volver a producir infinitamente y llenarnos de cosas materiales que no necesitamos y de escaso tiempo para al menos usarlas.

Una de las cosas que ha quedado relegada en este infinito de sucesos sin importancia en nuestro día a día es el dolor, no nos permitimos y no se nos permite sentir dolor, y si lo sentimos tiene que ser por momentos acotados, individuales, solitarios y que no afecten el devenir de la producción. Existe todo un positivismo de querer ser feliz a toda costa sin siquiera pensar si es posible o que significa la felicidad, hay que ser optimistas y alegres, señal de un éxito y de un ser altamente productivo. Por tanto cuando sentimos dolor por pérdidas, sin sentidos en nuestras vbidas, por otro doliente, por la vida que llevamos  aparece todo un sistema diseñado para reencausar nuestras energías hacia una producción funcional y mercantil. Existen tratamientos “rápidos”, “medicamentos” que nos permiten no sentir dolor, causando en último término una sociedad que parece huir del dolor y por tanto temerle.

Esto nos lleva a ocultar el dolor a “tratarlo” a convencernos que no existe, responder que estamos bien en todo momento, convencernos y convencer al resto que no necesitamos nada más que a nosotros mismos, mostrando en nuestras redes sociales una imagen híper exitista donde  todo lo que nos pasa es altamente positivo, planificado y deseable, porque en esta auto explotación  descrita por Byung-Chul Han producimos hasta que más no podemos, y cualquier otra cosa es una distracción.

El dolor se esconde se ignora, se acumula y nos enferma mental y físicamente, no somos capaces de reconocerlo, no somos capaces de pedir ayuda, lloramos sin saber porque , no podemos dormir y consumimos sustancias que nos hagan olvidar, nos consolamos en  que todo el mundo está en la misma situación auto engañándonos hasta que en algunos casos es demasiado tarde , Depresión, estrés ,ansiedades, suicidio en algunos casos son las graves consecuencias de ignorar los necesarios y pertinentes espacios para el dolor para contemplar nuestra vida, para parar y ralentizar nuestra incansable búsqueda de  recompensa monetaria.

Si vemos nuestro pasado como especie veremos que siempre hemos tenido espacio para el dolor, necesario para sanar y aprender, pero cada vez más acorralado en términos del tiempo que tenemos, ¿Qué pasa si lloro con mis seres queridos? ¿Me acogerán? No lo sabemos, así que lloramos solos, en un baño y ocultamos el dolor si es que logramos conectarnos con él,  antes que se transforme en frustración y por ende rabia.

La falta de poder acceder y expresar la emocionalidad lleva a acumular todo lo que se supone nos hace ver débiles ante el resto, poco “positivos” con mala “actitud” como si el sufrimiento por padeceres propios de la vida fuera culpa de nosotros y que la falta estaría en no poder controlar ese malestar. Entonces surge la enfermedad derivada de la no expresión y acogida del dolor y nos enfermamos, nuestra salud mental se ve fuertemente resentida y rápidamente somos culpados por lo ocurrido y medicados para poder hacer frente a lo que se supone es nuestro imperativo de producción sin fin.

La alerta está hecha sobre lo peligroso para nuestra integridad y por ende nuestra vida por la falta de espacios para sufrir como debiera ser permitido para cualquier ser humano, ese espacio recuperarlo socialmente será muy difícil pues implica un cambio de como convivimos en sociedad y nuevos acuerdos de interacción personal.

Sin embargo podemos hacer cambios en nuestro micro ambiente, en nuestras vidas , con nuestros seres queridos , en nuestros puestos de trabajo, relevando la importancia del dolor como expresión genuina de lo que nos hace humanos y como  un derecho  humano irrenunciable, que merece reconocimiento, espacio y acogida no solo en ambientes profesionales de salud altamente estructurados e instrumentalizados sino que también en ambientes familiares, laborales y de convivencia social sin prejuiciar al doliente y sin atribuirle características negativas por el solo hecho de estar sufriendo, recuperemos lo que nos hace humanos a partir de reconocer lo que es tan propio de nosotros mimos, démonos el permiso y creemos los espacios.

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1 Comentario en Sin Espacio para el Dolor

  1. Muchas gracias Pablo por su artículo, deja pensando. Muy cierto lo que nos comparte especialmente en estos tiempos que hemos tenido que adecuarnos a una vida distinta, a un trabajo solitario en que muchas veces nos invade la tristeza y el dolor.

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